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Javier Rigau: «Al principio Gina solo venía a España para acostarse conmigo»

La Fiscalía de Roma pide ocho meses de cárcel para el empresario por su boda con Lollobrigida. La Justicia española ya lo declaró inocente

Javier Rigau y Gina Lollobrigida a su llegada a un baile en Mónaco, en 2005
Javier Rigau y Gina Lollobrigida a su llegada a un baile en Mónaco, en 2005 - AFP

Hay romances prohibidos. Y otros que rayan la ilegalidad. El de Gina Lollobrigida (89 años) y Javier Rigau (55) podría ser de los segundos. La diva italiana y el empresario catalán se conocieron a comienzos de la década de 1980 en Mónaco. La versión oficial cuenta que ella tenía 57 años, y él 23. «Tengo un contrato confidencial posmatrimonial que me impide revelar la verdadera edad que yo tenía cuando la conocí. Yo era más joven, mucho más joven...», confiesa Rigau en conversación telefónica con ABC. «Al principio fue una relación puramente sexual. Ella solo venía a España para verme y acostarse conmigo», añade el ex de «la Lollo».

Con el tiempo, la pasión se convirtió en amor. Y el 29 de noviembre de 2010, tras más de dos décadas de relación, la reina de Cinecittà y el empresario español se casaron por poderes en Barcelona. El matrimonio se inscribió en la iglesia de Sant Vicent del barrio barcelonés de Sarriá. «Está validado como matrimonio canónico ante el Arzobispado de Barcelona», aclara Rigau.

Según el ex de Lollobrigida, la boda se celebró por poderes porque Gina quería imitar a su archienemiga de la pantalla grande: Sophia Loren. «Deseaba una ceremonia como la de Loren y Carlo Ponti, que se casaron por poderes en México, en 1957. Nosotros decidimos hacerlo en Barcelona porque es mi ciudad de residencia», explica Rigau, que también es abogado, aunque nunca ejerció. El trámite nupcial estuvo supervisado por Teresa Bueyes, abogada de los ricos y famosos, y el notario José Luis de Palacio Rodríguez. «Cuando Gina vino a firmar estaba acompañada por su abogada de confianza, Julia Citani», recuerda Javier.

Denuncia

Tres años después del enlace, la actriz denunció en los medios de comunicación que había sido «estafada» por su pareja. «Javier me convenció para que le firmara unos poderes. Me dijo que los necesitaba para unos actos notariales en relación con un juicio. Sin embargo, me da miedo que se aprovechara de que yo no hablo castellano, y quién sabe lo que me hizo firmar. Ahora he encontrado por internet un papel según el cual nos casamos... Él solo quiere heredar mi patrimonio», declaró entonces Lollobrigida.

El circo mediático se trasladó a los juzgados de España. «Antes de denunciarme dejó de hablar a su hijo y a su nieto, influenciada por sus empleados del hogar. Desde 2011 está bajo el influjo de esos empleados. Con sus mentiras, la han puesto en contra de aquellos que la queremos», repite Rigau una y otra vez.

Millones en juego

En 2015, la Justicia española archivó el caso después de que la Audiencia de Barcelona dictaminara que Javier Rigau tenía que ser sobreseído. No se encontraron indicios de fraude o estafa. «Todos los abogados de Gina declararon a mi favor. La Policía Nacional y los Mossos comprobaron que la firma de Gina no era fraudulenta», recuerda Rigau.

Pero en Italia aún continúa activo un procedimiento paralelo. Esta semana, la Fiscalía de Roma pidió ocho meses de cárcel para el español por supuesta estafa en su boda con «la Bersagliera». «Es solo una petición fiscal, no es una sentencia. El 28 de noviembre, mi abogado, Michele Gentiloni, presentará sus argumentos. La petición de la fiscal va en contra de lo que dijo la Justicia española. El matrimonio se celebró en España y la Justicia española ya dictaminó que no hubo fraude».

Lollobrigida jura que la boda fue un ardid de su «amore» para quedarse con su patrimonio. Según algunos medios, «la mujer más guapa del mundo», como la bautizó el director Robert Z. Leonard, posee una fortuna de 36 millones de euros. Vive en una mansión en la antigua Vía Apia de Roma y en 2013 subastó su joyero por 3,3 millones. Parte de los fondos fue destinada a financiar la investigación con células madre, una causa con la que la actriz se ha mostrado comprometida. «No me interesa su dinero. El patrimonio de Gina es muy escueto, no protagoniza una película desde hace décadas», dice su ex. Con amargura. Así terminan los romances prohibidos.

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