España

Mi primera notaría

Durante un tiempo, los nuevos notarios no llegan a cubrir los elevados gastos que conlleva tener abierto un despacho. Familia, préstamos y créditos son sus sustentos económicos

Andrea Ibarra Blanco, en la notaría de Calera y Chozas (Toledo)
Andrea Ibarra Blanco, en la notaría de Calera y Chozas (Toledo) - ANA PEREZ HERRERA
MANUEL MORENO Toledo - Actualizado: Guardado en:

Cristina Fernández Cámara (Madrid, 1984) ha colocado varios adornos verde pistacho en su notaría de Barrax (un pueblo de Albacete de unos 2.000 habitantes) para dar un toque personal a lo que es su lugar de trabajo desde mediados de octubre. Dos pequeñas macetas y una regadera decoran una estantería que le ha ensamblado su padre. «A mi padre le encanta el bricolaje y ha puesto todos los muebles de la oficina», cuenta esta joven, que cumplirá 32 años el 23 de noviembre. Es su primer destino como fedataria pública tras aprobar, al segundo intento, las exigentes oposiciones en febrero, después de siete años hincando codos.

Superar los cuatro exámenes abrió a Cristina de par en par la puerta de una profesión que muchos creen que es un paraíso laboral. Sin embargo, los nuevos notarios tardan un tiempo indeterminado (depende de la zona y del número de clientes) hasta que la facturación supera a los gastos, que son muy elevados. Un notario no tiene un sueldo fijo y a ello se suma el hándicap de que los recién aprobados van a las notarías que nadie quiere, con unos ingresos mucho menores que en otras. Familia, préstamos y créditos son al principio los sustentos económicos para afrontar la fuerte inversión inicial. Luego dependerá del tamaño del pueblo donde ejerzan para ganar dinero.

Cristina se incorporó oficialmente al Colegio Notarial de Castilla-La Mancha el 14 de octubre, en un solemne acto junto con sus nuevas compañeras de profesión Victoria Cervantes Arizmendi, Andrea Ibarra Blanco y Amparo Ríos Messana. «Comienza ahora una etapa ilusionante, la de la primera notaría, un duro camino donde siempre contarán con el apoyo de ese colegio para el desempeño de sus funciones», les dijo la decana del colegio notarial, Palmira Delgado.

Andrea, Amparo, Cristina y Victoria tienen una juventud insultante y destierran completamente la imagen que el ciudadano en general tiene del notario mayor, vestido con traje de chaqueta, que en ocasiones ni siquiera da el «hola» cuando entras en su despacho a firmar.

Antes de llegar a Barrax, una de las habituales «notarías de entrada» para los recién aprobados, Cristina acabó en seis cursos una doble licenciatura en Derecho y Economía, con una nota media de sobresaliente, en la Universidad Carlos III (Madrid). Con el objetivo de ser funcionaria, finalmente se decidió por preparar Notarías tras visitar un día el despacho de María del Carmen Bascón en Lucena (Córdoba).

Cristina Fernández Cámara, en su despacho en Barrax (Albacete)
Cristina Fernández Cámara, en su despacho en Barrax (Albacete)- ANA BELÉN MARTÍNEZ

Luego comenzó el tortuoso camino de las oposiciones con tres preparadores: Gemma López Brea (notaria en Mora, Toledo), Pablo Bermúdez (notario en Móstoles, Madrid) y María Ruiz (notaria en Valoria la Buena, Valladolid). En la recta final de su preparación, Cristina tuvo dudas: «Me encanta hacer pan a la manera artesanal y el último año de oposiciones estaba tan saturada que pensé dedicarme a la fabricación de pan tradicional. Era mi plan B si no aprobaba las oposiciones». Una vez aprobados los exámenes, ya más relajada, Cristina ha vuelto a retomar otra de sus grandes aficiones: el baile, desde la bachata o la zumba hasta el flamenco.

Instalada ahora en un piso en Barrax al ladito de su trabajo, las paredes de la pequeña notaría de Cristina están pintadas de un color crema. Aunque es el mismo local donde estuvo ejerciendo el anterior notario del pueblo, Daniel Ruiz Risueño, «los notarios tenemos que traer todo a la oficina, desde los muebles hasta los ordenadores o las fotocopiadoras», explica Cristina, encantada de vivir en un pueblo que está a una hora y media en AVE de Madrid, donde vive su familia.

