Internacional

Más de 7.000 «scouts» ayudan a los peregrinos que van a La Meca

Los medios saudíes señalan la importancia del trabajo de los exploradores, que impeden que se repita una tragedia como la que el año pasado salpicó el «hach»: más de 1.757 personas murieron en una estampida

Multitud de peregrinos musulmanes realizan la oración del mediodía en la mezquita de Nimra, en la llanura de Arafat, cerca de La Meca - EFE
SULEIMAN AL ASAD/EFE Riad - Actualizado: Guardado en:

El joven Anwar, de 22 años, se siente satisfecho cuando ayuda a un niño perdido a encontrar a su familia, le ofrece agua a un anciano o empuja la silla de ruedas de un peregrino. Es uno de los 7.000 exploradores o «kashafa», en árabe, desplegados en La Meca durante la peregrinación que tiene lugar estos días. «Los momentos más felices para mí son cuando escucho que la gente reza por mí o cuando recibo la bendición de los ancianos, las sonrisas de agradecimiento de las mujeres o la alegría de los niños, que suelen tomarse fotos conmigo por mi uniforme diferente» cuenta este escultista (scouting, explorador que pertenece al movimiento Scout), que trabaja estos días en la ciudad santa de La Meca. Asegura que se unió a los «boy scouts» para seguir los pasos de su padre, quien le animó a formar parte de este grupo «para ayudar a los demás», relata el joven, que se incorpora a los exploradores durante los días del «hach» (peregrinación) y las vacaciones escolares.

Anwar es uno de los 7.000 escultistas encargados, este año, por la Asociación de «Boy Scouts» saudí de ayudar a los peregrinos en las ciudades de La Meca y Medina y en los alojamientos levantados para los casi dos millones de peregrinos que se han desplazado a Arabia Saudí para cumplir con el quinto pilar del islam. Hasta el momento, los exploradores han ayudado a al menos 7.662 peregrinos desde el comienzo del «hach», este sábado, y está previsto que asistan a unos 200 mil fieles en los próximos días, según un comunicado de la asociación saudí. Los ritos específicos de la peregrinación se prolongan durante siete días, aunque la presencia de los peregrinos en Medina y La Meca, suele prolongarse durante dos semanas.

Los exploradores han distribuido ya 30.000 sombrillas a los creyentes presentes en el «hach», para que puedan protegerse del intenso sol que reina estos días, así como otras tantas alfombras para que puedan realizar la azalá (oración). Además, su asociación ha imprimido dos millones de mapas para facilitar el tránsito de los visitantes entre los distintos puntos donde se llevan a cabo los ritos del «hach», separados a veces por más de 20 kilómetros de distancia.

Los ministerios saudíes del Hach, Asuntos Islámicos y Sanidad junto con el Banco Islámico para el Desarrollo y las autoridades locales cuentan ya desde hace años con la importante colaboración de los exploradores durante los días de la peregrinación. La Asociación saudí de los «Boy Scouts» fue fundada en el reino el año 1961, ocho años después de que el entonces monarca saudí Abdelaziz creara un proyecto destinado a ofrecer ayuda a los peregrinos de La Meca, en el que participaron 150 escultistas. Actualmente, la Asociación cuenta con 19.269 exploradores. Aunque en un primer momento sus filas se nutrían de voluntarios de todos los países islámicos, a partir de 1974 comenzó a evolucionar hacia un cuerpo exclusivamente saudí.

Este año, su papel ha sido ensalzado por numerosos medios nacionales, que señalaron la importancia de su trabajo para impedir que se repita una tragedia como la que el año pasado salpicó el «hach», con la muerte de más de 1.757 peregrinos en una estampida. La tragedia, sobre la que las autoridades saudíes no han anunciado el número de víctimas definitivo, tuvo lugar cerca de La Meca, cuando los peregrinos participaban en el rito de la «lapidación del diablo», que consiste en lanzar guijarros a tres columnas que representan al demonio.

«Los peregrinos nos necesitan, yo soy de la Meca y conozco la zona callejón por callejón» destaca el joven Anwar, que insiste en la «emoción» y la «alegría absoluta» que se siente al entregar un niño perdido a sus padres, tras los primeros momentos de «preocupación y presión» que se experimentan, cuando encuentra a un menor desorientado entre los cientos de miles de peregrinos.

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