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La correspondencia íntima de un donjuán llamado Mitterrand

Se publican las cartas que el presidente de Francia envió a Anne Pingeot, su amante

La correspondencia íntima de un donjuán llamado Mitterrand
JUAN PEDRO QUIÑONERO Corresponsal En París - Actualizado: Guardado en: Estilo , Gente

«Lettres à Anne, 1962-1995» («Cartas a Anne»), volumen que reúne más de un millar de misivas íntimas a lo largo de más de tres décadas -entre 30 y 40 cartas por año-, es un testimonio sentimental del amor que François Mitterrand, casado y padre de tres hijos, profesó hacia Anne Pingeot (73 años). Cuando se conocieron, él tenía 46 años y ella, hija de un amigo con el que jugaba al golf en una playa del País Vasco-Francés, apenas 19. El que fuera presidente de la República francesa entre 1981 y 1995 había contraído matrimonio, en 1944, con una joven igualmente católica y burguesa, Danielle Gouze.

Seducida Anne, Mitterrand jamás tuvo la intención de «romper» su matrimonio, bajo el pretexto de «preservar» su carrera política. Con los años, Anne sugirió «oficializar» sus relaciones o, al menos, «hacerlas públicas». Pero él, con una pericia de donjuán, consiguió convencer a su joven amante de lo contrario.

Roland Dumas, el amigo más íntimo del presidente y en su día ministro de Asuntos Exteriores, resumió de este modo la postura de Mitterrand ante las mujeres: «Es imposible seducirlas a todas. Pero nada cuesta intentarlo». Michèle Cotta, la periodista que mejor le conoció, asegura que «no concebía una reunión del PS sin abandonarla del brazo de una chica joven para pasar la noche. En ocasiones, era capaz de invitar a cenar a varias mujeres a la misma mesa, sin que ninguna supiese, de entrada, cuál de ellas sería la favorita al finalizar la velada».

Todos los biógrafos de Mitterrand han enumerado una larga relación de conquistas. Son célebres sus aventuras con una famosa locutora de televisión y con una periodista sueca, madre de su hijo Hravn Forsne, nacido en 1988. En cierta ocasión, durante un vuelo de prensa, Mitterrand se dirigió a los enviados especiales de dos periódicos españoles, «El País» (Feliciano Fidalgo) y ABC (JPQ), con una cordialidad inusitada. Entre ellos se encontraba una llamativa periodista sueca… que era el verdadero motivo de su interés por la «canallesca» española.

Ahora, Anne Pingeot ha decidido publicar las cartas que recibió de su amante. Fallecida la esposa en 2011, ha contado con el visto bueno de la Fundación Mitterrand, presidida por su hija Mazarine Pingeot (41), fruto de aquellos amores, y por el antiguo ministro Michel Vauzelle. Precisamente cuando Mitterrand fue elegido presidente, en mayo de 1981, instaló a su esposa e hijos en el Elíseo y a su amante e hija en un palacio contiguo. Artista en el arte del engaño y la seducción, pasaba de un palacio al otro, cruzando una simple avenida, sin que ambas familias llegaran a encontrarse jamás. Hasta el día de su entierro, el 11 de enero de 1996, cuando se vieron por vez primera, y en público, la esposa y la amante.

Sin duda, a través de las «Cartas a Ana» se vislumbra que Mitterrand amó a su amante como a ninguna otra mujer. Pero no aceptó jamás que ella «viviera su vida». Danielle, la esposa, sí pudo hacerlo; incluso, llevaba a alguno de sus amantes al domicilio conyugal. André Rousselet, fundador de Canal Plus e íntimo amigo de la familia, mostró su sorpresa por la asidua presencia en el domicilio conyugal de un «apuesto monitor deportivo». Ante tal «sorpresa», el presidente le comentaría: «¡Qué quieres! No puede pedirse a una mujer más de lo que se le da».

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