Mónica Gutiérrez, en su explotación de Tornadizos
Mónica Gutiérrez, en su explotación de Tornadizos - ABC
CAMPO

«Es una desesperación total; así no podemos convivir y nos vamos a tener que ir»

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Mónica Gutiérrez regenta junto con sus dos hermanos dos explotaciones de ganado vacuno extensivo con 280 cabezas, una en Tornadizos (Ávila) y otra en El Espinar (Segovia). El año no está siendo precisamente fácil para esta familia que ya ha sufrido doce ataques de lobos en lo que va de año, con el resultado de once animales muertos (nueve de ellos en la finca abulense) y uno herido. Reconoce que las últimas semanas han sido algo más tranquilas porque «parece que los forestales los tienen un poco más controlados». Y es que, según asegura la joven abulense, «vemos a los lobos continuamente en la zona». Mónica se lamenta de que «la situación es desesperante; se les está yendo de las manos». Vive en un estado de continua preocupación porque «te acuestas cada día pensando qué estará pasando en el campo y qué te encontrarás a la mañana siguiente». Explica que las fincas en las que se encuentran las vacas y terneros están perfectamente delimitadas y valladas con alambre y piedras, pero los lobos pueden acceder con total libertad.

Esta ganadera abulense insiste en que la situación está descontrolada y son necesarias medidas inmediatas para limitar la superpoblación de lobos. «La Administración no puede mirar para otro lado», advierte. Añade que si al Norte se deja de cazar por decisión judicial, «las manadas van a ir bajando y aún será peor». «Así no podemos convivir y es muy triste pero nos vamos a tener que ir», se lamenta y pide que se reconozca la labor de los ganaderos para la supervivencia del medio rural.

El pasado año los daños producidos por el lobo en sus explotaciones alcanzaron los 10.000 euros «porque la Junta te paga una parte pero no otras pérdidas como pueden ser los abortos por el estrés que se genera al animal cuando hay un ataque». «No encontramos ni respuestas ni ayudas y la desesperación es total; se te cae el alma a los pies», asegura Mónica Gutiérrez para quien el día a día se ha convertido en un permanente estado de inquietud y, sobre todo, de incertidumbre porque tal y como están las cosas, «lobos y ganaderos así no podemos convivir».