Favio Giorgio, durante la entrevissta para ABC en Alicante
Favio Giorgio, durante la entrevissta para ABC en Alicante - JUAN CARLOS SOLER
Sociedad

La vuelta al mundo en bici, solo y sin móvil ni GPS

El argentino Favio Giorgio -asmático y con alergias- reanudará en el Camino de Santiago su periplo tras recorrer 35.800 kilómetros en 31 meses

ALICANTEActualizado:

¿La vuelta al mundo como reto? Muchos antes que Favio Giorgio se lo han planteado, pero no es su caso. «En Occidente estamos presos y pensamos siempre en el futuro, yo ahora vivo el presente, pienso en lo que voy a vivir hoy, sin prisas, por acercarme a la gente». Así resume su motivación este argentino que «asmático y con alergias, y sin un superfísico» acaba de recorrer en bicicleta, sin prisas, 35.800 kilómetros en 31 meses y visitando 33 países en África.

Ha sido la segunda etapa de su increíble periplo, que arrancó en su país natal y llegó a México y Cuba, en compañía de Marcelo Lezcano, que abandonó la aventura posteriormente, en las tierras africanas de Angola. Desde entonces, Favio se desplaza solo, a lomos de «La Estrella», su bicicleta inseparable, pertrechado con «todo menos un peine» (no lo necesita), lo que le lleva a arrastrar 65 kilos de peso.

«Cuando algunos me dicen que soy fuerte, yo les contesto: tú sí eres valiente, que transportas en tu bici sin cambios, con piñón fijo, agua o leña todo el día, a veces cien kilos, porque es tu trabajo, mientras que yo lo hago por gusto», rememora, maravillado por la bondad de los africanos, con quienes se ha comunicado en inglés, en castellano mientras le hablaban en algunas de las múltiples lenguas tribales, con gestos... «Y hasta con una sonrisa o en silencio, a veces».

Favio con su compañero Marcelo Lezcano y un grupo de jóvenes en Sierra Leona
Favio con su compañero Marcelo Lezcano y un grupo de jóvenes en Sierra Leona-PEDALEAR EL MUNDO

Estos días se encuentra en España y ha visitado a su amigo Fernando en Alicante, antes de reanudar su vida nómada -al principio le llamaron «cicloviajero»- afrontando el Camino de Santiago desde Colmenar Viejo, en Madrid, en homenaje a su amiga Bibiana, que tenía ilusión por hacer este recorrido con él. De ahí, seguirá por Europa y, a continuación, desde Turquía quiere dar el salto a Asia.

Sin plazos, sin móvil, sin GPS y, desde que rueda en solitario, «hablando con Dios y el Universo», y dejándose guiar por los lugareños, en aldeas pequeñas donde, en ocasiones, los niños se arremolineaban para tocar su piel porque no habían visto a ningún blanco. En definitiva, se mueve sin tecnología y sin miedo aunque ha debido superar situaciones límite, que recuerda entre sonrisas.

Malaria y retenciones

Tuvo que disimular la malaria que había contraído por segunda vez (la primera en Venezuela) en suelo africano, porque las autoridades le hubieran puesto en cuarentena, en un momento especialmente delicado en temas de salud, por el virus del Ébola. Ocultando sus ojos con gafas de sol y articulando con dificultad las palabras para que no se notara su fiebre, logró pasar el control.

En otras ocasiones, entrar en un país ha resultado arduo y ha estado retenido hasta ocho horas por las autoridades en la frontera, una incidencia que ha asumido con estoicismo y dotes para la negociación, cuando se topaba con exigencias de dinero, fiel a su principio vital de no tener prisas.

Favio solo ha contado con patrocinio de materiales y accesorios para la bicicleta, y su soporte económico se lo aseguró por anticipado, tras unos años en que vivió en Mallorca y compró un piso, ahora alquilado. También suele ofrecer su mano de obra, echando una mano en la agricultura a quienes le han ofrecido cobijo.

Y mantiene un contacto asiduo con representantes de la Iglesia Católica. En suelo africano ha ofrecido charlas sobre sus experiencias y se ha implicado en el trabajo social.

Valora sobre todo el contacto con tantas culturas diferentes, en un continente donde un blanco es visto siempre con un estatus económico superior y nunca se le imagina desplazándose en bicicleta. Le ha gustado empaparse de su espíritu: «Un africano te regala su tiempo; si le pides ayuda, te acompaña y pasa el día entero contigo, si hace falta, es algo que acá no podemos concebir», resume.

Aun sintiéndose cómodo también con la soledad obligada, a ratos, entre aldea y aldea, en ruta, este aventurero quiso concluir su etapa africana acompañado, no llegar solo al final, en Egipto, y a través de un amigo consiguió que un grupo de deportistas ciclistas le acompañara en El Cairo.

Ahora, mientras descansa en esta pausa en España, ya piensa que tal vez plasmará en un libro esta vuelta al mundo. De momento, recopila recuerdos y vivencias en un diario en internet («Sueños a pedal» en Facebook), donde también ha subido vídeos. ¿Y su familia? Bueno, no tiene hijos y se vio en la tesitura de elegir entre una «compañera» y este viaje alrededor del globo.