Luis Merlo
Luis Merlo - MAYA BALANYÁ

Luis Merlo: «No quiero tener nada que ver con los que convierten su trabajo en váteres»

El actor, tras superar una neumonía, ha vuelto al trabajo y se sube al escenario en la segunda temporada de «El test»

MADRIDActualizado:

Luis Merlo (51 años) lleva más de tres décadas subido a un escenario; en realidad, había sido el cuarto de juegos de su infancia hasta que, a mediados de los 80, convirtió el teatro en el juego de su vida. Estos días comienza en Madrid la segunda temporada de «El test», una obra de Jordi Vallejo y dirigida por Alberto Castrillo-Ferrer; Merlo cuenta como compañeros de reparto con Antonio Molero, Maru Valdivielso y Marina San José. La función fue, en su primera temporada, un gran éxito. «Mi mayor satisfacción no son las risas ni los aplausos -dice el actor-, sino haber conseguido que el público se transporte a otro lugar, que es lo que me hace a mí feliz cuando soy espectador o lector; y en “El test” está sucediendo, y resulta muy gratificante». Y es que, añade Merlo, «el teatro no es un acto de onanismo, necesita conectar con el público y hacerle salir de manera distinta a cómo entró; esa es su única misión, y en este caso se cumple».

De la función asegura que es «un caramelo envenenado. Tiene unos tintes muy claros de comedia al principio, con unas intenciones oscuras». «El test» parte de la pregunta que uno de los personajes plantea a sus amigos: ¿Qué escogerías, cien mil euros ahora o un millón dentro de diez años? «Las sorpresas argumentales del final provocan en el espectador unas reacciones muy expresivas, y eso a mí, después de treinta años de carrera, me sigue sorprendiendo».

Asegura que sentir cada función como si fuera el estreno es algo que el actor debe llevar incorporado. «No hay otra manera decente y honrada de hacer este trabajo: que sea nuevo cada vez, y para eso le tienes que poner la misma energía, la misma concentración y la misma confianza». En estos tiempos en que el público tiene ante sí innumerables ofertas de ocio, cada espectador que decide acudira al teatro es un tesoro. «Nuestro compromiso con ellos debe ser aún mayor y debemos ser conscientes de la suerte que tenemos».

Reclamo y exposición

Hace muchos años que Luis Merlo compatibiliza el teatro con la televisión. Muchos productores ven en ella un reclamo, pero el actor no está tan seguro de ello. «Si supiéramos que realmente lo es, sabríamos lo que tendríamos que hacer para tener el triunfo asegurado». Una segura consecuencia de aparecer en una serie de éxito es la mayor exposición de los actores. «No sé qué tipo de exposición te da; lo único que sé es la reacción que tiene el público. Yo creo profundamente que el teatro, hasta el más culto, debe ser un arte popular. Y entiendo por arte popular un arte que llega a la gente de cualquier estrato social, porque si no llegas a todos es cuando, y vuelvo a ello, se hacen actos de onanismo en el escenario. El fin último del teatro es el público, y lo que quieren los directores de los teatros de todo el mundo es bajar la media de edad del patio de butacas, no un arte elitista. “El test” es teatro popular de ideas, y yo lo percibo por lo que me dice la gente después de ver la función; eso es para mí el éxito; no tiene que ver ni con el dinero ni con el aplauso, es que he hecho con los demás lo que quisiera que hicieran conmigo cuando estoy en un patio de butacas».

Peligro en la red

Todo lo contrario le ocurrió a Luis Merlo hace unos meses, cuando un grave problema respiratorio le obligó a ser internado de urgencias en un hospital. Las redes sociales -«que pueden ser muy peligrosas»- empezaron a escupir bulos sobre su estado, y se llegó a asegurar que el actor había muerto.

¿Cómo se siente una persona cuando vive una situación así? «Tuve un problema por una neumonía mal curada; en lugar de descansar seguí trabajando, y aquello se complicó. Decía Scott Fitzgerald que la mayor diferencia entre dos personas no es la política, ni la económica ni la social: es la que separa al sano del enfermo. Cuando, afortunadamente, se resolvió el problema, y me fueron contando lo que se estaba diciendo, no daba crédito. Yo me quedo con el amor, con el cariño que yo recibí por parte de la gente más anónima; de esa gente que te ama sin que la conozcas. Y con eso me quedo; lo demás es anecdótico. Yo, para bien o para mal, soy bisnieto de actores y sé lo que significa no tener vida privada y que todo lo que te pase sea de orden público (más en esta época). Mi abuela estuvo en Hollywood, y en mis cumpleaños había que pasar por el photocall antes de entrar en la fiesta. Así que estoy acostumbrado. Me llegaron barbaridades, pero afortunadamente yo nunca leo cosas sobre mí, y jamás he buscado mi nombre en Google. Mery Streep dio en San Sebastián un consejo a los actores jóvenes: que no se buscaran en Google, y mucha gente que aplaude estas palabras tiene él mismo una alerta. Yo no me he buscado nunca, no conservo una sola crítica, un solo recorte, no tengo vídeos de mis series... Si este trabajo lo haces para los demás, no hace falta. Y después de esta experiencia, repito, me quedo con el amor de un público que yo no sabía que me quería tanto. Y todo lo demás, a la basura. No quiero tener nada que ver con los que convierten su trabajo en váteres».