Exposición «Cazando imágenes. Fotografías de Francisco Ontañón para El libro de la caza menor de Miguel Delibes» en Valladolid
Exposición «Cazando imágenes. Fotografías de Francisco Ontañón para El libro de la caza menor de Miguel Delibes» en Valladolid - F. HERAS
MIGUEL DELIBES

El «cazador que escribe» hoy estaría «atónito»

Los hijos del autor recuerdan la pasión cinegética de su padre, quien nunca vio «incompatible» la caza con la conservación de la fauna

ValladolidActualizado:

«Amo la naturaleza porque soy un cazador. Soy un cazador porque amo la naturaleza. Son las dos cosas. Además, no sólo soy un cazador, soy proteccionista; miro con simpatía todo lo que sea proteger a las especies. Dicen que eso es contradictorio, pero si yo protejo las perdices tendré perdices para cazar en otoño. Si no las protejo me quedaré sin ellas, que es lo que nos está pasando. De manera que no hay ninguna contradicción. Por otra parte, yo no soy ningún cazador ciego, pendiente del morral o de la percha, sino que me gusta disfrutar del campo, ver amanecer, ponerse el sol, ver el rojo en las matas .... No mido la diversión ni el placer por el número de piezas». Son palabras pronunciadas hace ya muchos años por el escritor Miguel Delibes ante la disyuntiva entre actividad cinegética y conservación de la fauna que aun pasado el tiempo son de completa actualidad. Y es que aquel amante del mundo rural y de la práctica cinegética, aquel que prefería ser conocido como el «cazador que escribe» en vez de como el «escritor que caza», hoy estaría «atónito» ante la veda fijada como medida cautelar en su tierra, Castilla y León.

Así lo reconoce uno de sus hijos, Juan, quien explica cómo para su padre la caza era casi una «religión» y era practicante desde el «máximo respeto». «Recuerdo una vez siendo un niño que le echó una bronca a un cazador y no sabía por qué le reñía porque había cazado una codorniz con las patitas rojas. Luego, más adelante y con la edad aprendí que esa presunta codorniz era un pollo de perdiz que en esos momentos estaba prohibido cazar».

La figura del Miguel Delibes cazador forma parte del imaginario popular y de la historia de las letras. Ocho libros y dos trabajos menores abordan esta práctica desde distintas perspectivas: la motivación del acto cinegético, las normativas y las experiencias del autor, que le dio esta afición a uno de sus alter ego más conocidos, Lorenzo, el protagonista de «Diario de un cazador» (1955),por el que recibió el Premio Nacional de Literatura.

Para él era también una tradición familiar. Los domingos por la mañana eran tiempo de caza con cuadrillas de sus seres queridos. Procuraba estar siempre en «muy buena forma física» para aprovecharlo al máximo. «A lo mejor era capaz de andar siete u ocho horas. De niños, los hijos lo pasábamos fatal cuando a las cinco de la tarde estábamos muertos de cansancio, llegábamos al coche pensando que ya habíamos terminado y decía ‘nos vamos a la ladera’».

Hombres de campo

Aunque fuera agotador de inicio, parece que el gen cazador mandó en sus hijos varones. «De los cuatro, tres de ellos continuamos cazando y muchas veces juntos» y el cuarto les sigue acompañado a veces, «sin escopeta, pero con la cámara de fotos. Es científico, recoge datos del campo». Y es que, apunta Juan, «mi padre es a lo que nos enseñó, a ser hombres de campo, a interpretar la naturaleza. Nos daba igual salir con una caña para pescar o con los prismáticos para ver el nido del alimoche o el águila real».

Ahora, Delibes -fallecido en 2010- estaría «alucinado» con la prohibición que pesa sobre Castilla y León, a la que la Junta ha buscado remedio mediante una ley que tendrá que pasar por las Cortes a finales de mes. «Él era perfectamente consciente de que la caza que practicaba era sostenible. Nunca cazábamos mas de lo que debíamos y era amante de especies no cinegéticas. Disfrutaba viendo un águila real» y «sabía» que su afición era «compatible con la conservación y un recurso económico imprescindible para los pueblos de Castilla que a él le dolía tanto que se fueran despoblando y muriendo poco a poco».

Lo confirma su hija Elisa, que esta semana, precisamente en la inauguración de la exposición «Cazando imágenes. Fotografías de Francisco Ontañón para El libro de la caza menor de Miguel Delibes» en Valladolid, aseguró que su padre «no entendería nada» y «se hubiera vuelto loco» ante la orden de veda como medida cautelar. Él defendía que había que «regular» la actividad, pero «no habría sabido cómo se ha llegado a esta situación».

«Estaría tan atónito como la mayor parte de los cazadores nos hemos quedado», insiste Juan Delibes, biólogo y divulgador, que defiende como su padre una «caza racional y sostenible». «No somos tan brutos de acabar con nuestro propio recurso. La caza no es ninguna actividad peligrosa para el medio ambiente. Basta con cumplir las leyes para que sea compatible con la conservación», apunta. Delibes hijo también niega el «prototipo de caza de muchos detractores» de «señoritos ricos con puro y copa de brandy disparando a diestro y siniestro».

Entiende que Pacma, el partido animalista que ha llevado a los tribunales la regulación sobre caza en Castilla y León, cumple con «su papel de intentarlo por todos los medios», aunque a su juicio yerre. Pone como ejemplo el problema de la cabra montesa en Guadarrama, donde por su superpoblación «es probable que la mayoría mueran de sarna».

«Pacma ha impugnado casi todas las ordenes de vedas autonómicas y sólo en Castilla y León se le ha hecho caso. Abolir la caza acarrearía una situación insostenible», por la economía del medio rural, daños a la agricultura y riesgos de seguridad vial. Por ello ve muy «reconfortante» que «los principales partidos» -PP, PSOE y Cs- hayan pactado una ley con la que se pretende reconducir la veda.