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«Ser unas superwoman está bien… hasta los cuarenta años»

Vanessa Montfort radiografía cinco síndromes femeninos en «Mujeres que compran flores»

Vanessa Montfort, en una imagen de 2014
Vanessa Montfort, en una imagen de 2014 - Raúl Doblado

Han tenido que pasar cuatro novelas y una docena de obras de teatro para que Vanessa Montfort (Barcelona, 1975) buceara en la personalidad femenina a través de las protagonistas de “Mujeres que compran flores” (Plaza & Janés). En “El Jardín del Ángel”, floristería del madrileño Barrio de las Letras, coinciden cinco féminas de treinta y tantos con sus respectivos “síndromes”: Marina es la “copiloto que siempre depende de su pareja; Casandra, la “super-woman” que prioriza la profesión sobre la vida personal; Gala representa el “síndrome de Galatea”: la mujer tiene derecho a todo… menos a envejecer; Aurora es la bella sufriente y Victoria la mujer omnipotente que cree se ocupa de todo.

Aunque la escritora reconoce que en algún momento tuvo algo de esas cinco mujeres, apunta que el prototipo más común es la «superwoman»: “Las chicas de mi generación juramos no depender de ningún hombre y poner nuestro trabajo por encima de todo. Está bien hasta los cuarenta años: a esa edad debes elegir si quieres pareja, ser madre o ponerte a congelar óvulos para fecundar un continente”. La relación con los hombres no es fácil para la 'superwoman': “Te ven como una insatisfecha y les da miedo tu independencia económica. Somos un software de última generación en un PC antiguo”.

Novelista y dramaturga -dirige la compañía Hijos de Mary Shelley-, su obra “Sirena negra” fue llevada al cine por Elio Quiroga y el CDN estrena “El hogar del monstruo”. Montfort mantiene una estrecha relación con Nueva York, la ciudad de donde proviene su familia paterna: “El fracaso de Clinton confirma el vaticinio de mi tía: sería más fácil tener un presidente negro que una mujer presidente…” El voto masivo a Trump no le sorprende: “Surge de una América rural y pobre que, además de la crisis económica, padece una crisis de valores. Un país lleno de rabia y desesperación… No se puede despachar como simple populismo”.

Asidua de Londres, donde trabaja para el Royal Court Theatre, también vivió el Brexit: “La indignación de amplias capas de la sociedad les empuja a votar lo nuevo, sea cual sea el discurso. Al día siguiente, los ingleses ya reconocían que se equivocaron”.

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