Un intérprete, en un momento de la ópera «Yo, Claudio»
Un intérprete, en un momento de la ópera «Yo, Claudio» - ABC

«Yo, Claudio», de Robert Grapes, sube en Valladolid por primera vez a escena como ópera

El compositor Igor Escudero asume el «reto» de poner música y canto a las dos novelas del autor británico que fueron llevadas con éxito a la pequeña pantalla de la mano de la BBC en los años 70

El montaje, que se estrena en el Auditorio Miguel Delibes, girará por Mérida, Madrid, Bilbao y Zaragoza, entre otras plazas

ValladolidActualizado:

Cuando el compositor Igor Escudero propuso a Marta Eguilio, directora de escena, llevar al teatro la novela «Yo, Claudio», del británico Robert Graves, que tanto éxito había tenido años atrás al ser trasladada a la pequeña pantaña por la prestigiosa BBC, a ésta le pareció «una locura», y a la vez un reto extraordinario. Cinco años después de que el proyecto comenzara a fraguarse, el Auditorio Miguel Delibes acogerá, este sábado 1 de junio, el estreno absoluto de la adaptación de la famosa novela a la ópera.

Cerca de 60 personajes que se reparten un total de 16 cantantes, ocho de ellos principales, y más de 80 escenas son los números de la que Marta Eguilio considera «la más grande de las óperas dirigidas en España». Al menos así lo es para esta profesional formada en dirección escénica en Buenos Aires y que ha dirigido, entre otros, obras de Puccini, Viktor Ullmann, Poulen o Gluck.

A partir del libreto realizado por Pablo Gómez «bastante fiel» a las novelas de Roberto Graves, Igor Escudero concibe una ópera en tres capítulos que responden a los personajes de mayor trascendencia en cada uno de ellos: Livia, Calígula y Claudio el dios. Estos capítulos, aunque pensados como óperas independientes, están estructurados para representarse de forma consecutiva en una única sesión, por lo que el montaje se prolonga durante tres horas. Pese a su duración, Marta Eguilio cree que será un espectáculo que se le hará bastante ameno ya que considera que es «bastante agradecido» para el oído de una «persona de a pie», que no sea habitualmente melómano.

Con todo el trabajo ya hecho y deseando comprobar el «poso» que deja en el público, esta directora sigue considerando una «locura» haber podido resolver escénicamente un montaje que cambia cada minuto de escena y de ambiente. «Aunque hubiera sido una mega producción para el Teatro Real era algo inviable porque no se trataba de una película», señala. Así, para llevar a los escenarios 70 años de la historia de Roma, que abarcan desde Augusto (23 a.C.) hasta la muerte de Claudio (54 d.C.), la directora recurre a una puesta en escena que recoge los cambios del tiempo a partir de códigos de colores «que creo que a la gente le va a gustar porque va a entrar muy rápido».

La ópera, dice, tiene más de la novela que de la mini serie que se pudo ver en los 70: «Seguramente, la gente tiene en su mente la estética de aquella serie de la BBC y obviamente la ópera sigue unas líneas clásicas, pero no de manera literal. He utilizado tres colores para diseñar tanto el vestuario como la escenografía. La primera parte de la ópera, el vestuario es completamente negro; en la segunda, rojo y en la última parte, blanco. Y lo mismo ocurre con la escenografía», describe Marta, cuya idea dice que era llevarlo «a la estética del cine mudo» y jugar con esa «irrealidad» que es el hecho de que Claudio vaya narrando la historia de Roma como si fuese un cuento.

Tras su estreno en Valladolid acompañada orquestalmente por la Oscyl (Orquesta Sinfónica de Castilla y León), el montaje viajará al Teatro Romano de Mérida el próximo 8 de junio, y también tiene cerradas citas en el Auditorio Nacional de Madrid (14 de junio); en el Palacio de Euskalduna de Bilbao (21 de junio) y el Auditorio de Zaragoza (22 de junio).

Dice Marta Eguilio que le gustaría que el espectador se fuese del auditorio con «la sensación que te llevas después de acudir a un concierto de rock».