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Maha Akhtar, la bailarina que resultó ser una princesa india

Su madre le confesó antes de morir que pertenecía a la familia del maharajá de Kapurthala

Maha Akhtar
Maha Akhtar - ABC
PATRICIA ESPINOSA DE LOS MONTEROS Madrid - Actualizado: Guardado en: Estilo Gente

Cuando cumplió 42 años, Maha Akhtar (Beirut, 1962) ya tenía una sólida carrera como periodista al amparo de Dan Rather, en la cadena norteamericana CBS; había trabajado en la oficina de representantes del grupo británico The Cure y se había aventurado en el baile flamenco -con el tiempo llegaría a formar parte del cuadro de la bailaora Manuela Carrasco-. También contaba con una pareja estable, con quien convivía en Nueva York. Entonces, aún ignoraba un dato esencial en su biografía: sus verdaderos orígenes. Criada entre Inglaterra y Estados Unidos, su madre, Zahra, poco antes de morir le hizo una revelación que puso su vida patas arriba: ella era la nieta de Jagatjit Singh (1872-1949), el maharajá de Kapurthala, y de Anita Delgado (1890-1962), la bailarina malagueña que se convirtió en la cuarta esposa del jefe del antiguo principado del estado del Panyab, en India. El impacto en Maha fue monumental, pero de este modo empezó a explicarse muchas cosas. «De pronto, se despejaron dudas y se aclararon sentimientos confusos que tenía», explica en una tasquita de la madrileña calle de Argensola, próxima a su casa. Está de paso por Madrid presentando su quinto libro «Medianoche en Damasco» (Ediciones Roca), una visión novelada sobre la guerra de Siria.

Una mujer autosuficiente

Maha Akhtar tiene mucho de castiza y de flamenca, también de libanesa y de norteamericana. De presencia elegante y sempiterna sonrisa, trata de explicar lo que sintió cuando supo que su verdadero padre fue Ajit Singh. Educado en Eton, conoció a la madre de Maha, una libanesa guapísima, de visita en Londres y ambos iniciaron una breve relación de la que nació Maha. Diez años de internado inglés y aquí empieza una historia donde las casualidades y el azar se unen al esfuerzo del trabajo duro para no perder ni un solo tren en su vida. Aunque reconoce que ella sigue siendo Maha Akhtar, al tiempo de morir su madre alguien de la familia Kapurthala fue a verla bailar en Nueva York y cuando le dijo quién era, le invitó a la India y le presentó a su familia en Delhi. «Allí la familia me reconoció, tras unas pruebas técnicas, y me dieron el título de mi padre que es el de Príncipe, no Maharaja por no ser hijo mayor, pero esto en la India ya no quiere decir nada. El gobierno socialista de Indira Gandhi les retiró todos los privilegios, tierras y propiedades. Ahora son médicos, políticos, abogados o diseñadores», cuenta. Y añade: «Mi título es el de Princesa, aunque legalmente allí no tiene reconocimiento». Precisamente porque nunca esperó un título de Princesa y desde pequeña se acostumbró a no pedir ayuda a nadie, Akhtar se considera una mujer normal. Aunque sí reconoce que le habría gustado conocer a su progenitor: «Me hubiera encantado ver la escritura de mi padre, alguno de sus efectos personales, pero ya no había nada. Falleció en el 82 y me contaron que había sido una persona tímida y discreta, quizás por su condición bisexual que en la India no esta aceptada».

El único objeto personal que conserva de su familia paterna es un anillo con una amatista que perteneció a su abuela Anita Delgado. Precisamente los descendientes de ella que viven en Sevilla, no la recibieron bien porque pensaron que Akhtar se quería aprovechar de ellos. «No les pido nada, ni siquiera a la familia de Anita. Me gano la vida desde que tengo uso de razón y tengo mi nombre, con el que he vivido 42 años». Maha sigue llevando el apellido de su padrastro, aunque nunca se sintió querida por él: «Cuando uno descubre un secreto como este, ya adulto, ¿para qué lo voy a cambiar? Sigo llevando mi vida». Además de periodista en la CBS, ha sido asistente del grupo The Cure, sommelier, bailarina y asistente personal de la Reina Noor de Jordania a la que acompañaba en sus viajes y escribía sus discursos. «He tenido, a pesar de mi historia, mucha suerte en la vida y he visto muchas cosas en primera fila: con The Cure he visto el ‘sex, drugs and rock & roll’; con Dan Rather, he vivido la historia del mundo. También he conocido a Fidel Castro, a Diana de Gales, a Bill Clinton y a Manuela Carrasco», confiesa.

Desde el 2012, ha escrito cinco libros, varios autobiográficos y el último es una visión novelada de lo ocurrido estos años en Siria. Para inspirarse siempre tiene en su memoria el consejo que le dio Don Hewitt, conductor del programa «60 minutes»: «Sea para el medio que sea -radio, televisión, prensa o revistas-, acuérdate de cuatro palabras ‘Tell Me A Story’ (’Cuéntame una historia’). Y nunca lo he olvidado».

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