Draghi durante su visita a Madrid del pasado febrero
Draghi durante su visita a Madrid del pasado febrero - EFE

El BCE se enfrenta al desafío de un posible retorno a los estímulos

La entidad central podría adaptar su política a la situación de desaceleración y ofrecer a los bancos una nueva operación de liquidez para mantener el flujo de crédito a los prestatarios corporativos

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La OCDE ya adelantó ayer una severa rebaja de las previsiones de crecimiento para la zona euro, muy especialmente recortó las expectativas de Alemania hasta un 0,7% del PIB y sensiblemente por debajo de las predicciones oficiales, lo que indica que el Consejo del BCE se verá obligado a recortar también sus propias previsiones en la reunión de este jueves. Los mercados cuentan además con que, como consecuencia de ello, Mario Draghi proporcione alguna señal más fuerte que hasta ahora de que está en camino algún nuevo tipo de estímulo, quizá en forma de préstamos más baratos, con la esperanza de evitar que una ralentización inesperada se convierta en una desaceleración económica. Los analistas calculan que las posibilidades de que Europa caiga en recesión, dos trimestres seguidos de crecimiento negativo, son del 25%.

Con un Brexit que ni para atrás ni para adelante y una guerra comercial mundial marcando la economía, la confianza empresarial se ha vuelto negativa, lo que aumenta a su vez el riesgo de que los temores de recesión se hagan realidad y se extiendan desde Alemania e Italia al resto del bloque. Cualquier mensaje de consuelo de Draghi será sin duda leído como un cambio de política, ya que el BCE había puesto fin a la relajación cuantitativa en diciembre y había anunciado una subida de los tipos de interés para finales de este año. Pero los bancos centrales de todo el mundo están invirtiendo el rumbo, encabezados por la Reserva Federal de Estados Unidos, que ha señalado una pausa en las subidas de los tipos de interés y ha dicho que dejará de encoger su balance, lo que supone una gran ayuda para los inversores en bolsa. El BCE, en esta misma línea, podría adaptar su política a la situación de desaceleración y ofrecer a los bancos una nueva operación de liquidez para mantener el flujo de crédito a los prestatarios corporativos. En cuanto a las primeras subidas de tipos, los mercados no esperan ningún paso en ese sentido hasta bien entrado el año 2020.

En realidad, debido a la contracción de la producción industrial y las exportaciones, los bancos comerciales ya parecen estar restringiendo el crédito, lo que amenaza con reforzar la desaceleración. El BCE teme que si los bancos empiezan a reembolsar los préstamos que vencen el año que viene, su balance se contraerá rápidamente, lo que llevaría a que la política monetaria se endureciese automáticamente. Gran parte de la ralentización, por otra parte, es importada y por lo tanto está fuera del control del BCE, cuyo arsenal político es limitado, dados los largos años de estímulos y las tasas que aún se encuentran en un territorio negativo. "Aunque al BCE aún le quedan algunas municiones, su arsenal carece de opciones fáciles y gratuitas", advierte BNP Paribas en una nota a sus clientes. "Los datos recientes han puesto en duda la opinión del BCE de que la actual desaceleración se debe principalmente a factores temporales, que pronto van a desaparecer. De hecho, el deterioro de las perspectivas macroeconómicas parece ser más amplio y prolongado de lo que el banco central había previsto originalmente”, subraya.

Hoy sabemos sin el BCE se mantiene firme en su tesis, según la cual la caída del crecimiento es temporal y muchos de los culpables de ello ya no estarán presentes en la economía europea después de la primavera. De hecho, algunos indicadores recientes parecen mostrar signos tímidos de estabilización, lo que respalda la cautela del BCE. En las nuevas previsiones trimestrales, se espera que la previsión de crecimiento disminuya a 1,3% este año, desde el 1,8% anterior, y un leve repunte para el próximo año. Más preocupante aún es que la previsión de la inflación, que continúa muy por debajo del objetivo del BCE de casi el 2% en los próximos años, lo que sugiere que el banco seguirá sin cumplir con su objetivo hasta bien entrada la próxima década. El economista de Commerzbank Michael Schubert señala que “en vista de los tipos de interés negativos, el exceso de liquidez registrado y la naturaleza de los problemas actuales, el impacto de otras medidas adicionales que aplicase el BCE podría ser menor".

El debate subyacente, en todo caso, es más profundo. El economista jefe del BCE, Peter Praet, ya dijo en febrero que "el clima económico la zona del euro cambia de forma fundamental y no sólo de forma temporal" debido a los conflictos comerciales y la incertidumbre política. Praet añadió que el BCE deberá reaccionar en caso de que la situación empeore y anunció que el Consejo de Gobierno discutiría pronto sobre nuevas operaciones de liquidez a muy largo plazo. El miembro del comité ejecutivo del BCE Benoît Coeuré también ha mencionado la próxima discusión sobre nuevas operaciones de liquidez ante el temor de que los bancos comerciales reduzcan sus préstamos desproporcionadamente si la economía continúa deteriorándose, porque apenas pueden asumir más riesgos debido a que sus beneficios son débiles.