La ministra de Justicia, Dolores Delgado, conversa con el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, durante el pleno del Senado celebrado este martes en Madrid - EFE/ Vídeo: ATLAS
Círculos de confianza

«Marlaska y Delgado se ven y se saludan, pero nada más»

La realidad que la ministra de Justicia y el de Interior muestran en público es otra en privado según comentan en la Audiencia: «Lola y Fernando guardan las formas. Lo sabe todo el mundo»

Dolores Delgado acusó a jueces de trato con mujeres menores en Colombia

MadridActualizado:

La ministra de Justicia volvió a faltar a la verdad ayer cuando dijo que Fernando Grande-Marlaska «es un amigo y lo quiero mucho». «No es así», comenta una persona del círculo más íntimo del juez de la Audiencia Nacional y hoy ministro.

La «performance» que ambos montaron ayer en el Senado, repartiéndose besos y abrazos ante las cámaras, no es más que la escenificación de la huida hacia delante del Gobierno de Sánchez, del «aquí no pasa nada». La realidad es otra. «Lola y Fernando guardan las formas: se ven y se saludan por educación, pero nada más. Lo sabe todo el mundo».

La relación de Delgado y Marlaska no se puede entender sin mencionar, una vez más, a Baltasar Garzón, compañero y amigo de la fiscal desde hace 19 años. «Ella siempre ha encajado como propios los reveses al magistrado y de ahí que las amistades del juez sean las suyas y las enemistades también», comenta un conocido de ambos en la Audiencia Nacional.

Solo hay que recordar la buena relación que mantenía Delgado con el exfiscal-jefe de la Audiencia Nacional Javier Zaragoza, a su vez estrecho colaborador de Garzón y compañero de andanzas en los golpes al narcotráfico gallego. Buena hasta que Zaragoza informó en contra de la competencia de Garzón para abrir las fosas del franquismo. Esto supuso un punto de inflexión en la relación del fiscal-jefe con su subordinada.

Con Grande-Marlaska sucedió lo mismo. El juez de Bilbao llegó a la Audiencia Nacional en 2004 en comisión de servicios, pero no fue hasta el año siguiente cuando se colocó bajo el foco mediático al asumir el famoso Juzgado de Instrucción número 5. Su titular, Baltasar Garzón, se había ido a Nueva York con una licencia de estudios, pero desde allí pretendía seguir controlando los procedimientos de su juzgado.

El hilo de comunicación eran los hombres de su confianza de la Policía - Enrique García Castaño y José Villarejo, entre otros-, de tal modo que llegaba a tener noticias antes que el propio Marlaska del desarrollo de la causa del Faisán, el «chivatazo» a ETA en pleno proceso de negociación.

El 3 de mayo de 2006, y con la causa bajo secreto de sumario, Garzón llamó al despacho de Grande-Marlaska para que no actuara contra la estructura de extorsión etarra, lo que el recién llegado juez tenía previsto hacer al día siguiente. Marlaska se sorprendió por semejante atrevimiento, pero no atendió las solicitudes de Garzón y ordenó detener a Elosua y a sus cómplices cuando cruzaran la frontera hacia Francia con el dinero de la extorsión.

El antes y el después

Una vez destapado el «chivatazo», Grande-Marlaska constató que mandos de la Comisaría General de Información tardaron más de dos días en notificárselo. Marlaska empezó a contar con la Guardia Civil, relegada hasta entonces por Garzón, en la investigación del Faisán, y a alejarse de las amistades de Garzón, entre ellas la de la actual ministra, propinando además duros golpes al entramado etarra, como lo fue el ingreso en prisión del batasuno Arnaldo Otegi en pleno «proceso de paz».

El hoy ministro del Interior nunca ha formado parte del grupo de confianza de Garzón, en el que se encuentran la propia Dolores Delgado, Fernando Andreu, Santiago Pedraz y Javier Gómez Bermúdez en su última etapa de juez en la Audiencia.

Cuando Garzón fue inhabilitado por el Supremo por las escuchas entre abogados y clientes de Gürtel, a Marlaska no le tembló el pulso al decir que el juez había sido tratado «como un ciudadano más».