Sola en Barrax, a la joven casi le da un patatús cuando suma por primera vez, a petición de ABC, todos los gastos que le van a suponer abrir el local cada mes: 2.800 euros. «¡No lo había calculado hasta ahora mismo!», exclama la joven, cuya única hermana, Ana María (dos años más pequeña), también oposita a Notarías.

«¡Me estoy asustando!»

En esos casi 3.000 euros se incluye el alquiler del local, el arrendamiento de dos ordenadores y de un par de impresoras, la limpieza de la oficina, la luz, el teléfono y el salario de su ayudante (Ana Belén Martínez) a media jornada, además de la renta que paga por el piso donde vive y la cuota colegial. «¡Me estoy asustando, estoy empezando a deprimirme!», admite entre risas Cristina, quien en los doce primeros días que llevaba trabajando en la notaría solamente había firmado una declaración de herederos, lo que le reportó unos cien euros (IVA incluido). «¡Voy a tener que abrir la notaría casi las 24 horas del día!», exclama.

En España, con casi 3.000 notarios, el apoyo económico de la familia sigue siendo necesario para un fedatario novato después de aprobar las oposiciones. Eso o un préstamo personal. En el caso de Cristina, para sufragar los gastos de la notaría cuenta con el respaldo de sus padres: Elena, profesora de Matemáticas en un instituto, y Juan José, profesor universitario de Periodismo e Historia.

«Sí, por supuesto», contesta Andrea Ibarra Blanco (Chantada, Lugo, 1987) cuando se le pregunta si es imprescindible la familia para mantener abierta su primera notaría. Ella tiene el despacho en Calera y Chozas (un pueblo toledano de 4.500 habitantes). «El tiempo de las vacas gordas ya no volverá, se dice que los notarios ganan tres veces menos que a finales de los 90, aunque mis preparadores me han dicho que se vive bien», añade con sencillez.

Amparo Ríos Messana
Amparo Ríos Messana

Hija única de un comisario de Policía y de un ama de casa, Andrea tiene contratado a media jornada a su oficial y único empleado, Lalo. Aunque es funcionaria del Estado, está dada de alta como autónoma. «Los notarios no tenemos un sueldo fijo todos los meses, como la mayoría de los funcionarios, sino que cobramos por aranceles», explica la joven, que el 14 de agosto cumplió 29 años.

«En las primeras notarías es normal que no cubras gastos durante los primeros meses debido a la inversión inicial», cuenta con resignación. «Yo hice prácticas en una notaría de Madrid y en general en todas las de las grandes ciudades se factura mucho más que en las notarías rurales», explica la joven, que sustituye en esta «notaría de entrada» a Ramón Martínez de Toro, quien aprobó las oposiciones en 2013 y ha cambiado de destino. Se trata de una notaría creada en 2007 que «no es muy buena por los números», esto es, por la carga de trabajo que entra.

Sin embargo, Andrea está más tranquila desde que habló por primera vez con el alcalde de Calera y Chozas, Gabriel López-Colina. «Me dijo que la notaría está en la carretera más transitada de Castilla-La Mancha, porque pasan coches y tractores continuamente. Y si lo dice el alcalde...», cuenta esta gallega residente en Madrid desde hace años.

Fuerza mental

Andrea deberá permanecer al menos un año en Calera y Chozas antes de cambiar de población, si lo desea. «Esta notaría me viene muy bien, porque está relativamente cerca de Madrid, adonde voy y vengo a diario porque está a una hora y cuarto en coche». «El primer año quiero aprender, tomarme las cosas con una cierta tranquilidad y luego ya veremos», aclara la joven, aficionada a la música, el cine, la natación y la gastronomía: «No es que me guste cocinar, pero sí probar los platos típicos de cada sitio».

Una lámina de su tierra, la Ribeira Sacra, colgada en la pared detrás de su silla, es la única impronta que Andrea tiene en la oficina. Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid con una nota media de sobresaliente, Andrea se ha ganado ese asiento después de aprobar, en diciembre pasado y al segundo intento, las oposiciones a Notarías, para las que invirtió cinco años.

Cristina Fernández: «Si no aprobaba las oposiciones, mi plan ‘B’ era fabricar pan a la manera tradicional. Me encanta»

«Para enfrentarse a ellas hay que tener más fuerza mental que retentiva o inteligencia; tener mucha psicología, paciencia y fuerza de voluntad», opina Andrea, quien reconoce que se decantó por estudiar Derecho al ver más salidas para opositar. Luego se decidió por Notarías porque la rama que más le atrae es Derecho Civil y Mercantil. «Ya que tienes que preparar una oposición, debes de estudiar algo que te guste», afirma.

