Alejandro Valverde, de Movistar, preparado para la salida de la séptima etapa del Tour de Francia
Alejandro Valverde, de Movistar, preparado para la salida de la séptima etapa del Tour de Francia - EFE

Tour de Francia 2018El Movistar doma las piedras

El equipo de Unzúe controló por completo la etapa más hostil y mantiene sus tres bazas para el Tour

RoubaixActualizado:

A Eusebio Unzúe le duelen las etapas sobre pavés. No las entiende. Cree que generan un riesgo excesivo. «Si haces recuento de esta jornada, verás que se han caído casi todos los favoritos. Qué pensará Porte. Y mira nosostros, mira el susto que hemos tenido con Mikel (Landa)», decía a la sombra del autobús del Movistar en la meta de Roubaix. Los ciclistas venían de algo más que una etapa. Quintana, tan menudo, se abrazó a Erviti, tan largo. Parecían padre e hijo. Todos se felicitaban. Seguían en pie. Ese era el triunfo. Han esquivado las nueve primeras jornadas, el tramo en el que podían perder el Tour. Tras la jornada de descanso de hoy irán a ganarlo. «Contamos con la ventaja de mantener ahí a nuestras tres bazas», se felicitaba Unzúe. Valverde, quinto en la general, y Landa, décimo, están empatados con sus rivales. Quintana cede un minuto más, el que perdió en la caída del primer día. «Hemos cerrado una primera parte de Tour de ensueño», resumió Unzúe.

El Movistar ofreció una sinfonía redonda en el escenario menos adecuado a su perfil: el anfiteatro de los adoquines. Nada desafinó. Ni el material. «Somos el único equipo que no ha sufrido ni un pinchazo», reveló el técnico navarro. Al Tour sólo le queda montaña y la quebrada contrarreloj final. Cambio total de paisaje. «Pero, cuidado, esta etapa de pavés va a pasar factura. Tras un esfuerzo así no vale con un día de descanso. En las dos primeras jornadas alpinas puede haber unas cuantas sorpresas», alertó.

El día empezó torcido. José Joaquín Rojas, el hombre designado para darle su bicicleta a Quintana si era necesario, fue víctima de la primera caída. Molido, tuvo que retirarse. Parecía un mal augurio. Y no. Los siete corredores restantes funcionaron como un engranaje perfecto. En cada tramo, Valverde, Landa y Quintana aparecieron junto a Sagan, Van Avermaet y Gilbert, las bestias de los adoquines. Mientras Bardet, Froome, Dumoulin y Nibali pasaban apuros, Valverde se regalaba el lujo de pelearles el dominio de infierno a los mejores clasicómanos. «Estoy muy bien. Ha sido increíble», dijo el murciano, que con la edad mejora, que sin presión, feliz, puede ser clave en este Tour.

El final de la etapa fue azul. Delante, Valverde salía a por Sagan. Quintana a por Froome. Todos amarrados por el Movistar. Detrás, el equipo de Unzúe remolcaba a Landa. De perder un minuto tras las caída, el alavés apenas cedió siete segundos. Esa mínima pérdida era el mejor calmante para el escozor de sus heridas. El Movistar quiso conservar sus tres bazas. «Hemos arriesgado al dejar a Valverde y Quintana sin gregarios, pero había que salvar a Landa», contó Unzúe. Vino al Tour con tres cartas y las mantiene. Nadie tiene tantas en este Tour que ya tira hacia los Alpes. Landa y Quintana son escaladores. Valverde es el ciclista total. Tres para ganar este Tour que ahora se inclina hacia arriba, a su favor.