Luis Enrique
Luis Enrique - REUTERS
Selección española

España pierde el efecto Luis Enrique

La debilidad defensiva es un problema, aunque no hay liderazgo más allá de Sergio Ramos

Luis Enrique: «Hasta la última jornada va a haber opciones»

Las claves de la dolorosa derrota de España ante Croacia (3-2)

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El efecto de Luis Enrique se ha desinflado dejando a España en el mismo sitio de los últimos años. Postrada después de contraataques que la dejan destrozada o atónita después de balones a un segundo palo en el que nunca hay nadie. Es lo que recordaremos: De Gea girando el cuello abierto de piernas como en un spagat de ballet y Ramos pidiendo explicaciones oculares a sus sucesivos laterales con chiribitas a lo Marujita Díaz.

El gol tiene padre, el desastre defensivo no.

El mundo entero coge a España a contrapié y el trabajo de Luis Enrique, que se ha notado, topa con la misma tozuda realidad: los jugadores.

Isco es un futbolista un poco velazqueño que resulta maravilloso como complemento pero que no permite un «Iscocentrismo» porque él mismo es un satélite que rueda y rueda dando mil vueltas. Isco es luna, no planeta; es una pequeña orbitación personal alrededor de algo con mayor gravedad.

¿Pero qué? Se va acabando Busquets, Koke perdió el tren y la generación de Saúl, Asensio y Ceballos goleó a Croacia en pleno veranillo de San Miguel, cuando ya no es pretemporada pero tampoco temporada plena. Eso debimos ponerlo entre paréntesis.

Ceballos es el único capaz de recomponer mínimamente la legendaria diagonal de Iniesta, Saúl tiene más llegada que presencia, y Asensio se ha expresado como portavoz generacional y en lugar de destrozar los escalafones se ha sometido a ellos como un boy scout. Solo le falta pedir a Del Bosque para que le preparen la famosa «Transición Tranquila». El problema es que no hay mucho a lo que suceder. Se está empezando a acabar lo que iba a sustituir a lo que se estaba acabando.

Así que lo que queda es Ramos, además de un montón de buenos laterales intercambiables y de pequeños delanteros ninguno de los cuales mejora al otro.

Se detecta también una especie de ilusión táctica a mayor escala. La ladina intervención de los entrenadores en el llamado “estilo”. Lo respetan y lo aplauden, se declaran todos elegantes herederos, pero luego no lo llevan a sus últimas consecuencias.

El planteamiento inicial contra Croacia era buscar la «profundidad por los laterales», pero esa es una profundidad muy poco profunda. A la espalda de los laterales luego hubo auténticas carnicerías, siendo la de Perisic la mayor de todas.

España sabe tocar y tiene momentos estupendos de conservación, pero ese juego que es nieto de Luis, sobrino de Pep, bisnieto de Cruyff, tataranieto de La Quinta, no se lleva al extremo. No se lleva al uno contra uno, sino que se refugia en los laterales y en mucho «hombre interior». Mucho mundo interior. Hay algo rutinario en ese juego que tramita la pelota hasta un punto en el que ha de surgir la chispa, el músculo, la fuerza o el regate sin que surja nunca, en un constante diferimiento.

Porque cuando entró Suso lo hizo muy bien, y es el segundo partido que sucede. Suso parte de la derecha hacia el centro porque es zurdo, pero lo hace con naturaleza de extremo. El fútbol de España es un estilo del que se han ido apoderando los laterales. Durante gran parte del partido España tocó hasta un lugar en la mediapunta en el que descubre su vacío generacional.

Tener, lo que se dice tener, España solo tiene a Sergio Ramos. Con todo lo que eso significa. Se van cayendo capas generacionales y va quedando él. Le van colocando gente al lado y el final siempre es el mismo sonoro derrumbamiento. No hay defensa, solo hay Sergio Ramos. Y cuanto peor es la defensa, más importante es él. Seis goles en contra en dos partidos.

Acude al remate porque no hay rematador, lanza los penaltis, asume la responsabilidad deportiva, la civil y hasta la patrimonial y persigue los rivales en «tacklings» que duran varios segundos. Está heroico y calamitoso a la vez en una especie de épica hacia atrás de España en la que él es Poli Rincón, Camacho y Calderé corriendo hacia su propia portería.

Aspas dijo esta semana que Ramos «tiene los huevos cuadrados» en lo que supone el máximo reconocimiento personal que es posible recibir en España. Es el toisón de oro del cojonudismo. Es la cuadratura del huevo, el no va más, cuando ya no se discute el tamaño (unidad de medida: el Espartero) sino su proporción, como si fuese el Vitruvio de la testiculina.

Luis Enrique tiene trabajo por delante. Lo antiguo ya se fue y lo nuevo no llega. Queda Ramos.