Torra, en el Encuentro del Caracol, en Lérida - EFE

La moción de Sánchez choca con las exigencias de Ciudadanos y los independentistas

El PSOE descarta negociar su iniciativa en el Congreso. Los separatistas ponen como precio «la liberación de los presos»

MadridActualizado:

Resistir y pelear hasta el final. En La Moncloa, el presidente del Gobierno se agarra a esa idea desde que se confirmó que el PSOE presentará contra él una moción de censura en el Congreso. Ni adelanto electoral ni mucho menos dimisión. La decisión de Mariano Rajoy es dar la batalla en un debate que podría ponerle en la calle en cuestión de días, subrayar que la moción «daña a España», «cuidar» a sus socios presupuestarios, que hace solo cinco días aprobaron las cuentas más difíciles en el Congreso, y de paso ver tranquilamente cómo la iniciativa de Pedro Sánchéz, presentada tras la sentencia del caso Gürtel, va quedándose sin apoyos nada más echar a rodar.

Ayer se clarificaron muchas posiciones. Desde Ciudadanos hubo ya voces que pidieron a Sánchez la retirada de la «irresponsable» moción de censura. La vía basada en el partido naranja empieza a naufragar, mientras que la otra vía, la de aunar a todos los independentistas, nacionalistas y proetarras del Congreso, también hace agua. De entrada, los separatistas catalanes exigieron a Sánchez una rectificación respecto al 155 y la puesta en libertad de lo que llaman «presos políticos».

Desde el principio Sánchez sabía que tenía solo dos opciones, que por otra parte ya intentó en el año del bloqueo político: o une a Ciudadanos y Podemos para echar a Rajoy, o llega a un acuerdo con la formación de Puigdemont y Torra para intentar lograr una alianza que en La Moncloa se ha bautizado como «Frankenstein». Sin uno y sin otro, la moción de Sánchez estaría llamada al fracaso.

Rajoy observa y «aguanta» desde su fortaleza en La Moncloa. En su comparecencia del viernes salvó a Ciudadanos de sus feroces ataques tras conocerse la moción, y su intención es hacer lo posible para evitar que Rivera se sume a Sánchez. Son días clave, y el presidente, como informó ayer ABC, ha suspendido su agenda pública para centrarse en dejar sin efecto el jaque que le ha dado Sánchez, convertido de nuevo en su principal adversario, seguramente ya sin vuelta atrás.

El PSOE «no negociará»

Desde Ciudadanos habló ayer su portavoz en el Ayuntamiento de Madrid, Begoña Villacís. Insistió en que su partido solo apoyará una «moción instrumental para que se convoquen elecciones» de forma inmediata. Es una exigencia que el PSOE no está aceptando, de ahí que Villacís considere importante que el PSOE retire su moción «irresponsable» y se convoquen elecciones para que sea «la gente la que decida y no los partidos políticos».

En un acto en la localidad valenciana de Torrent, el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, dejó claro que su partido «no va a negociar nada» y emplazó a Ciudadanos a «dejar de marear» con las elecciones. A su juicio, la censura del PSOE es «la única alternativa» que tiene España. En una muestra evidente de que la relación entre el PSOE y Ciudadanos no es la mejor para ir juntos en una moción de censura, Ábalos reclamó a Albert Rivera que «sacrifique un poquito su ansiedad demoscópica, que no pasa nada por esperar un poquito o algunos meses». «Se les ve demasiado el plumero y no quieren hacer esta contribución por España», reprochó.

En esa misma línea, Sánchez tiene claro que si consigue ganar la moción de censura tomará posesión de La Moncloa y se dará un tiempo para gobernar antes de convocar elecciones, según confirmaron fuentes próximas al líder del PSOE consultadas por Servimedia.

Antiguos dirigentes socialistas, como Joaquín Leguina, José Rodríguez de la Borbolla o Nicolás Redondo Terreros, firmaron un manifiesto en el que se desmarcan de la línea oficial de su partido y piden elecciones anticipadas.

No habrá votos gratis

Las dificultades de Sánchez no acaban aquí. Los independentistas catalanes tampoco están por la labor de entregar sus votos gratis y ya han advertido al líder del PSOE de que si quiere pisar La Moncloa tendrá que ceder unas contrapartidas que, sin embargo, no dependen de él.

Pese a que desde el PDECat se ha abierto la puerta a que sus ocho diputados (en el Grupo Mixto del Congreso) apoyen la moción de censura del PSOE, los portavoces de Junts per Catalunya (JpC), formación que ahora controla el espacio independentista de derechas y aglutina al PDECat, han sido tajantes y no permitirán un cambio de Gobierno sin algo como contraprestación.

Eduard Pujol, portavoz adjunto de JpC en el Parlamento catalán, comparó ayer a Sánchez con Rajoy: «155 por 155, ¿dónde está el cambio?». Y lanzó al PSOE una pregunta en la que «Cataluña» es, en este caso, la definición de independentismo: «¿Qué gana Cataluña con la posibilidad de este cambio en La Moncloa?».

Pujol exigió, además, un propósito de enmienda a Sánchez: que reconozca públicamente que en el PSOE se equivocaron al apoyar la aplicación del artículo 155 de la Constitución –todavía vigente–, que admita la existencia de «presos políticos» y que, por lo tanto, estos salgan de una «prisión injustificada».

«Vuelta de los exiliados»

El presidente de la Generalitat, Joaquim Torra, se manifestó en la misma dirección y advirtió al líder socialista de que «para nosotros, la libertad de los presos políticos, la vuelta de los exiliados y la no criminalización del derecho a la autodeterminación son los puntos esenciales».

Por su parte, ERC (tiene nueve diputados en el Congreso) todavía no se ha posicionado oficialmente pero, según ha sabido ABC, fuentes de la dirección del partido apuestan por «ponérselo muy difícil a Sánchez», es decir, «si apoyamos, será a cambio de cosas concretas, no palabrería».