Recreación de un agujero negro
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La historia desde el Big Bang hasta el final del universo en ocho momentos claves

El historiador David Christian entrelaza en «La gran historia de todo» la evolución del cosmos, de la vida y del hombre para conocer nuestro pasado e imaginar el futuro

MadridActualizado:

Hace 40.000 años, un grupo de personas se sentaba alrededor de una hoguera al ponerse el sol en la orilla del lago Mungo, en Nueva Gales del Sur, Australia. Los mayores contaban a los jóvenes historias que habían aprendido de sus antepasados, relatos en los que intentaban dar explicación a las estrellas, a su propia existencia o a la de los lagartos monitor, los ualabíes o los wombats que encontraban cuando salían de caza. De esta forma, los maestros trazaban las grandes líneas de un mapa de conocimiento común que mostraba a los miembros del clan el lugar que ocupaban en el universo.

Desde entonces, el saber que ha acumulado la humanidad es exponencialmente más complejo. Qué sabrían las gentes del lago Mungo de cálculos matemáticos, física cuántica o tectónica de placas. Pero a diferencia de ellos, rara vez somos capaces de tejer todos esos conocimientos en un relato coherente y fiable, alejado de los mitos, que dé forma a nuestra identidad. Ese es el objetivo con el que David Christian, profesor en la Universidad Estatal de San Diego y erudito de la historia rusa, ha escrito «La gran historia de todo» (Crítica), un título sin duda ambicioso pero que cumple con honestidad lo que promete: Contarlo todo, desde la gran explosión conocida como Big Bang que dio origen a nuestro universo a lo que ocurrió prácticamente ayer. Y lo que está por venir.

El autor es el creador de la llamada «Big History» (Gran Historia), una especie de metanarrativa construida a partir de disciplinas científicas e históricas dispares que tiene entre sus fervientes defensores al magnate Bill Gates, quien está ayudando a llevarla a las escuelas secundarias de todo el mundo. En el ensayo, Christian lleva a cabo su enorme empresa apoyándose en ocho momentos clave en los que han surgido nuevas formas de complejidad, entre los que destacan el nacimiento de las primeras estrellas, la formación del sistema solar, la aparición de los primeros seres vivos en la Tierra, el fin de los dinosaurios, las primeras pruebas de Homo sapiens, los imperios, los combustibles fósiles, la llegada a la Luna, la globalización y lo que irremediablemente sucederá en el futuro: la muerte del Sol y el triunfo de la entropía o el fin del universo. ¿Es que hay algo más que se pueda contar? Pese a lo atrevido de la propuesta, es justo reconocer al autor un mérito inmenso: que cada capítulo se lea con gusto, como si se tratara de una gran novela en la que suceden las cosas más increíbles. al tiempo que mantiene una rigurosidad científica exquisita.

Christian recurre a las teorías más aceptadas en cada campo al tiempo que introduce los últimos descubrimientos, lo que convierte el ejemplar en un compendio de saberes minuciosamente actualizado. Por ejemplo, respecto a la aparición de nuestra propia especie, recuerda que el cráneo más antiguo atribuido a un sapiens, hallado en el valle del río Omo, en Etiopía, tiene casi 200.000 años. Sin embargo, cita también el reciente hallazgo de unos restos humanos en Marruecos de 300.000 años de antigüedad, matizando que la exacta relación que pueda vincularlos con nosotros «sigue siendo incierta». Atreverse con absolutamente todo es tan osado que no sería difícil que haya expertos dispuestos a puntualizar algunos asuntos y mover algunas comas.

El milagro de la vida

Pero si hay algo que rezuma el libro es que somos unos suertudos. La vida en la Tierra es prácticamente un milagro que debemos agradecer a un sol fiable del que mantenemos una distancia adecuada, una luna insólitamente grande que estabiliza tanto la órbita como la inclinación del eje de rotación terrestre... Muchas cosas podían haber salido mal. Una supernova o el choque con otro planeta nos podrían haber barrido del mapa. Pero aquí estamos los seres humanos, tan grandes para una bacteria como el Burj Khakifa de Dubai, con sus 830 metros de altura, para una hormiga.

Tan grandes y qué poco relevantes, como nos hace ver el historiador desde el principio. Si pensamos que el universo surgió hace 13,8 años en vez de 13.800 millones, los primeros seres vivos hicieron su entrada hace 3 años y 9 meses y nosotros mismos hace apenas 100 minutos. ¡No es nada! Y no conquistamos nuestro satélite natural hasta hace 1,5 segundos. Sin embargo, cuántas cosas hemos hecho en tan poco tiempo y qué influencia ejercemos en nuestro medio, tanta que nuestra época se llama Antropoceno. En nuestras manos está, dice el autor, no llevar el planeta a la hecatombe. Y si somos capaces de prosperar, perdurar y salvar el globo, lo que viene después será un buen número de preguntas. ¿Habrá una mente global única e inmensa gracias a la tecnología? ¿Encontraremos una fuente de energía inagotable? ¿Emigrarán nuestros descendientes a otros mundos? Sea como sea, David Christian recuerda que el universo es «indiferente a nuestro destino». En última instancia, una canibalesca guerra civil de agujeros negros hará que desaparezca cualquier rastro de estructura y orden en el cosmos. Y quizás la historia prosiga en otro universo que no conocemos.