AGRICULTURA

Un arbusto africano se convierte en el guardián contra los robos en el campo

Numerosas fincas sevillanas están sembrando acacias espinosas para protegerse de los hurtos

SEVILLAActualizado:

Un arbusto o árbol espinoso africano se ha convertido en el mejor aliado de los agricultores y en su mejor baza para proteger su explotación contra los amigos de lo ajeno.

Aunque su uso está más extendido en la provincia de Huelva, las acacias espinosas empiezan a verse también cercando algunas fincas sevillanas, a tenor de los buenos resultados que está dando este vallado natural.

Una de ellas es El Esparragal, finca que aglutina 2.700 hectáreas repartidas al 50% entre los municipios sevillanos de Gerena y Guillena, cuyos propietarios son los Marqueses de Casa Oriol. La finca incluye 220 hectáreas dedicadas a cítricos y fruta de hueso cuya producción gestiona la sociedad Iberesparragal formada al 50% por El Esparragal e Iberhanse, empresa sevillana exportadora de cítricos.

La localización de los naranjos, situados a pie de la carretera de Gerena, los convierten en un blanco fácil para los ladrones. Hartos de sufrir continuos robos de naranjas y, «viendo que la alambrada no disuadía a los delincuentes, decidimos apostar por la siembra de acacias espinosas a lo largo de todo el perímetro de la finca que bordea la carretera (unos cinco kilómetros) y desde entonces no hemos vuelto a sufrir desagradables incidentes», señala el encargado de la sociedad, Miguel Ángel Hidalgo.

Muro impenetrable

Sus espinas largas y afiladas y su ramaje compacto convierten a esta especie de seto defensivo en «una valla impenetrable». Las semillas se pueden encontrar en cualquier vivero y su adquisición no requiere un gran desembolso, ya que el precio de cada planta ronda los 0,20 euros.

No obstante, «hay que seguir unas indicaciones relativamente sencillas pero muy importantes para su crecimiento, como sembrar una planta cada dos metros y cuidar el riego durante los dos primeros años», indica el encargado.

Se trata de un arbusto muy rústico, que rebrota con mucha facilidad, por lo que en apenas tres años puede alcanzar la altura de una valla convencional. Además, se adapta a cualquier tipo de suelo, también a aquellos más pobres y al ser originaria de África, tiene una gran tolerancia a la sequía, por lo que «pasados los primeros años no requiere apenas de mantenimiento, excepto la poda».

Se trata de una actividad necesaria pero «peligrosa» que requiere de «indumentaria y calzado adecuados para evitar arañazos y cortes con las afiladas púas, aunque a partir de determinado crecimiento es preciso utilizar una máquina de poda en altura o topping», señala Miguel Ángel Hidalgo.

Además de su función como «guarda de la explotación», el encargado señala que forma «una valla natural», por lo que «es idónea para aquellas explotaciones agrarias que además de ser productivas tienen un componente paisajístico o turístico importante, pues no distorsiona el conjunto de cultivos al tratarse de una planta más, lo que está popularizando su uso cada vez más en la provincia de Sevilla», señala.

De hecho, asegura que «hay otras explotaciones en una situación similar pero lindando con la carretera del municipio sevillano de Los Rosales y también han sembrado acacias espinosas para proteger a sus producciones agrícolas de los hurtos».