La líder del DUP, Arlene Foster, durante una declaración a la prensa este lunes
La líder del DUP, Arlene Foster, durante una declaración a la prensa este lunes - AFP

May, maniatada por sus socios unionistas y el ala dura del Brexit

El DUP rechaza que el Ulster tenga una regulación diferente a la del Reino Unido

CORRESPONSAL EN LONDRESActualizado:

Cuando todo parecía encaminado a lo que debía ser el primer gran paso adelante hacia un acuerdo entre Reino Unido y la Unión Europea sobre el Brexit, a la primera ministra británica, Theresa May, le vuelve a surgir otra crisis interna. Esta vez la ha provocado su principal socio en el Parlamento británico, los Unionistas de Irlanda del Norte (DUP). Con ellos va a tener que lidiar si quiere avances significativos en las negociaciones.

Cuestión complicada. May, que según los medios británicos, tiene previsto viajar hoy a Bruselas de nuevo, reunía a su gabinete hoy por la mañana para tratar de desbloquear la situación. En los momentos más optimistas del lunes, se esperaba que May hiciera hoy una declaración ante el Parlamento para aportar detalles sobre los avances obtenidos en las negociaciones con los presidentes de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, y del Consejo, Donald Tusk. Pero la prevista declaración tuvo que ser suspendida tras el jarro de agua fría que supusieron las palabras de la líder del DUP, Arlene Foster. Solo el ministro para el Brexit, David Davis dio la cara ayer por parte del Gobierno mostrando su confianza en un acuerdo rápido, al asegurar en la Cámara de los Comunes que el Ejecutivo está a punto de concluir la primera fase de las negociaciones con la UE.

Y es que la frontera de Irlanda ha resultado ser la piedra en el camino que nadie esperaba. En su empeño de no poner en riesgo el Acuerdo del Viernes Santo, evitando una barrera física que pueda hacer resurgir los odios del pasado, la primera ministra está maniatada por brexiters y unionistas. Y atrapada entre quienes apoyan que Irlanda del Norte siga formando parte del mercado único para evitar una «frontera dura» y el ala más dura de los brexiters que quiere la salida de la UE sin paliativos.

Un estatus diferente

Los unionistas de Foster no quieren un estatus diferente al del resto del país y, en su firmeza, ponen en riesgo un acuerdo que ya estaba casi cerrado tanto con el propio gobierno irlandés como con Bruselas. De hecho, el propio primer ministro irlandés Leo Varadkar, se mostraba «sorprendido y decepcionado» con la marcha atrás en el último momento que dio la primera ministra mientras se encontraba en la capital comunitaria, pese a que ya parecían cerrados casi todos los flecos para pasar a la siguiente fase de la negociación.

Desde el Ejecutivo británico aseguran que el acuerdo llegará antes de que acabe la semana y que no se consiguió el lunes porque también había otros asuntos, como el de la jurisdicción del Tribunal Europeo de Justicia en suelo británico, que no permitieron cerrar el pacto.

Pero lo cierto es que a May le crecen los enanos dentro de su propio partido. Varios de sus miembros mostraron su apoyo al DUP, como Ian Ducan Smith, Jacob Rees-Moog o la líder conservadora en Escocia, Ruth Davidson, que aseguró que «ninguna región de Reino Unido tiene que obtener ese estatus especial» que se le pretendía asignar a Irlanda del Norte. Cosa que ya ha intentado aprovechar la ministra principal escocesa, la nacionalista Nicola Sturgeon, que pidió para su país las mismas condiciones que obtendría el Ulster. Asunto espinoso el que se le viene encima a May, ya que el DUP puede derribar en cualquier momento al actual Gobierno.