Imagen de archivo de una operación contra el yihadismo
Imagen de archivo de una operación contra el yihadismo - ABC

«Me siento desprotegida, pero creo que he salvado vidas»

Una testigo protegida en un caso de yihadismo denuncia el abandono institucional y pide cambiar de identidad y vida

MadridActualizado:

«Tu vida corre peligro. A partir de hoy dos policías irán donde tú vayas». Con ese anuncio cambió para siempre la vida de M., española con doble nacionalidad y madre de dos niños pequeños, que pasó a convertirse en testigo protegido en un caso de yihadismo. El juicio contra la persona a la que denunció se celebrará en los próximos meses pero ella lleva semanas angustiada y muerta de miedo, pese a los dos agentes que la protegen. Nadie sabe decirle cuánto durará esa protección ni qué ocurrirá después. Piensa en que el individuo al que denunció saldrá de la cárcel y no se le van de la cabeza las personas extrañas que se han presentado en su negocio mirándola de arriba a abajo.

«Si me quieren cortar el cuello, quién lo evitará. Saben quién soy y dónde vivo, conocen el colegio de mis hijos», se lamenta con un discurso sólido pese a la incertidumbre y el terror que le corre por las venas. «Me siento abandonada», dice. Dos semanas antes de que le anunciaran su condición de testigo protegido, M. descolgó el teléfono y marcó el número de un policía que guardaba por un robo sufrido tiempo atrás en su negocio. «Conozco a una persona, la conozco bien y tengo miedo de que vaya a hacer algo malo. Está muy radicalizado. Me ha enseñado vídeos e imágenes...». El agente, ajeno a la investigación de casos yihadistas, le pidió que se identificara y que esperara. «La llamarán», le aseguró.

En dos horas

Dos horas después, al otro lado de la línea un investigador de la Comisaría General de Información le hizo varias preguntas y al rato de colgar él y otros compañeros se presentaron en la dirección que ella les había dado. Hasta entonces solo había compartido con una amiga su inquietud por el individuo que en menos de cinco meses se dejó barba y ennegreció su discurso cada vez más hasta el día en que le mostró las imágenes de un atentado en el que habían muerto niños. Ella lo miró horrorizada y le recriminó:«¡Pero si son criaturas!».

«Me dijo que daba igual, que nadie pensaba en los niños de Siria». La trastienda de la historia es mucho más compleja y está sembrada de episodios relevantes que convencieron a la ahora testigo de que la intención de él era cometer un atentado. El hombre, cada vez más sumido en su discurso radical, dejó su trabajo porque «tenía que prepararse». Fue la última pista. Su odio a los homosexuales y la proximidad del Día del Orgullo Gay junto a una serie de hechos acabaron de decidir a la mujer.

Fue detenido como miembro de una célula yihadista y está en prisión. El atestado policial recoge que el atentado estaba «en vías de planificación». Al principio dos policías permanecían junto a ella las 24 horas; después, solo de día porque su vida se limita a trabajar de sol a sol y a cuidar de sus niños.

Ni un papel

La testigo está cansada. Ni siquiera tiene un papel en el que se acredite su condición de colaboradora de la Justicia. Nadie la ha instruido sobre el juicio. Uno de los policías que la protege le buscó ayuda en una trabajadora social.«No puede ser que tú hayas hecho lo que hiciste y que te dejen tirada», le dice. El fiscal la recibió tras la mediación de un abogado. «Usted, ¿qué quiere dinero?», le preguntó. Y ella respondió que no. Que quiere una nueva identidad, irse a otro lugar donde no puedan buscarla. Ha llamado a varias puertas, incluida la del Defensor del Pueblo, que en su memoria del año pasado abogaba por la necesidad de mejorar la protección. M. dice que lo volvería hacer, que no se arrepiente. «Creo que he salvado vidas y eso es lo único que importa». La Fiscalía de la Audiencia Nacional acaba de pedir a Interior que la proteja.