Los alcaldes del PSC, junto a Pedro Sánchez y Miquel Iceta, en un acto celebrado hac unos días en Barcelona - EFE/ Vídeo: ATLAS

Los alcaldes del PSC aguantan la presión de la Generalitat y buscan alternativas al 1-O

Los socialistas no ceden al requerimiento de Puigdemont y reciben insultos por ello

BarcelonaActualizado:

A cada segundo y en cada momento. La presión social y política es total sobre los alcaldes del PSC que han decidido mantenerse leales a la ley y la democracia. La Generalitat de Cataluña incentiva esta presión, que se traslada a la calle, con el objetivo de que, finalmente, colaboren con la organización del referéndum ilegal del 1 de octubre.

El PSC tiene 122 alcaldes en Cataluña. En su mayoría, son los primeros ediles de ciudades muy pobladas (como, por ejemplo, L'Hospitalet de Llobregat, Tarrasa, Lérida o Tarragona) y vitales para que el referéndum, en caso de celebrarse, tenga una aceptable participación.

Con esta premisa y en tiempo de descuento, el movimiento independentista presiona, e incluso insulta, a los alcaldes que han decidido no poner en riesgo a los funcionarios municipales y cumplen con las decisiones del Tribunal Constitucional (TC) y las órdenes de la Fiscalía.

En El Vendrell (Tarragona) y Esplugas de Llobregat (Barcelona), por ejemplo, sus alcaldes socialistas han perdido el apoyo de los socios de gobierno con los que llevan los temas de diario. Martí Carnicer (El Vendrell), incluso, tiene partido a su grupo municipal y tanto PDECat como ERC amenazan con dejarlo en minoría.

Lo mismo le ocurre a Pilar Díaz (Esplugas). Nada más conocer la respuesta negativa de esta a la carta enviada por Puigdemont y Oriol Junqueras el mismo día de la aprobación de la ley del referéndum, PDECat anunció que rompía el pacto de gobierno municipal con el PSC, precipitando una salida que no obstante se había decidido con anterioridad. Tuvieron el pretexto perfecto.

Pero la presión no es solo política. Las palabras de Puigdemont, incitando a la población a presionar por la calle a los alcaldes del PSC u otros que no están dispuestos a cometer ilegalidades, son una legitimación para un sector radical de la población que sigue a pies juntillas el dictado de la Generalitat.

Así lo relata Esther Pujol, alcaldesa de Tiana (Barcelona), que ha denunciado presiones e insultos. Como en otras poblaciones, la primera consecuencia ha sido la ruptura del pacto de gobierno en el Consistorio entre PSC y ERC (gobiernan cuatro ediles socialistas y dos republicanos), al considerar los independentistas que esa decisión rompía el acuerdo de gobernabilidad, en el que se incluía que el consistorio barcelonés se alinearía con la Generalitat en el proceso soberanista.

De manera simultánea, el plante de la alcaldesa ante las pretensiones de la Generalitat ha generado un incremento de las presiones sobre ella –«coacciones, amenazas e insultos», según relata ella misma–, un acoso que se ha dado también en otros municipios. «He recibido presiones, he recibido amenazas, he recibido insultos. Sólo por decir que no iré a votar el 1 de octubre, el insulto más suave fue rata», relató en una entrevista para TV3.

La alcaldesa añadió que del mismo modo que se la ha insultado, también han sido muchos los vecinos que se le han acercado para darle ánimos: «Somos muchos los que estamos contigo, lo que pasa es que no nos atrevemos a decirlo porque tenemos miedo». Pujol apuntó que su postura es clara: «Me limito a cumplir la ley».

El agobio sobre los alcaldes es tal que incluso los ediles del PSC que se han mostrado públicamente favorables a que se realice un referéndum de secesión en Cataluña, legal y pactado, también están recibiendo insultos. Este es el caso del alcalde de Tarrasa (Barcelona), Jordi Ballart, quien expuso en su cuenta de Facebook la posición que mantendrá en su localidad -permitiendo que se celebre la consulta ilegal, pero no en los locales del Ayuntamiento- señalando los insultos recibidos previamente.

«Me han dicho que soy un 'botifler', un vendido, un cobarde, un cagueta y un traidor. También me han dicho que soy un sociata de mierda, que soy basura y que hago peste a caquita. Me ha sugerido que me marche fuera de Tarrasa, que no me volveré a despertar, que soy un mal catalán, un imbécil, un indigno, un trozo de mierda y un maricón asqueroso, entre muchas otras cosas. Se han metido con mi condición sexual y han traspasado el límite metiéndose con mi pareja y mis padres», añadió.

Más visual han sido las pintadas contra la alcaldesa de Palau-solitá i Plegamans (Barcelona), Teresa Padrós, que aparecieron en la fachada del edificio del Ayuntamiento el pasado 11 de septiembre: «Adolf Padrós», al lado de una esvástica nazi, y «Padrós, saca las urnas».