La bandera de España en el puesto fronterizo de La Línea de la Concepción (Cádiz)
La bandera de España en el puesto fronterizo de La Línea de la Concepción (Cádiz) - EFE

Gibraltar: batalla diplomática (II)

La resolución 2353 de Naciones Unidas supuso en 1969 el triunfo total de las tesis españolas. El Peñón debía ser devuelto a España respetando los bienes de sus habitantes

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La batalla diplomática por Gibraltar comenzó por un error táctico inglés. El 19 de diciembre de 1960 la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Resolución 1514 (XV) considerada «la Carta Magna de la Descolonización» al conceder el derecho de autodeterminación a los pueblos coloniales (aprovecho para advertir que sólo a ellos). Londres vio una oportunidad para eludir la cláusula que más le dolía del Tratado de Utrecht: la que les obligaba a dar a España la primera opción de recobrar Gibraltar si un día decidiera deshacerse de él. Así que lo inscribieron en la lista de colonias que confeccionaba la ONU para mantenerlo, seguro de que los gibraltareños nunca querrían abandonar el paraguas británico y continuar viviendo a costa de España. Bingo.

La batalla duró hasta 1967, en que la Asamblea General de la ONU se pronunció sobre el contencioso, y fue la más apasionante que cubrió quien esto escribe, pese a haber vivido otras, como el alzamiento del muro de Berlín y el Watergate, de resonancias históricas. De entrada, todo jugaba a favor de Inglaterra: todavía una gran potencia, vencedora de la II Guerra Mundial y con un puesto permanente en el Consejo de Seguridad, frente a una España que había sido condenada por Naciones Unidas y apenas había salido de su aislamiento.

Nos infravaloraron

Sin embargo, como ocurre a veces en el fútbol, terminamos ganando. Para que ocurriera tal milagro tuvieron que darse una serie de circunstancias muy especiales, entre las que destacan los errores ingleses y la diligencia de los españoles, que por una vez les ganamos la mano. Claro que ellos tenían innumerables colonias y nosotros sólo tres, con Gibraltar como primacía. O sea, nos infravaloraron. Tampoco tuvieron en cuenta que el mundo había cambiado y que su arrogancia había dejado mucho resentimiento en buena parte de él.

Mientras, España logró que toda Hispanoamérica, incluidas las naciones que no tenían relaciones con el régimen de Franco, como México, la apoyaran. También el Bloque «no alineado», con Yugoslavia y Argelia, nos era en general favorable, como el Árabe. Incluso el Bloque soviético terminó apoyándonos, aunque por razones estratégicas: le interesaba eliminar esa base militar británica a la entrada del Mediterráneo.

A lo que se añaden errores de bulto británicos, como llevar a declarar ante el Comité de los 24, que llevaba de hecho la descolonización, al entonces alcalde-presidente de Gibraltar, Joshua Hassan, a quien la Reina acababa de nombrar Sir, lo que trajo a que una de las primeras preguntas que le hicieron fue qué méritos había hecho al Imperio Británico para merecerlo. Que declarase enfáticamente que no quería la independencia, provocó la pregunta «¿Qué hace entonces aquí?», que respondía a la cuestión de fondo del contencioso; los gibraltareños actuales son más colonialistas que colonos.

El resultado de todo ello fue que el 19 de diciembre de 1969, la Asamblea General de la ONU dictó la resolución 2353 (XXII) en la que se «invita a los gobiernos de España y el Reino Unido a reanudar sin demora las negociaciones para poner fin a la situación colonial de Gibraltar, salvaguardando los intereses de sus habitantes». Los ingleses dieron la última gran batalla intentado poner «deseos» en vez de «intereses», pero tampoco lo lograron.

Tanto o más importante era que se advertía que «toda situación colonial que destruya total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas». Era el triunfo total de las tesis españolas. Gibraltar debía ser devuelta a España respetando los bienes de sus habitantes.

Retrocesos

Los ingleses reaccionaron según lo previsto: tachando de antidemócrata a la ONU, rechazaron la resolución. Ante lo que España cerró la Verja el 6-5-1968 y así estuvo hasta el 15-12-1982. En el entretanto habían ocurrido muchas cosas, bastantes de ellas positivas, como la Transición a la democracia en España y su entrada en la Unión Europea. Pero para el contencioso de Gibraltar no hubo más que retrocesos con todos los gobiernos, incluidos los últimos de Franco.

Relevado Castiella en el Ministerio de Exteriores, se inicia un deshielo con una Inglaterra más voraz e inflexible que nunca. Nuestra entrada en la UE nos obliga a aceptar que «Gibraltar es un territorio europeo cuyos asuntos externos lleva un Estado miembro». La entrada en la OTAN trae la apertura de la Verja y de Gibraltar sólo se acuerda la ONU, que renueva cada año las viejas resoluciones. Bajo Zapatero, el contencioso resurge, pero en nuestra contra: el ministro de Asuntos Exteriores, Moratinos, reinicia las negociaciones, no sólo con los ingleses, sino también con los gibraltareños y visita la colonia, donde se le trata de tú a tú. Todo parece perdido. Hasta que estalla la bomba del Brexit. Les hablaré en la próxima entrega.