La alta deuda pública deja a España sin salvavidas ante la próxima crisis

Los economistas alertan de la falta de medidas de unos Presupuestos «electoralistas»

MADRIDActualizado:

La deuda pública ha pasado de ser el as que se escondió España en la manga y con el que logró bandearse en los años más duros de la crisis a convertirse en su talón de Aquiles en materia económica. El endeudamiento público se encuentra actualmente en niveles históricamente altos, ya supone el 97,5% del PIB, tras haber amortiguado el hundimiento en picado de la recaudación, el aumento del gasto en prestaciones por desempleo y varios rescates bancarios que dejaron un factura millonaria. Factura que se dejó a pagar en los años de bonanza y que ahora inquieta a los economistas ante la inacción del Gobierno y la falta de medidas urgentes de reducción de la deuda y contención del gasto.

Porque tras años de cálido crecimiento, tanto España como la Eurozona comienzan a pisar ya el sombrío terreno de la desaceleración. Y la clave para poder sostener sin problemas un nivel elevado de deuda está en alimentar un PIB sólido que permita pagarla. La semana pasada, sin ir más lejos, la Comisión Europea recortó las previsiones de crecimiento a la plana mayor de la zona euro, incluida España, ante el «menor crecimiento del esperado en 2018» y la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

«La próxima crisis llegará, no sabemos cuándo, pero llegará. Y si no hemos hecho nada antes, nos pillará sin margen de maniobra y no podremos evitar que los recortes sean verdaderamente desagradables. Si comienzan a hundirse los ingresos y para entonces no hemos reducido nuestro nivel de deuda habrá que recortar de donde se pueda porque será difícil que nos presten mucho más. Por eso debemos intentar reducir nuestro endeudamiento durante los años en los que la economía está más fuerte. Lo cierto es que deberíamos haber empezado a hacerlo unos años atrás, ahora vamos tarde pero es mejor empezar ya y no dejarlo pasar más», explica Ángel de la Fuente, director ejecutivo de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea).

Durante los once años que finalizaron en 2007, justo antes de que estallara la burbuja de «subprime» en Estados Unidos y desencadenara después la crisis del euro, España creció a un ritmo medio del 3,6%. La deuda pública suponía el 36% del PIB. Desde entonces, el endeudamiento no ha dejado de crecer año a año y casi se ha triplicado, pasando de los 436.984 millones de euros (el 40% del PIB en 2008) a los 1,169 billones de noviembre de 2018 (el 97,5%). Sin embargo, en el terreno político, las medidas encaminadas a reducir la deuda brillan por su ausencia. El proyecto de Presupuestos Generales del Estado, que estos días afronta su negociación parlamentaria, refleja un recorte del déficit, aunque la deuda apenas baja, ya que el Gobierno solo reduce su previsión en una décima al 95,4% del PIB en 2019. Se trata de la misma revisión que se hizo un año antes, aunque finalmente se cerró 2018 en el 96,9% (frente al 97% calculado sobre el papel). De hecho, se espera aumentar las emisiones netas del Tesoro hasta los 35.000 millones, frente a los 34.277 de 2018.

Sí que reconoce el Ejecutivo que el PIB comienza a perder fuerza y comienza a acercarse ya a la cara descendente de la gráfica. «Deberíamos estar preparando nuestras arcas para afrontar la próxima crisis, nuestro paraguas particular. Ése que nos ayudó en 2007 y que ya no tenemos. Ahora mismo España tiene muy poca capacidad fiscal y aunque hoy pagar sea fácil, no deja de ser un escenario preocupante a medio plazo porque compromete la capacidad de acción pública», advierte Isabel Rodríguez, catedrática de la Universidad de Navarra. Coincide con ella De la Fuente: «Los Presupuestos Generales del Estado deberían hacerse pensando en reducir la deuda y desde luego los que ha presentado el Gobierno no parece que se hayan hecho así. Me gustaría ver en el Ejecutivo una mayor preocupación por este asunto».

«Con las manos atadas»

«Hay que tener en cuenta, además, que nosotros nunca amortizamos la deuda, sino que la refinanciamos. Si la economía crece y aumentan los precios, el peso de nuestra deuda en relación al PIB -que es el indicador que se toma de referencia para testar la capacidad de pago de un país- va disminuyendo. Por lo tanto hay que estar muy atentos a que la deuda no crezca más rápido que el PIB nominal y desde luego no podemos fiarlo todo al crecimiento porque si entramos en recesión el déficit se hará mucho más fuerte y la deuda se disparará. Esta situación te impide poner en práctica una política fiscal expansiva, tienes las manos atadas», asevera José María O’Kean, profesor del IE Business School.

Una de las causas de esta inacción hay que buscarlas en que la necesidad, de momento, no apremia y el mismo Ejecutivo que ha presentado unos Presupuestos «imposibles» y «de marcadísimo corte electoral», en palabras de O’Kean, no parece el más interesado en resolver un problema que estallará a medio plazo. Las facilidades de pago de nuestra deuda siguen siendo, hoy por hoy, enormes, con tipos de interés en mínimos, incluso cuando el Banco Central Europeo ya ha comenzado a retirar sus programa de estímulos de política monetaria.

Títulos en manos de extranjeros

Los principales bancos centrales de todo el mundo y los fondos públicos se convirtieron estos años atrás en los principales tenedores de deuda soberana. Algo que ahora supone un desafío pues, aunque el apetito de los inversores privados parece haber despertado, la perspectiva de que un nuevo ataque de pánico afecte al mercado y limite la liquidez sigue siendo fuente de preocupación para los gestores.

En lo que se refiere a nuestro país, la posibilidad de contagio de Italia si la situación se complica -la volatilidad ha vuelto a la prima de riesgo, que ha pasado de un mínimo de 239 puntos básicos a finales de 2018 a niveles de 284- está presente, aunque de momento el diferencial de España se mantenga estable. A favor de nuestro país está también el haber entrado en el grupo de países que tiene un rating de «A-» o superior, lo que le ha permitido beneficiarse de un abanico de inversores mayor. De hecho, los inversores asiáticos se adjudicaron un 12% de la última emisión sindicada española frente a un testimonial 1% que supusieron en la emisión portuguesa o italiana.

El lado más negativo del panorama saca a relucir los importantes riesgos internacionales que acechan a la economía internacional y que pueden pillar a España con el pie cambiado. Así lo indica Rodríguez que alerta además del «elevado coste de oportunidad que tendrá la deuda cuando comiencen a subir los tipos de interés. Si se ralentiza la economía global, habrá menos ingresos fiscales y al final el coste relativo será mucho mayor».

Ante esto, el camino es simple, aunque no parece sencillo. «Para rebajar la deuda, sólo hay dos vías: gastar menos o ingresar más, para así reducir el déficit y a poder ser eliminarlo. Desde luego es menos malo ir bajando poco a poco los niveles de deuda que de pronto tener que enfrentarse a un problema mayor sin recursos», concluye De la Fuente.