El CEO de Facebook, Mark Zuckerberg
El CEO de Facebook, Mark Zuckerberg - AFP

Bruselas eleva la presión sobre las criptomonedas

Pese a su proliferación, las divisas digitales son todavía percibidas por las instituciones como una «zona gris» vinculada al fraude y el delito

Cris de Quiroga
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Desde que el desconocido Satoshi Nakamoto creara el bitcoin, los reguladores tratan de controlar el mercado cada vez más desbordado de las criptomonedas. El último tirón de orejas procede de Bruselas, donde la Comisión Europea está investigando la Libra, la moneda digital que Facebook pretende lanzar en 2020, por «posibles prácticas anticompetitivas». Estas reticencias de las autoridades comunitarias -y de EE.UU.- a las ambiciones de Mark Zuckerberg vuelven a poner sobre la mesa las dudas sobre las criptodivisas, que proporcionan un sistema de intercambio de dinero en el que los usuarios gozan de anonimato. Sus detractores apuntan a su inutilidad -las apodan «shitcoins»-, pero también a que son terreno fértil para el delito.

No obstante, «en la práctica, el uso que se hace de las criptomonedas para blanqueo, compra de armas, pornografía, etc..., es muy minoritario», asegura el experto en ciberseguridad y «blockchain» Víctor Escudero. Los ciberdelincuentes prefieren utilizar dólares, euros u otros bienes. «Es como haber criticado a internet en los primeros años porque todo lo que había en internet era pornografía infantil», añade. De hecho, «probablemente, la mayor cantidad de delincuentes por blanqueo de dinero y por evasión de impuestos se encuentra en el marco de los especuladores», explica Pedro Fernández, de la consultora especializada en nuevas tecnologías Smarthc.

Las transacciones con criptomonedas no están exentas de impuestos. Así, los que compran criptoactivos para venderlos por un precio más alto obtienen un incremento patrimonial por el que deben tributar. Pero «nadie está declarando», señala Fernández Burgueño.

Dudas regulatorias

El problema es que «las criptomonedas y su uso están permitidas, pero no se encuentran reguladas», avisa el profesor del departamento de Economía de Finanzas de Esic, Francisco Isidro, que habla de una «zona gris». Como indica este académico, las tres legislaciones más amables son Suiza, Malta y Gibraltar, que intentan captar compañías emisoras de ICOs («Initial Coin Offering»), operaciones de financiación para proyectos desarrollados sobre «blockchain».

En España, el primer posicionamiento data del comunicado conjunto del Banco de España y la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores) del 8 de febrero de 2018, en el que anunciaban «que no era obligatorio aceptarlas como moneda de curso legal».

Sin embargo, aunque parezca que este mercado goza de libre albedrío, las casas de cambio tradicionales («exchanges») cuentan con protocolos para identificar las actividades delictivas, además de estar «bastante controladas por las haciendas y administraciones de todo el mundo», asegura Fernández.

Eso sí, algunas de estas plataformas de intercambio de activos disponen de «mixers», esto es, «mezcladores de bitcoin», como explica este experto, de forma que no queda registro de las criptomonedas que entran y salen mediante este mecanismo, que acostumbra a estar vinculado a la «darknet» (la red oscura). Pero, según Isidro, existe un problema legal con estas plataformas -especialmente las online-, donde «no hay una regulación específica y solo se recomienda que cumplan con la directiva europea 10/2010 contra el blanqueo de dinero y la financiación del terrorismo». Una «recomendación», subraya, obligatoria desde 2020. De cualquier forma, este experto de Esic no cree que haya más delitos que con dólares y francos suizos.

Ahora bien, también es cierto que no todos las criptoactivos son igual de seguros. «Los ciberdelincuentes se están pasando del bitcoin -que se caracteriza por su trazabilidad- a Monero, una moneda que permite un mayor anonimato», explica Fernández.

Falsas transacciones

Algunos expertos opinan que un enorme porcentaje de las transacciones con criptomonedas son una estafa, ya que muchas se emplean para fingir una suerte de salida a Bolsa. «Cuesta muy poco hacer un clon de bitcoin, esperar a que se revalorice muchísimo y desaparecer [vender todos los activos]», asegura Escudero, quien opina que, si bien es cierto que muchas de estas ICOs fracasan porque su idea de negocio no sale a flote, «un 80 o 90% han sido directa o indirectamente algún tipo de fraude». Solo el año pasado captaron 19.000 millones de euros, según el grupo de trabajo interno de criptoactivos del Banco Central Europeo (ICA-TF), que cita un estudio de Satis Group por el que se estima que el 70% de los fondos captados terminaron en empresas que siguen madurando.

Por otro lado, en un contexto de desaceleración global e incertidumbre por el Brexit, las tensiones comerciales y una posible recesión -auspiciada por Alemania, la locomotora europea-, las criptomonedas (en especial, el bitcoin) aparecen como activos refugio para muchos inversores.

«Tienen unas características muy parecidas al oro, aunque fluctúan más», indica el profesor del departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad de Esade, Jesús Palau. Sin embargo, este analista las considera un «fraude», ya que no todo el mundo tiene los suficientes conocimientos de informática para comprender cómo funcionan las criptomonedas.

Con todo, este mercado de 1.900 criptoactivos ha sufrido una fuerte corrección, muy relacionada con la evolución negativa del bitcoin, que supone más del 54% del total. Su capitalización pasó de 650.000 millones de euros en enero de 2018 a 96.000 millones un año más tarde, lo que, en términos relativos, representa el 4% de la capitalización de mercado de las «FAANG» (Facebook, Apple, Amazon, Netflix y Alphabet), según el grupo especializado del BCE.