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Depresión, la maldición de la Casa Imperial de Japón

Al igual que su madre, Masako, esposa del Príncipe Heredero Naruhito, Aiko sufre estrés y lleva más de un mes sin ir a clase

Los príncipes Masako y Naruito con su hija Aiko, de 14 años de edad
Los príncipes Masako y Naruito con su hija Aiko, de 14 años de edad - REUTERS

A veces, la vida de una princesa no es tan de color de rosa como nos la pintan en cuentos de hadas y películas románticas. Al igual que su madre, aquejada de una profunda depresión desde hace ya dos décadas, la Princesa Aiko, hija del Heredero al trono nipón, está sufriendo serios problemas de salud que le impiden ir al colegio.

La muchacha, de 14 años y famosa por no sonreír casi nunca en las fotos, lleva más de un mes faltando a clase en la prestigiosa Escuela Femenina de Gakushuin, según reconocía hace unos días la Agencia de la Casa Imperial japonesa. Como si fuera una maldición, la enfermedad parece cebarse con la familia del Príncipe Heredero Naruhito. Primero su esposa, la «princesa triste» Masako, y ahora su hija, Aiko, han caído víctimas de la asfixiante presión que ejerce la vida en Palacio.

La explicación oficial asegura que la Princesa Aiko se ha visto obligada a ausentarse del colegio desde el 26 de septiembre debido a la «fatiga» que le han causado los primeros exámenes tras las vacaciones de verano. Además, parece que ha hecho demasiado esfuerzo en las clases de gimnasia y su forma física se ha resentido gravemente. Aunque ha sido atendida en el Hospital de la Casa Imperial, los médicos no han encontrado ninguna dolencia y atribuyen su decaimiento al cansancio.

Acoso escolar

Sea lo que sea, no es la primera vez que la Princesa Aiko tiene problemas en el colegio. De carácter tímido e introvertido, ya en 2010 faltó a clase por el acoso que sufría a manos de algunos compañeros en su escuela primaria. Aturdida por el «rudo comportamiento» de ciertos niños, Aiko solo pudo regresar a las aulas al cabo de cierto tiempo, únicamente durante un par de horas y acompañada por su madre, Masako.Por desgracia para esta, sabía bien lo que su hija estaba pasando porque ella misma viene sufriendo un oscuro cuadro depresivo desde que se casó con el Príncipe Heredero Naruhito en 1993. Debido a las rigurosas normas de la Familia Imperial nipona, que pasa por ser la monarquía más antigua del mundo gracias a sus catorce siglos de historia, esta diplomática formada en Harvard ha tenido numerosos problemas para adaptarse a Palacio.

Bajo presión

Detrás de su depresión siempre subyacía la presión de la Agencia Imperial para quedarse embarazada y engendrar un varón, ya que en Japón impera la ley sálica y las mujeres no pueden heredar el Trono del Crisantemo. Tras un aborto que sufrió en 1999, el 1 de diciembre de 2001 dio a luz a la Princesa Aiko. La falta de heredero llevó al Gobierno de aquel entonces, dirigido por Junichiro Koizumi, a promover la abolición de la ley sálica, pero en septiembre de 2006 nació el primer varón de la Casa Imperial en los últimos 40 años. Hijo del segundo vástago del emperador, el Príncipe Akishino, y su esposa, Kiko, el pequeño Hisahito desplazaba así a su prima de la línea de sucesión. Como la pareja había tenido dos niñas doce años antes, las malas lenguas aseguran que recibieron la ayuda de la fecundación in vitro y, por orden de la Casa Imperial, se decidió genéticamente traer al mundo un varón.

Apartada definitivamente del trono, la Princesa Aiko ha crecido adaptándose a una nueva vida mientras su madre parecía superar poco a poco sus problemas de salud. Gracias al apoyo de su marido, que hasta llegó a defenderla en los medios de la presión de la Casa Imperial, así lo atestiguan las apariciones públicas y viajes al extranjero que Masako ha venido protagonizando desde 2013.

Pero esta recuperación progresiva amenaza con derrumbarse después de que el Emperador Akihitoanunciará este verano su intención de abdicar debido a su avanzada edad. Mientras un comité de expertos ya prepara la sucesión a favor del Príncipe Heredero Naruhito, a Masako se le acumulan la presión palaciega y los problemas de su hija. Y es que, a veces, la vida de una princesa no es tan de color de rosa como la pintan.

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