Tensión en los juzgados a la llegada del presunto parricida
Tensión en los juzgados a la llegada del presunto parricida - EFE
Sucesos

La Fiscalía pedirá entre 50 y 60 años para el parricida de Moraña

A Oubel, que degolló a sus hijas con una radial, lo definen como misógino y prepotente

MADRIDActualizado:

Candela Oubel Viéitez, de 9 años, y su hermana Amaya, de 4, llevan doce meses enterradas. El asesino fue su padre. Les arrancó la vida con una crueldad que espanta el pasado 31 de julio en su casa de Moraña (Pontevedra), unas horas antes de entregárselas a su exmujer. Tal fue el escenario de horror hallado, y lo revelado por la instrucción que la Fiscalía ha decidido solicitar la máxima pena para David Oubel Renedo, quien «ni siente ni padece», según quienes le han tenido delante en este tiempo.

«Disfruta siendo el centro de atención, parece que está cómodo con concitar tanto interés». No ha abierto la boca desde que lo encontraron en la bañera de diseño de su espectacular chalé en un simulacro de suicidio que quedó en unos arañazos superficiales. Amaya, de 4 años, estaba sobre su cama, tapada con una manta. Su hermana Candela, junto a otra cama, en otro cuarto, también cubierta. Las había degollado con una sierra radial.

La Fiscalía, a punto de concluir su escrito de acusación, tiene intención de pedir entre veinticinco y treinta años por cada asesinato, además de solicitar la prisión permanente revisable, según ha podido saber ABC.

El Ministerio Público como mínimo introducirá las agravantes de parentesco y alevosía –con la herramienta que utilizó para matar a las niñas ni siquiera un adulto habría tenido posibilidad de defensa, inciden fuentes jurídicas–, pero casi con seguridad se sumarán otras agravantes, relacionadas con el «sufrimiento innecesario» que les causó. Candela tenía heridas defensivas en un intento desesperado de evitar la muerte. Las fuentes consultadas se detienen en ese punto para no sumar más dolor a los estremecedores hechos. Una de las indagaciones de Toxicología y las autopsias estaba encaminada a determinar si las criaturas estaban adormecidas o sedadas. Todo apunta a que no fue así.

Sigue en enfermería

El pasado 24 de mayo la juez de Caldas de Reis le dio traslado formal a Oubel de su imputación por el doble asesinato, como marca la Ley del Jurado. Él asistió por videoconferencia desde la cárcel leonesa de Mansilla de las Mulas a la que fue conducido días después del crimen desde A Lama (Pontevedra) por el riesgo que corría su vida. Una vez más, igual que en sus anteriores comparecencias ante la juez y el fiscal Alejandro Pazos, permaneció en silencio, sin inmutarse, mientras le leían un relato de hechos que dinamita la fe en el ser humano.

En Mansilla permanece desde hace doce meses en la enfermería, el lugar en el que más protegido está entre rejas un interno que ha cometido una salvajada como la suya y que cuenta con patio propio para pocos internos. No ha tenido incidentes ni con otros reclusos ni con funcionarios, según fuentes penitenciarias. Apenas mantiene contacto con nadie. Su abogado de oficio le ha insinuado que debería colaborar, sin ningún éxito.

Homosexualidad

A finales de agosto o principios de septiembre, la Fiscalía presentará su escrito. Solo faltan ya los resultados definitivos de las pruebas psicológicas y psiquiátricas que ordenó la juez. Hasta el momento, según fuentes jurídicas, no hay evidencias de ninguna enfermedad mental o trastorno ni tampoco de adicciones. «Es un psicópata, misógino, frío y prepotente». Es el retrato del atildado Oubel que hacen las fuentes consultadas a raíz de la evaluación psicológico-psiquiátrica en la que su homosexualidad también queda patente, pese a que estuvo casado con Rocío Viéitez y las niñas eran fruto de ese matrimonio. Candela y Amaya pasaban fines de semana con su padre y con el novio de este, a quien envió dos cartas anunciándole su suicidio.

La investigación no ha logrado poner al descubierto el móvil, si es que hubo un móvil. Al principio parecía una venganza contra su exmujer, pero no había conflictos serios, ni una batalla judicial en ciernes ni un detonante. Se buscaron denuncias, incidentes. La propia madre de las criaturas, arrasada de dolor, negó en su declaración una situación de conflicto. Las únicas «explicaciones» aparecen en las cartas que mandó el asesino a su pareja y a su prima. Confirman de alguna forma que Oubel estaba enfadado con el mundo. Con sus vecinos de Moraña, por supuesto, con los que no se cruzaba ni una palabra y que lo habían denunciado por sus fiestas y su música atronando la calle; con muchos de los que habían sido amigos suyos, incluida la alcaldesa, Luisa Piñeiro, e incluso con la mayoría de sus familiares.

«Jamás confesará»

El 31 de julio era el último día de vacaciones que las pequeñas iban a pasar con su padre. Él preparó la muerte, pero no la suya, fingida, anticipada en falso, sino la de las dos criaturas: había puesto su casa de diseño a la venta (500.000 euros), compró una radial y mandó las cartas para que lo encontraran. «Al final la presión me venció», confesó a su novio en esa última misiva. «Me llevo conmigo parte de lo que más quiero».

El fiscal anunció que pediría la prisión permanente revisable tras los asesinatos. Si se le impone, no podrá pedir permisos durante 12 años; tendrá que pasar entre 15 y 20 para solicitar una progresión de grado y en ningún caso accedería al tercer grado. Solo cambiaría este horizonte penal si Oubel reconociera los hechos. «Jamás confesará», afirman con rotundidad fuentes jurídicas basándose en su silencio, que solo ha roto esporádicamente para quejarse, como en su primer traslado. «No corran tanto, que me estoy mareando», protestó a los guardias. «Solo estaba pendiente de él. Lo demás parecía no importarle».