El exmagistrado Baltasar Garzón junto a la actual ministra de Justicia, Dolores Delgado, en una imagen de archivo - EFE/ Vídeo: ATLAS

Las cuatro versiones de la ministra Delgado sobre su relación con Villarejo

La titular de Justicia admite ahora que coincidió en tres ocasiones con el comisario imputado y le acusa de «atacar al Estado»

MadridActualizado:

No sólo se conocían sino que la relación que mantenían era de tal confianza que no había límites a la hora de abordar tanto asuntos de la Audiencia Nacional como otros de índole personal. Los encuentros entre la ministra Dolores Delgado -y su compañero de andanzas y amigo, el exjuez Baltasar Garzón- con el círculo policial pseudomafioso liderado por el excomisario José Villarejo ha puesto contra las cuerdas a la titular de Justicia, que será reprobada previsiblemente hoy y sobre la que ya se reclama la dimisión.

A la ilegalidad que supondría su mediación con Villarejo en un proceso de extradición, si se llega a demostrar, se suma que haya mentido al negar su relación con miembros del entramado parapolicial con el que compartía comidas y confidencias. El Ministerio de Justicia difundió ayer la cuarta versión de Delgado sobre su trato con el comisario jubilado, que se encuentra encarcelado por su trama de coacciones. Delgado admite ahora que coincidió con Villarejo «en tres ocasiones» en encuentros en los que participaron «otros mandos policiales y cargos judiciales».

En el comunicado, la ministra se presenta como una víctima del comisario jubilado y anuncia que comparecerá en el Congreso de los Diputados por petición propia. «Su estrategia procesal es atacar al Estado y sus instituciones», manifiesta la titular de Justicia, que recuerda que el excomisario primero «cargó contra la Jefatura del Estado» con las grabaciones de Corinna que afectaron al Rey Juan Carlos. Villarejo, ahora repudiado por todos, lideró las «cloacas del Estado» desde sus cargos policiales, en los que se mantuvo con Gobiernos del PP y PSOE.

Todos le llaman «Lola»

Esta explicación es la cuarta versión que difunde Delgado sobre sus vínculos con Villarejo, una secuencia que comenzó con una negación de cualquier relación. La versión de ayer se precipitó después de que el portal Moncloa.com publicara un audio de una comida que Delgado y Garzón compartieron con Villarejo y otros mandos policiales en 2009, entre ellos el también investigado Enrique García Castaño, «el Gordo». La charla, que incluye bromas de mal gusto, desprende familiaridad entre todos los comensales, que se refieren a ella como «Lola».

En la comida, la ministra manifestó que España estaba transmitiendo una imagen de «país bananero» y «de coña», por la gestión del secuestro del pesquero Alakrana.

La semana pasada, Delgado cambió hasta tres veces su versión solo en 48 horas. Este afán por explicar a la opinión pública los hechos le llevó a relegar a un puesto de asesor a su director de comunicación. Todo comenzó el lunes pasado, cuando trascendió que Delgado aparecía en una de las anotaciones de Villarejo en la causa que investiga el juez de la Audiencia Nacional, Diego De Egea. En aquella información se sostenía que la titular de Justicia habría mediado con el expolicía en la extradición de un empresario español reclamado por Guatemala. A las 8.47 de la mañana llegaba la primera reacción. «El Ministerio de Justicia debe puntualizar: la actual ministra de Justicia no intervino, cuando ejercía como fiscal de la Audiencia Nacional, en trámite alguno del proceso de extradición al que se hace referencia en dicha información. La actual ministra de Justicia, mientras ejerció como fiscal de la Audiencia Nacional, ni concertó ni mantuvo cita alguna con el comisario citado, con el que nunca ha tenido relación de ningún tipo».

Tres horas después, a la llegada al Centro de Estudios Judiciales, matizaba: «No he tenido ninguna relación profesional con ningún asunto que haya llevado el excomisario Villarejo en la Audiencia Nacional mientras yo he desempeñado allí mi trabajo como fiscal». Al día siguiente, y ante una nueva información que vuelve a involucrarla en la extradición, el Ministerio de Justicia difunde una aclaración pasada la una de la tarde. «Dolores Delgado no ha tenido ningún tipo de relación personal, profesional, oficial o no oficial con José Villarejo más allá de haber coincidido con él en compañía de otras personas en algún evento». Ahí ya reconocía los encuentros.

Por esta crisis, PP y Ciudadanos han recriminado las «mentiras» de Delgado, sin valorar el fondo del asunto, que reconocen que es turbio. La reprobación en el Senado se motivó por el cambio de criterio en la defensa de Llarena en Bélgica, pero ahora se «añade» la gestión de su relación con Villarejo. «El Gobierno se cae a trozos», manifestó ayer Pablo Casado. El cerco se estrecha sobre una ministra marcada desde el asunto del juez Llarena.

Pese a los informes de la Abogacía del Estado que aconsejaban la personación de España en la demanda interpuesta por Puigdemont contra el magistrado Pablo Llarena, Delgado optó por establecer una línea divisoria entre los intereses de España y las declaraciones «privadas» del juez, obviando que la ofensiva de los independentistas respondía a la campaña de desprestigio del Estado español fuera de nuestras fronteras. El esfuerzo de algunos ministros por reconducir la situación y el comunicado conjunto de jueces y fiscales denunciando la actuación del Ministerio provocaron el cambio de timón en la Moncloa, algo que Pedro Sánchez calificó hace unos días de «reflexión», pero que era una rectificación en toda regla. A partir de ese momento, la ministra ha estado especialmente irascible y susceptible con todo aquel que no está dentro de su círculo de confianza, relacionado en gran parte con el entorno del juez Garzón.

Quien conoce a la ministra sabe que está completamente superada por los acontecimientos y que en su interior tiene que lamentar el día que salió de la Audiencia Nacional para ser parte del Gobierno, de esas «aguas frías y profundas donde se encuentran los tesoros», como le dijo su amigo el exfiscal jefe de Cataluña, José María Mena, cuando se enteró de su nombramiento.