El expresidente del Popular Emilio Saracho durante su comparecencia en el Congreso
El expresidente del Popular Emilio Saracho durante su comparecencia en el Congreso - JAIME GARCÍA
COMISIÓN DE INVESTIGACIÓN DE LA CRISIS FINANCIERA

Saracho, sobre el Popular que heredó: «Toda Europa sabía que era el mayor problema bancario»

El último presidente alega que fue imposible resolver en seis meses una crisis de diez años y achaca la quiebra a la gestión de Ron

MadridActualizado:

Emilio Saracho no acepta la versión de Ángel Ron de que su gestión de 108 días hundió al Popular. El banquero que dirigió la entidad durante 12 años ha acusado a su sucesor este jueves en la comisión del Congreso de los Diputados que investiga la crisis financiera de sembrar el pánico para tratar de vender el banco a precio de derribo y causar así la fuga masiva de liquidez y el derrumbe en Bolsa que propició su intervención y resolución por las autoridades. Saracho, en cambio, ha defendido que la entidad arrastraba problemas de solvencia desde hace una década y eso desencadenó la crisis final.

"Se sabía en todo Madrid y en toda Europa que el Popular era el mayor problema bancario de Europa", ha espetado el banquero, que ha concretado que pese a ser uno de los bancos más pequeños de los 132 bajo supervisión del Banco Central Europeo (BCE), se convirtió en "el problema número de uno de la supervisión en Europa porque llevaba diez años sin conseguir velocidad de escape". El Popular, mientras el resto de entidades iban saliendo del ladrillo y de la crisis, amplió capital en tres ocasiones y hacía constantemente pequeñas operaciones de generación de recursos como la creación de sociedades conjuntas con otros socios en algunos negocios. "Pese a ampliar capital por 15.000 millones y hacer provisiones por 25.000 desde 2007, no era sólido, no era líquido, era gaseoso", ha resumido Saracho.

El último presidente del Popular antes de su resolución ha achacado esos problemas de balance a la excesiva y tardía exposición del Popular al negocio del ladrillo. La entidad, entonces presidida por Ángel Ron, se lanzó a financiar el negocio promotor e inmobiliario para competir con el resto del sector, pero cuando las demás entidades empezaron a frenar esa inversión, el Popular la aceleró. "Se pegó un tortazo a 200 kilómetros por hora contra el muro de la crisis tras haber hecho auténticas barbaridades: duplicar su balance cuatro veces y eso antes de adquirir el Pastor. No hay más explicación a la crisis del Popular que esa", ha explicado Saracho, que ha indicado que cuando llegó a la entidad, el 20 de febrero de 2017, el Popular "estaba en las últimas".

Saracho ha basado su comparecencia en hacer un discurso cronológico desde que le llamaron para sustituir a Ron a finales de 2016. En este sentido, el alto ejecutivo ha recordado que tras décadas de remanso, el consejo de administración vivía "un incendio de proporciones magníficas, una guerra abierta a la luz del día y estaba dividido en mitades". Con esto Saracho trata de explicar que su gestión no fue la de una entidad en situación de normalidad, sino de absoluta crisis, y ha señalado que esa crisis de gobernanza responde a esos problemas estructurales de solvencia que se arrastraban desde hace años y que tenían agotados a la cúpula.

"Nadie ha querido que este banco desapareciera, pero nadie ha podido de una sola jugada evitarlo. Tener que oír que yo he querido hundir el banco es absolutamente increíble. Es como decir que el bombero que acude a sofocar un incendio quemó la casa", ha respondido a las acusaciones de Ron de que Saracho infundó el pánico para tratar de abaratar el precio de la acción del Popular y venderlo rápidamente, y que para ello hizo una política de comunicación de crear alarma y que incluso reexpresó las cuenta de 2016 firmadas por Ron con el mismo propósito.

"Mi mensaje en la junta, donde dije que o se ampliaba capital o se vendía, no fue terrorífico, fue superpensado y lo volvería a hacer. No me podía poner delante de esa gente y no decirle la verdad. Si no lo hubiese hecho, hoy me estarían acusando de no decir la verdad a tiempo", ha justificado. "No tenía noticias buenas que dar, y las que habría que dar eran aún peores", ha llegado a decir.

Respecto a la reexpresión de cuentas de 2016, que se produce después de que a su llegada aflorase ajustes sin computar por Ron por 123 millones de euros, Saracho ha dicho que esos tres ajustes, en caso de llevar a una reformulación de los estados financieros, afectaba al párrafo de énfasis que ya había hecho Pwc sobre las cuentas en cuanto a un posible incumplimiento de las ratios de capital, porque supondría que ya se habían incumplido. El banquero ha relatado que al llegar al Popular preguntó a los responsables de riesgos de la entidad a cuánto ascendía el déficit de provisiones, y ante el desconocimiento ordenó que en el plazo de dos meses se hiciese una retasación de activos.

"Si un banco no sabe lo que tiene en el activo, no puede circular, es una bomba que se puede llevar por delante no a los accionistas o tenedores de bonos, sino a los ahorradores", ha dicho, añadiendo que un secretario le informó también de que los presupuestos del banco apuntaban ya al incumplimiento de las ratios de capital en menos de dos años, quizá a principio de 2018. "En las tripas el banco era un desastre", ha reiterado el sucesor de Ron, que ha concretado que en abril ya estimó en al menos 5.500 millones las necesidades de capital del Popular. Bankia, que estudió su adquisición, las cifró en 6.000 y el Sabadell en 11.000. El Santander, al final, amplió capital en 7.000 tras hacerse con él.

"Que hoy tenga que escuchar que Ron dice que el banco estaba sanísimo...", ha lamentado Saracho, quien posteriormente ha relatado que la pérdida de credibilidad del banco motivó la fuga de depósitos masiva y las filtraciones de la Junta Única de Resolución sobre su intervención temprana le dieron la puntilla. "Pero no voy a acusar a la presidenta de la JUR del problema, el problema es de solvencia", ha sentenciado el banquero, que ha había iniciado su discurso con un mensaje claro a su antecesor. "Yo no tengo ninguna satisfacción del deber cumplido, como sí dijo Ángel Ron", ha dicho en referencia a la frase con que Ron se despidió de la presidencia. "Decir que te vas así es provocador cuando te has cargado el 98% del valor de la acción, del legado de Luis Valls", ha espetado.