Vídeo: Se cumplen seis meses del atentado de Barcelona / Las Ramblas de Barcelona, el pasado agosto, minutos después del brutal atentado yihadista - EFE / ATLAS

El «procés» relega al olvido a las víctimas del atentado yihadista de Cataluña

Expertos y asociaciones lamentan que el duelo fuese rápido y superficial

BarcelonaActualizado:

El 17 de agosto Barcelona recibió de lleno el impacto del terrorismo yihadista con un atentado que causó 16 muertos y más de un centenar de heridos. Seis meses después, este trágico suceso que conmocionó España y despertó una inolvidable ola de solidaridad parece que ha quedado en el olvido, engullido sin piedad por la actualidad política catalana.

«La ciudadanía no ha pasado página», advierte Robert Manrique, expresidente de la asociación catalana de víctimas. «Se ha tapado el tema, cuando se debería haber hablado más del atentado», agrega Manrique, quien después de vivir en primera persona la matanza de ETA en el Hipercor de Barcelona en 1987 consagró su vida a ayudar y acompañar las víctimas que el terrorismo de todo tipo ha dejado en España.

«Parece que la política sirva para taparlo todo, y es una pena. Hay problemas más allá del proceso (independentista), pero parece que con eso se van tapando otras carencias según interesen a unos o a otros», agrega este hombre, que se reúne casi a diario con víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils (Tarragona) para darles apoyo y asesoramiento «mientras las administraciones miran hacia otro lado».

Fechas en rojo

¿Cómo se pudo olvidar tan rápido? Moussa Bourekba, politólogo vinculado al Barcelona Centre for Internacional Affairs (CIDOB), coincide con la visión de Manrique. «El debate que hubo fue muy corto, no ha sido profundo», alerta. Asimismo, este especialista en procesos de radicalización explica a ABC que se nota «de manera objetiva» que la agenda política catalana «eclipsó» los debates entorno a lo que pasó el 17 de agosto. No en vano, cuando los yihadistas arremetieron con su odio a los transeúntes de las Ramblas, el proceso independentista ya tenía marcado en rojo dos fechas: la manifestación de la Diada y el referéndum ilegal del 1-O.

Tras los atentados, el entonces presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se apresuró a descartar que la embestida terrorista pudiera afectar su «hoja de ruta» y criticó al Estado por -según él- restringir el flujo de dinero y de información a la Policía catalana por motivos políticos. Mediáticamente, el otoño político catalán pasó a centrar todo el interés.

A pesar de lo impactante del asunto, a Bourekba no le sorprende la actitud demostrada por los dirigentes políticos tras los atentados de agosto. «Por lo general, interesa a todo el mundo pasar página ante un evento así. Es un suceso que amenaza directamente a la seguridad y que puede tener un coste político extremadamente alto», abunda. El hecho de que únicamente seis de las 16 víctimas mortales fuesen españolas contribuyó también a difuminar el impacto de la tragedia.

Por su parte, Manrique alerta de que las secuelas causadas por atentados como los de agosto siguen supurando meses, o años, después. A pesar de ello, las muestras de apoyo institucional e incluso las llamadas de los técnicos que debían velar por el bienestar de las víctimas acabaron repentinamente cuando las imágenes de los atentados dejaron de reproducirse en bucle en todos los canales de televisión, denuncia. «En Cambrils hay gente que el día después del atentado no pudo ir a trabajar por el trauma y los echaron del trabajo ¿Quién se preocupó de ellos?», afirma.

Adiós al servicio de víctimas

Hasta 2012, Cataluña contaba con un Servicio de Información y Orientación a las Victimas del Terrorismo impulsado por el gobierno socialista de José Montilla. Sin embargo, no sobrevivió los recortes presupuestarios que aplicó Artur Mas cuando llegó a la Generalitat en 2012. «No hay intención de crear algo así ahora y eso es un error político. La atención a las víctimas habría sido mejor con un organismo de este tipo. Ahora nos tenemos que encontrar con las víctimas en un bar o en mi propia casa», lamenta Manrique, quien lideró este pequeño organismo público que vio recortado su presupuesto en un 95% antes de acabar enterrado por el gobierno de CiU.

La facilidad con la que se pasó el duelo también contribuyó a no que se abriese un debate social sobre las «razones» o causad que condujeron a los atentados, según Bourekba. «Debemos dar una respuesta social que aborde todas problemáticas conectadas con los atentados y sus autores», apunta este politólogo francés. Asimismo, recomienda huir del discurso «buenista» que impregnó la respuesta política a los atentados: «Hay que ir más allá del discurso de la convivencia y la diversidad para entender qué pasó».