Salvador Sobral - GTRES
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Salvador Sobral, internado en un hospital de Lisboa

El estado de salud del ganador de Eurovisión empeora y cada vez se hace más urgente un trasplante de corazón

Corresponsal LisboaActualizado:

El estado de salud de Salvador Sobral empeora por momentos, en vista de que su insuficiencia cardiaca le lleva a una situación delicada. Así, ha tenido que ser internado en el Hospital de Santa Cruz, ubicado en Carnaxide, a unos 10 kilómetros de Lisboa. Su corazón tiene dificultades para realizar sus funciones y se hace cada vez más urgente la necesidad de un trasplante, siempre que sea de un órgano compatible con el suyo.

El ganador de Eurovisión con la preciosa balada «Amar pelos dois» («Amar por los dos») está sometido a una vigilancia constante por los especialistas del centro, quienes han decidido que solo enchufándolo a una máquina se pueden mitigar en parte los riesgos que corre. Una máquina para ayudar a ese corazón tan fatigado, especialmente porque su triunfo en el festival celebrado en Kiev le sumió en un maremágnum promocional y de conciertos que lo ha dejado exhausto.

De hecho, su equipo médico le advirtió hace menos de un mes de que tenía que hacer un alto en su carrera musical para descansar. Y es que el estrés de las actuaciones y demás le estaban perjudicando sobremanera. Por ese motivo, quiso despedirse de su legión de fans con un espectáculo gratuito en los Jardines del Casino de Estoril, a 25 kilómetros de la capital portuguesa.

Él no pudo evitar las lágrimas, mientras su hermana Luisa le abrazaba y ambos mostraban a los cuatro vientos que la canción compuesta por ella es todo un himno a la sensibilidad. Cientos de globos blancos en forma de corazón se desplegaron en una explanada donde las manos se alzaban al cielo con el signo de la victoria en los dedos.

Los adeptos de Sobral apenas podían contener las lágrimas. Y todo porque este joven de 27 años ha conquistado Portugal en poco más de cuatro meses, los transcurridos desde ese 13 de mayo grabado para siempre en su frágil corazón. Nadie puede asegurar si aquel concierto era solo un «hasta luego» o tal vez una adiós definitivo. La gravedad de su salud es evidente, de modo que su internamiento en el Hospital de Santa Cruz se convierte en una puerta de tímida esperanza, incluso aunque implique atravesar duros instantes.

Salvador sabe de sobra que cuenta con el respaldo de toda la nación lusa, orgullosa del hecho histórico que protagonizó: vencer en una cita hasta entonces esquiva con los sonidos portugueses. Él se mantuvo entero como pudo y se acercó al micrófono con la intención de manifestar emocionado: «Gracias por tanta sensibilidad».

Ahora no puede dirigirse a sus devotos porque le aguarda una tensa espera en el centro hospitalario de Carnaxide, donde se han hecho realidad sus propias palabras de hace solo tres semanas: «No es un secreto para nadie que mi salud es frágil. Tengo un problema y debo entregar mi cuerpo a la ciencia, y retirarme de los escenarios y de la música en general. Ir a un mundo en el que se resuelvan mis problemas. Seguramente, ese problema quedará resuelto, pero no sé cuándo».

Entregarse a la ciencia

Hasta la fecha, la mención a la «ciencia» se circunscribe a las máquinas que lo mantienen, con el fin de que su corazón no realice demasiados esfuerzos. Todo Portugal ansía que este trance pueda ser meramente transitorio, aunque la verdad es que las circunstancias no dejan de empeorar. En poco tiempo, ha pasado de encontrarse en plena gira a un ‘impasse’ obligado con unas expectativas francamente complicadas.

Lo que está claro es que ya se ha ganado un lugar en el corazón de sus compatriotas, los mismos que se conmueven cuando escuchan su voz de terciopelo. Como aquella noche en Estoril en medio de una multitud sobre la cual se elevaba su voz sosegada e íntima, capaz de estremecer a la gente allí congregada.

De acuerdo, un auditorio al aire libre no parecía el mejor enclave para disfrutar de la sutilidad que le caracteriza, pero también es cierto que eso en Portugal no resulta excepcional, pues todo el mundo está acostumbrado a escuchar fado incluso en fiestas populares. Para él y para todos los ciudadanos lusos, resulta difícil olvidar lo que le dijo el doctor a comienzos de este 2017: que le quedaría un año de vida, más o menos, en caso de que no apareciese el anhelado corazón compatible con el suyo.

Por eso saltaron todas las alarmas y, por esa misma razón, no lo tiene nada fácil para alcanzar su 28 cumpleaños, el próximo 28 de diciembre. Luisa Sobral sueña con poder conmemorarlo por todo lo alto, con la vista puesta en que la mejor celebración sería poder seguir viviendo. En todos estos meses, la música ha ejercido un papel de verdadera terapia, en el sentido de que entregarse a las melodías y a la instrumentación en clave de jazz-pop le hacían disfrutar.