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Sánchez Mato, el anticapitalista insurrecto de las cuentas de Madrid

La continuidad del edil de cara a 2019 no está asegurada si Carmena vuelve a repetir

MADRIDActualizado:

Sus modelos de vida son Jesús de Nazaret y Carlos Marx. El delegado de Economía y Hacienda, Carlos Sánchez Mato es cristiano de base, muy implicado con los principios de la Iglesia; incluso ha llegado a dar clases de catequesis, pero no comulga con la autoridad eclesiástica, como tampoco lo hace con el sistema económico actual ni con el respeto a las instituciones. Ni siquiera con su jefa, la alcaldesa. Políticamente sueña con acabar con la «dictadura» de los ricos en la capital y convertir Madrid en su particular república comunista.

Sus principios de anticapitalismo e insurrección se han instalado en Alcalá, 45, desde junio de 2015; desde esta mole que el Consistorio adquirió por 104 millones de euros a finales del año pasado, el concejal lleva las cuentas de la capital y trata de hacer la revolución contra el Gobierno estatal. Su guerra no es tanto el Ayuntamiento, como ha reconocido en alguna ocasión, sino plantar cara a lo que él considera injusticias de las leyes.

El último caso que le ha llevado a ocupar los titulares de los medios de comunicación ha sido el del insistente incumplimiento de la Ley de Estabilidad Presupuestaria. El tercer asalto de su Plan Económico Financiero (PEF) ha culminado con la intervención de las cuentas de Madrid por parte del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que ya le amenazó con destituirle. Es un hecho inédito.

La continuidad del militante de Izquierda Unida (desde 2013) en las filas de Ahora Madrid de cara a las municipales de 2019 está en tela de juicio si la alcaldesa se presenta a la reelección. Sánchez Mato no acata la autoridad y Manuela Carmena, mujer de ley, ya no confía en él. La ha traicionado. Juega su liga sin contar con el equipo. Primero cuando denunció el contrato del evento deportivo que más dinero deja en la ciudad, el Open de Tenis, ante la Fiscalía sin contar con la regidora y, ahora, su negativa a ajustar el plan de gasto municipal.

El primer sabotaje le costó su cese como alto cargo en la empresa pública Madrid Destino; el segundo, poner a la interventora municipal por delante para controlar el gasto de la capital.

En su curriculum más sonado al frente de la concejalía se suma la intención de dejar de pagar la deuda madrileña [imposible]; romper con las agencias de calificación; retirar a la anterior interventora; subir el IBI a los grandes empresarios; poner en marcha varias comisiones de investigación sobre las gestiones del PP –la de los últimos tres mandatos ha sido tumbada en dos ocasiones por la Justicia–; crear auditorías ciudadanas que valorasen las acciones del gobierno antecesor –también anulada por los tribunales–; remunicipalizar la funeraria; también la M-30; incumplir la regla de gasto; contratar a amigos en el Área como el padre de Rita Maestre o el hermano de Alberto Garzón.

Al delegado le cuesta consensuar con el PSOE todas las cuestiones que pasan por su área

Es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, experto en Cooperación Internacional y Desarrollo y ha tomado contacto con el mundo del Derecho. El delegado es trabajador, cercano y accesible, pero a quien le toca lidiar con él también lo define como desobediente y obstinado. Le cuesta ceder cuando se trata algo de lo que él sabe. De hecho, el consenso con los socialistas se complica cuando se trata de economía y hay que llegar a acuerdos, como por ejemplo se demostró con el IBI, que el primer año se lo saltó a la torera subiendo el tributo a las grandes superficies.

Voto con el puño en alto

La oposición le ha calificado en numerosas ocasiones como Doctor Jekyll y Mister Hyde. Dicen que tiene una doble personalidad, la privada que es muy interesante y en la que austero, amante de la naturaleza y muy familiar, y luego, la faceta política radical.

Sánchez Mato también ha dado que hablar en las sesiones plenarias de Cibeles. Siempre vota con el puño en alto cuando algo no le convence o con la nariz tapada, incluso, ante la luz verde a la operación urbanística de Residencial Maravillas. No condenó el ataque de la CUP en Barcelona ni tampoco mostró su apoyo a los presos políticos en Venezuela. Su cara se ha dejado ver en cuestionadas manifestaciones como la defensa a los okupas del Patio Maravillas o La Ingobernable (Museo Ambasz) o el derecho a decidir en defensa del referéndum ilegal de Cataluña.