Los yihadistas Zougam, Hassan El Haski y Achraf, por órden de izquierda a derecha.
Los yihadistas Zougam, Hassan El Haski y Achraf, por órden de izquierda a derecha.

El «frente de cárceles» del Daesh utilizó pinchos para atentar contra funcionarios de prisiones

El grupo de yihadistas descargaba su odio contra los trabajadores de las cárceles llamándoles «perros carceleros», «enemigos» y «torturadores»

MadridActualizado:

Jamal Zougam, condenado como autor material de la matanza de los trenes de Madrid, y Hassan El Haski, que también está en prisión por los atentados del 11-M son dos de los principales líderes del incipiente «frente carcelario» de Daesh desmantelado por el Servicio de Información de la Guardia Civil con los datos aportados por funcionarios de Prisiones. Otro de los individuos que integraba el «núcleo» duro del grupo, formado por 27 individuos de 17 cárceles, era uno de los detenidos en la operación Caronte, realizada por los Mossos d’Esquadra y que desmanteló una célula yihadista que preparaba un gran atentado en Barcelona.

Otro de los principales implicados es Mohamed Achraf, que desde prisión lideraba una célula desactivada en 2004 que pretendía volar la Audiencia Nacional. El último de esta «dirección» era un arrestado en una operación contra el envío de muyahidines a la zona de yihad.

Aunque la mayor actividad del grupo detectado se desplegaba en el terreno de la captación de adeptos y el suministro de material de Daesh para su sustento ideológico, en los registros de las celdas se han encontrado dos pinchos carcelarios. El hallazgo es inquietante porque Estado Islámico ha hecho varios llamamientos para que se ataque en las cárceles –en la prisión francesa de Osny en 2016 ya hubo una agresión de un yihadista contra varios vigilantes–, pero sobre todo porque los internos habían focalizado buena parte de su odio hacia los funcionarios de prisiones, a los que tachaban de «perros carceleros», «enemigos» y «torturadores».

Los funcionarios, claves en la operación

No se han encontrado indicios de que fuera a producirse un ataque inminente ni se han detectado objetivos concretos, aunque la mera posesión de esas armas blancas caseras indica que el atentado podía producirse en cualquier momento. Además, en los registros se ha encontrado material original de Daesh ya distribuido, documentos de trabajo y cartas para ser enviadas a los presos captados.

La investigación comenzó hace año y medio en la cárcel de Estremera (Madrid VI), al detectarse una pintada de la bandera de Daesh en los patios. No era la primera vez que eso sucedía en un centro penitenciario, pero esta vez los funcionarios de la prisión consiguieron llegar hasta el autor: Mohamed Achraf. A partir de ese momento se monitorizaron sus actividades y ese fue el hilo de la madeja del que se pudo tirar. «El trabajo de la gente de Prisiones ha sido extraordinario; ellos son los que primero obtenían los datos que luego la Guardia Civil trabajaba», explican las fuentes.

El modus operandi del grupo variaba en función de las circunstancias. En algunos casos el proceso se hacía de forma personal – se promovían reuniones en los patios para que el mensaje llegara a toda la gente posible– y en otros se enviaban cartas a internos del resto de cárceles. Unas veces se daban instrucciones de cómo captar nuevos candidatos otras se proporcionaba material yihadista a los que ya habían comenzado ese proceso de radicalización para acompañarlos.

Familiares y amigos

Los implicados eran conscientes de que Instituciones Penitenciarias tiene una estrategia contra la radicalización en las cárceles, por lo que en ocasiones recurrieron a vías alternativas que pretendían burlar los sistemas de control establecidos. Entre ellas estaba la utilización de otros internos no sujetos a especial vigilancia para hacer llegar sus mensajes a los internos que se pretendía captar, y también se empleaba a amigos y familiares que los iban a visitar para que fuesen ellos los que distribuyeran los mensajes a los reclusos de otros centros. Precisamente esta es una de las líneas de investigación que siguen abiertas y, de hecho, no se descartan más detenciones entre este último grupo.

Interior llama la atención sobre el hecho de que la propia existencia del grupo es ya un potencial riesgo para la seguridad tanto dentro como fuera de las cárceles, y advierte en este sentido de la próxima puesta en libertad de varios de los sujetos investigados.

Se trata de la primera operación de estas características llevada a cabo en Europa contra un entramado alineado con la estrategia de Daesh. Coincide además con el momento de máxima población reclusa por motivos de terrorismo yihadista.