¿Sabías que ya en 1520 había barco semanal entre la Península y Canarias?

En Gran Canaria o en La Gomera se cargaban los navíos de cereales, vino, cabras, vacas, gallinas y alimentos conservados en confitura o almíbar. En Tenerife, además de alimentos y bebida, madera para reparar barcos en destino

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

Las conexiones martímas entre la Península y Canarias son muy fluidas hasta el punto que a partir de noviembre Fred Olsen entra en el negocio de traslado de pasajeros ante Trasmediterránea y FRS. Es decir: tres operadores tanto para carga como para pasajeros.

Sin embargo, los servicios regulares no son nuevos. Datan de 1511 aunque de forma regular desde 1520. Ese tráfico comercial se generaba porque hubo una orden real de 1511 que autorizaba a los barcos que iban a América a abastecerse en Gran Canaria o La Gomera.

Y es que los dominios costeros canarios eran los últimos puertos castellanos antes de cruzar el Atlántico. Hacer escala en las islas era clave para adquirir productos e, incluso, vender pasajes a Nuevo Mundo. En 2018, las conexiones son Cádiz y Huelva.

Los primeros «turistas de negocios» de Canarias a América pagaban trasporte con comida incuida

El 25 de julio del año 1511 el rey Fernando ordenaba: «Proveed como todos los navíos que fueren a la Española carguen ganados, queso y azúcar en Canaria».

A juicio de Mariano Gambín, doctor en Historia e integrante del Instituto de Estudios Canarios en Tenerife, realmente, cargaban «otras muchas cosas» como «cereales, vino, conservas, ovejas, cabras, vacas, gallinas, cerdos, pescado, alimentos conservados en confitura o almíbar».

En 1515, por ejemplo, Díaz de Solís paró en Tenerife para hacerse con madera de pino de calidad para reparar buques en destino.

Los primeros «turistas de negocios»

Gambín subraya que esa presencia de ida se generaba también al regreso. «La frecuencia de las comunicaciones de Canarias con la Castilla peninsular era bastante alta». En 1520, por ejemplo, había barco cada ocho o diez días.

«Este conocimiento de la travesía influyó para que prácticamente todas las flotas que iba a Indias hicieran escala en alguna de las islas del archipiélago".

Los primeros pasajeros civiles que cruzaron el Atlántico desde Canarias comenzaron a hacerlo en aquellos años. Diego Rodríguez, que era maestre del barco Santo Antonio, aceptó dos pasajeros canarios a Santo Domingo por siete castellanos de oro. Estos primeros «turistas de negocios» de Canarias a América tenían derecho en la travesía de bebida y comida incluida en el precio. E goteo de viajeros era constante y como obviaban registrarse en Sevilla, apenas hay datos del censo que hizo esa movilidad exterior.