Simon Yates, en la última etapa de la Vuelta a España
Simon Yates, en la última etapa de la Vuelta a España - AFP

Vuelta a EspañaLa Vuelta rejuvenece con Simon Yates y Enric Mas

El británico gana la ronda con 26 años, por delante del talento del mallorquín, de 23, y del colombiano López, de 24

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Cuando el belga Gustaaf Deloor ganó la primera Vuelta a España, en 1935, aún no había cumplido 22 años. Era otro ciclismo y eran otros tiempos y otras vidas. Deloor tuvo que darse prisa porque iba a tener un viaje vital repleto de acontecimientos: además de poner su nombre al nacimiento de la Vuelta, fue soldado en la II Guerra Mundial y prisionero en un campo de concentración. Al volver a casa la encontró vacía. Le habían robado todo. Arruinado, reinició su vida desde cero en Estados Unidos. Se casó primero con una mujer 25 años menor que él y luego con otra 25 años mayor. Acabó de mecánico en una empresa que trabajaba para la NASA y sus aventuras espaciales. Por eso, su biografía se titula: ‘De la Vuelta a la Luna’.

Por unos meses de adelanto sobre Deloor, el ganador más joven de la ronda española es Argelino Soler, con 21 años en 1961. Más allá de la edad, la Vuelta anunció la llegada de elegidos como Bernardo Ruiz, Ocaña, Fuente, Delgado, Hinault, Heras, Contador, Nibali, Aru... También Froome se destapó aquí, cuando fue segundo en 2011. La edición que acaba de terminar con victoria al sprint de Viviani -la tercera en esta ronda- en Madrid por delante de Sagan, Nizzolo y Aberasturi, añade un puñado de nombres a esa lista de jóvenes promesas. El ganador final, Simon Yates, tiene 26 años, una edad a la que Induráin todavía no había firmado ninguno de sus cinco triunfos en el Tour. El segundo en la general, el mallorquín Enric Mas, es el benjamín con 23 años. Y el tercero, el colombiano Miguel Ángel, ‘Supermán’, López sólo ha cumplido 24.

La Vuelta, además, ha apuntado con el dedo a nuevos dorsales, como el ecuatoriano Carapaz y como Cristian Rodríguez, Tao Geoghegan, Sepp Kuss, Iván García Cortina y el navarro Óscar Rodríguez, que pudo con un escalador de la talla de Majka en la cima de la Camperona. Este cambio generacional coincide con un dato que ayuda a creer en la regeneración de este deporte: ninguno de los tres primeros estuvo en el Tour. Los que en julio se desgastaron en Francia, como Valverde, Quintana y Ion Izagirre, han pagado al final ese sobresfuerzo. Lógico.

Yates y ‘Supermán’ cruzaron espadas en el Giro, en mayo. Y para Enric Mas, apenas un recién llegado, esta Vuelta era la primera ‘grande’ del año. Los tres iniciaron esta carrera más frescos. Esa es una de las claves para dominar la Vuelta, que se celebra en septiembre, cuando los depósitos de gasolina bordean la reserva. La ronda española está diseñada para alcanzar el final con varios candidatos en liza. No hay maratones en montaña, sustituidos por finales explosivos que mantienen a los favoritos separados sólo por un puñado de segundos. La subida a Oiz, éxito de público, es un nuevo ejemplo.

Simon Yates empezó a ganar esta Vuelta cuando en mayo perdió el Giro ante Froome, más paciente, más hecho. Yates malgastó su fuerzas en exhibiciones durante la primera mitad de la ronda italiana. Lo pagó, al contado, en la etapa de la Finestre. Froome le destruyó esa tarde. El joven derrotado no se hundió, guardó sus pedazos, los soldó, aprendió y vino a la Vuelta para aprobar su asignatura pendiente: la economía de gasto. Sobresaliente. Esperó al final, a las dos últimas etapas. Con un golpe tumbó el viernes a Valverde y Mas en la Rabassa. Y el sábado gestionó su fatiga para llegar al coll de la Gallina una veintena de segundos después de Mas y López, los más enteros en ese colofón de la carrera.

Enric Mas, como anunció Contador justo antes de jubilarse el año pasado, es el futuro. Su destello ciega. En abril resistió ante Mikel Landa en la subida a Arrate, en la Itzulia, donde logró su primer triunfo. El del coll de la Gallina es el segundo. Esta Vuelta ha elevado su techo. Casi al infinito. Supo sobrellevar una enfermedad en el ecuador de la carrera. Pecó de prudente en la Rabassa al no salir al ataque de Yates. Y desplegó todas sus virtudes, talento y ambición, el último día de montaña en la Gallina. Esa montaña fue la tarima de su gran victoria, la que le sube al podio por detrás de Yates y por delante de López, líder del equipo más sólido y valiente de la carrera, el Astana. El colombiano, aún por pulir, disputa a muerte cada prueba en la que se alista. Es un valor seguro. Y es atrevido. Con la ayuda de gregarios como Omar Fraile y Pello Bilbao, ha recogido el premio que merecía: un lugar en el cajón de Madrid.

A esa altura no ha llegado Alejandro Valverde. Con 38 años y un palmarés abarrotado de todo tipo de triunfos, no se le podía pedir tanto. Tras desgastarse en el Tour en favor de Quintana, inició la Vuelta en ese mismo papel. Al servicio del colombiano. Y, mientras tanto, ganó dos etapas, una por delante del prodigioso Sagan. Los dos, el eslovaco y el murciano, son una bendición para el ciclismo. Siempre están presentes. Valverde, segundo en la general hasta la última etapa de montaña, ha estado cerca de regresar al podio pese a que a su equipo, el Movistar, le costó descartar la opción de Quintana, un escalador cuesta abajo, para centrarse solo en el murciano. Hace mucho ya, en 2003, Valverde subió por primera vez al podio de la Vuelta. Fue tercero. Tenía 23 años, como ahora Enric Mas, y tenía por delante el prometedor futuro que después ha cosechado. Ahora, el porvenir reclama a Yates, Mas y López.