María Gombau y Gabriel Salvador Carvajal, acusados de matar a sus hijos - ABC

La madre de Godella: «No tengo nada de comer, han pasado muchas cosas»

Los padres de los dos bebés muertos, a prisión sin fianza como autores del doble asesinato

MadridActualizado:

María Gombau y Gabriel Salvador Carvajal, los padres de los niños asesinados el jueves en Godella (Valencia), permanecen ya ingresados en sendos módulos de enfermería de la cárcel de Picassent. En ambos casos se les ha aplicado el protocolo antisuicidio y cuentan con presos de apoyo, a la espera de que les examinen los expertos en Medicina Legal de la prisión. El juez de Primera Instancia e Instrucción número 4 de Paterna acordó ayer prisión sin fianza por el doble asesinato para la madre que se acogió a su derecho a no declarar, igual que había hecho la tarde anterior su pareja.

El magistrado se trasladó ayer junto con la fiscal y las dos abogadas a la unidad de psiquiatría del hospital de Liria donde Gombau había pasado las últimas horas. Menos de media hora después, la comitiva judicial salió del centro médico sin arrancarle una sola palabra a la detenida, que antes había dado versiones distintas. Cuando la Guardia Civil la encontró el jueves a la una de la tarde desnuda y escondida en un bidón a pocos metros de la casa donde vivían contó a los investigadores que había encontrado a Amiel (tres años y medio) e Ichel (cinco meses) muertos y los había enterrado, que su pareja le había dado una paliza y quería matarla, por eso huyó y se ocultó.

«¿Dónde están mis hijos?»

Pero antes de conducirlos hasta el lugar del enterramiento mantuvo durante horas que no sabía dónde estaban. «¿Dónde están mis hijos? Quiero verlos», repetía sin que algunos allegados que pudieron hablar con ella lograran convencerla de que les indicara el sitio en el que estaban.

Al psiquiatra que la examinó en el hospital le confesó, en cambio, que Dios le había ordenado que los matara. Habló del diablo y de la reencarnación, de persecuciones y de su pareja.

El padre de los niños ha mantenido que al despertarse el jueves por la mañana los pequeños no estaban y que su mujer le conto que los había matado para purificarlos y porque se iban a reencarnar. Dijo a los investigadores, en un discurso también inconexo y plagado de lagunas, que ella había arrojado a uno de los críos a la fosa séptica de la casa la tarde anterior. «No se preocupen, están los tres muertos», fueron sus palabras cuando la Guardia Civil se presentó a primera hora de la mañana en la vivienda.

Hasta el momento no se ha podido determinar qué papel tuvo cada uno, quién golpeó a las criaturas junto a la piscina hasta provocarles numerosas fracturas en el cráneo y si uno o los dos los enterraron a unos metros de la casa de Godella en mitad de un campo abandonado. El juez les imputa a ambos dos delitos de asesinato hasta que se logre acotar cómo sucedieron los hechos.

El siguiente paso será determinar si padecen una enfermedad mental que les incapacita en cuyo caso no serían penalmente responsables o bien tienen alteradas parcialmente sus capacidades. En caso de que no sea así se enfrentarían a la pena de prisión permanente revisable.

Godella, Rocafort y toda la zona sigue consternada sin entender por qué no se había actuado después de que la propia abuela de las criaturas alertara varias veces a los servicios sociales, convencida de que su hija ya no estaba capacitada para cuidar de los niños. Quienes han podido hablar con ella aseguran que Noemí Mensua está destrozada porque el siguiente paso que iba a dar era pedir la custodia de sus nietos. Desde el 20 de febrero Amiel no iba al colegio en Rocafort. Los padres avisaron de que la ausencia se debía a que se iban de Godella –María contó a sus amigas que los iban a echar de la casa que ocupaban ilegalmente–, pero nadie intervino.

El 17 de febrero, Gombau permaneció varias horas desaparecida con su bebé. Fueron localizadas poco después y tampoco se abrió ningún expediente. En los tres días anteriores al crimen la abuela había requerido ayuda dos veces, el lunes por un whatsapp de su hija en el que le decía que iba a reunirse con el Creador y que ella interpretó como un inminente suicidio. Dos días después volvió a pedir ayuda. María Gombau había citado a sus mejores amigas el pasado domingo para despedirse. «No tengo nada de comer, han pasado muchas cosas y es domingo, pero entre todos seguro que podemos hacer algo bueno en casa antes de que nos la quiten y rompan toda la naturaleza que queda», les dijo.