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Iceta no será presidente del Senado salvo que el TC dicte una sentencia de alambique que le reconozca el derecho a ser elegido senador casi por decreto

Manuel Marín
MadridActualizado:

Hay dos teorías interpretativas tras el veto del Parlamento de Cataluña a Miquel Iceta para ser designado presidente del Senado. La primera apunta a un golpe bajo de ERC a Pedro Sánchez para rebajar su sobreactuada euforia tras las generales, y demostrarle en frío su debilidad en la legislatura frente a cualquier tentación de prepotencia política. La segunda teoría alude a un sofisticado guion propio de una obra de teatro en la que PSOE y ERC fingen un distanciamiento temporal condicionado por las elecciones del 26-M, para después retomar una negociación política con cesiones al separatismo. Sin embargo, los hechos son incontestables: Iceta no será presidente del Senado salvo que el TC dicte una sentencia de alambique que le reconozca el derecho a ser elegido senador casi por decreto. Y si no es así, Sánchez podrá encontrarle acomodo como ministro.

De momento, Sánchez ve frustrada su idea de recrear el escenario diseñado por Rodríguez Zapatero en 2004: negociación con la izquierda y con ERC como socio preferente en el Parlamento; reforma «plurinacional» o semi-federal del Estatuto de Cataluña con la complicidad institucional del Senado; una posterior consulta legal a los catalanes; el apaciguamiento de un separatismo inmerso en una encarnizada pugna interna que terminará por desguazar al PdeCat; y sentar las bases para la hipótesis de un próximo Gobierno ERC-PSC en Cataluña.

Por eso, las consecuencias del veto a Iceta son ahora imprevisibles. Sánchez no tendrá complicaciones añadidas para su investidura, pero iniciará la legislatura más debilitado, sin una bitácora clara sobre Cataluña, e improvisando mientras asume que tiene 123 diputados, no 160. Incluso, otros acuerdos institucionales con los que Sánchez podría satisfacer al independentismo quedan en riesgo de ser orillados. Por ejemplo, la renovación del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional, o la propia financiación autonómica con la que el Gobierno en funciones ha amenazado a la desesperada tras ver boicoteado el «proyecto Iceta». Sánchez no olvida, ni se acostumbra a que le lleven la contraria. Desde su celda, Oriol Junqueras no ha elegido a un enemigo débil, ni sensible, ni clemente.

La segunda teoría, la del inmenso paripé político con Iceta como peón sacrificado por intereses superiores y milimétricamente calculados, puede resultar tan retorcida como arriesgada. Es cierto que a los barones socialistas que se juegan el poder en Madrid, Extremadura, Castilla-La Mancha, Asturias o Aragón les puede resultar favorable la imagen de que el PSOE no cede a los chantajes de ERC. Y también lo es que ERC está en el trance de gobernar cientos de Ayuntamientos para «extender una base social» de creciente arraigo separatista, de manera que ofrecer una percepción de debilidad frente a Sánchez le dañaría.

Con Sánchez y Junqueras resulta imposible ensayar un hilo argumental coherente basado en la lealtad mutua. En enero se supuso que ERC solo tensaba las relaciones, y que al final cedería aprobando los presupuestos generales. No fue así y ERC amputó su mandato. Junqueras no acepta reforma estatutaria alguna. Está en prisión. Con relator o sin él, ni ERC ni PdeCat, por enfrentados que estén, aceptan la «solución Sánchez». ERC vive cómoda en un caos organizado, tensiona al PSOE a capricho, y aspira a arrasar las urnas cuando Torra las convoque. Así, resulta dudoso concluir que Sánchez y Junqueras hayan pactado en secreto una estrategia deliberada de engaño a costa de Iceta para que el tiempo demuestre después que todo era una inmensa mentira.

Sánchez ha fracasado con Iceta. Pero es cierto que en el fango de las mentiras compulsivas de nuestra política todo se hace inmanejable, imprevisible. Y lo que hoy es verdad, mañana resulta mentira. La pregunta es sencilla: ¿el PSOE y ERC se fían el uno del otro? Hace un año era así. Hoy la quiebra de confianza es evidente. O actúan de arte.

Manuel MarínManuel MarínAdjunto al DirectorManuel Marín