Una fotografía de archivo de la exsecretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, en el Congreso - EFE / Vídeo: María Dolores de Cospedal, ascenso y caída

Perfil CospedalEl paso a un lado de la mano derecha de Rajoy para no enturbiar al nuevo PP

La ex secretaria general abandona la dirección del PP para que el escándalo ante «los ataques recibidos» por los audios con el excomisario

MadridActualizado:

Curtida en mil batallas bajo la bandera del Partido Popular, María Dolores de Cospedal se ha visto forzada hoy a abandonar el máximo órgano de dirección del PP por las polémicas grabaciones del excomisario Villarejo.

Así lo ha comunicado mediante una nota en la que asegura que no ha mentido «nunca» sobre sus encuentros con el excomisario ahora preso. Asimismo, Cospedal ha expresado que sus despachos con el expolicía los hizo pensando que era su «obligación» como secretaria general del partido, y ha insistido en que se están manipulando los audios para «ofrecer una imagen distorsionada de la realidad». Y, para que no afecte a la nueva dirección de Pablo Casado, la política ha decidido renunciar a su puesto del Comité Ejecutivo Nacional, aunque no a su escaño.

Los últimos meses en el partido tampoco han sido lo más afables para la exsecretaria general popular, que se vio obligada a dar una «enhorabuena» muy dolorosa a los dos vencedores de la primera vuelta de las primarias populares. Su tercer puesto supuso un doble fracaso: quedarse fuera de la decisiva votación de los compromisarios y asistir a la victoria de su principal adversaria, la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría –que luego perdió ante Casado–.

La secretaria general desde el congreso de Valencia de 2008 mostró su tarjeta de presentación para las primarias populares el día que anunció su candidatura, en un acto de partido en Toledo: «He dado la cara siempre, me la han partido varias veces, pero me he levantado». Desde ese momento, Cospedal intentó marcar así su principal diferencia con Sáenz de Santamaría. Ella fue la que defendió a su partido en pleno acoso por el caso Gürtel. Fue Cospedal quien dijo aquello de «indemnización en diferido» a Luis Bárcenas, para intentar justificar el prorrateo del finiquito del extesorero del PP durante 20 años años. Y fue ella quien volvió a dar la cara, y se la partió una vez más, cuando intentó justificar la destrucción de los discos duros de Génova o negó la existencia de la Caja B.

El pasado 19 de junio optó por dar la cara de nuevo, tras la marcha súbita de Rajoy, y unas horas después de que Alberto Núñez Feijóo anunciara que no se presentaría como candidato a la presidencia del partido. Visiblemente emocionada, Cospedal afirmó que quería liderar el PP para «ganar, ganar y ganar». No dijo que quería impedir que quien se pusiera al frente del partido fuera una de sus más íntimas rivales entre los populares, la exvicepresidenta del Gobierno, pero muchos intuyeron que era una razón de peso. Su relación con Sáenz de Santamaría no es que haya sido mala, es que ha sido inexistente, desde el punto de vista personal. En los dos años en los que han coincidido en el Gobierno tuvieron una colaboración tan fría como eficiente, con una fina profesionalidad. Más allá de eso, jamás se han ido juntas de cena, ni tienen por qué hacerlo, como dicen en los equipos de ambas.

Cospedal ha tenido que luchar, eso sí, con su identificación con una etapa del partido que forma parte del pasado, mientras se ofrecía para una nueva fase de renovación. Ahora, de aquella época, sólo le queda su escaño en el Congreso de los Diputados.