Para concurrir a Notarías, Andrea acudió a una academia en Madrid, en la que pagaba 170 euros mensuales, y tuvo como preparadores a José Luis Mejías Sevilla (notario en Molina de Aragón, Guadalajara) y Enrique Pichot Gotarredona (notario en Villaquilambre, León), a quienes recurre todavía ante cualquier duda que le surge. Esta gallega aprobó los cuatro exámenes de las oposiciones, que se celebraron en Cataluña, y logró el puesto 45 de las 90 plazas que salieron a concurso.

En ese mismo listado, María de los Desamparados Ríos Messana (Valencia, 1989) ocupó el número 69. Hija de notarios de la Comunidad Valenciana (su padre, Ernesto, en Lliria; y su madre, Amparo, en Massamagrell), María de los Desamparados es la nueva notaria de Sacedón (un pueblo de Guadalajara de 1.700 habitantes) y siempre tuvo clara su vocación: asegura que con siete años ya jugaba a serlo.

«Estudiar una barbaridad»

A esta valenciana, a la que todo el mundo la conoce por Amparo, le apetecía irse a la zona centro de España y ha recalado en Sacedón, en «una notaría flojita, pero estoy segura de que tiene un gran potencial, estoy segurísima». El despacho quedó libre en abril tras marcharse la última notaria, Cecilia Sánchez, por lo que la plaza entró en concurso.

Amparo llegó a Sacedón después de estudiar ADE y Derecho en la Universidad de Valencia, donde acabó la doble licenciatura con una media de sobresaliente. Luego se embarcó en las oposiciones a Notarías, con Manuel Uña (registrador de la propiedad en Lliria, Valencia) y José María Cid (notario en Alboraya, Valencia) como preparadores. Si bien la media para ser fedatario público es de seis años, Amparo lo logró en dos años y medio. «He estudiado una barbaridad, al final le dedicaba 16 horas al día y tuve la suerte de aprobar a la primera», explica. Desde entonces hasta que le asignaron su primera notaría, esta joven de 27 años hizo prácticas en el despacho de su madre.

Victoria Cervantes Arizmendi
Victoria Cervantes Arizmendi

A Sacedón, donde vive en un piso al lado de la notaría, Amparo ha llevado unos cuadros para decorar la oficina, que está «más o menos amueblada». «Si la facturación mejora, no me molestaría estar aquí años», admite la joven, cuya cuatro antecesoras también eran mujeres.

Aficionada al deporte (correr, golf y excursiones por la montaña), su pasión es la costura, sobre todo hacerlo a máquina. «Saco patrones y ya he hecho dos trajes de flamenca para mí», cuenta orgullosa, pero no se atreve con un traje de fallera porque «la tela es carísima». Y ahora toca ahorrar hasta que la notaría dé beneficios. «No sé si voy a tener ganancias este mes», augura. De momento, además de todas las mañanas de lunes a viernes, abre también dos tardes; «aunque, si me llaman por teléfono, puedo ir hasta los sábados o cualquier otro día por la tarde».

Sin muebles

En el caso de Victoria Cervantes Arizmendi (Madrid, 1988), ha tenido que mandar saludas a bancos y empresas de Torralba de Calatrava (un pueblo de Ciudad Real de 3.000 habitantes) para comunicarles que la notaría, después de casi dos años cerrada, ha vuelto a abrir al público. «Hay que darse a conocer para que la gente no se vaya a las poblaciones cercanas», subraya. Además, Victoria cuenta como aliada con su ayudante y única empleada, Mar Triviño, ya que conoce a todo el mundo en el pueblo.

Mar ha llevado al despacho una mesa de su casa y Victoria, otra de la casa de sus abuelos porque el mobiliario todavía no ha llegado; Ikea ha retrasado la entrega de los muebles hasta el próximo viernes. Hasta entonces, la notaria tiene que dejar bien ordenadas las cajas por el suelo.

Amparo Ríos: «Si me avisan por teléfono, puedo ir a la notaría hasta los sábados o cualquier día por la tarde»

Al desembolso económico por el mobiliario, Victoria tendrá que añadir los 3.000 euros de gastos fijos que tendrá al mes. «La gente cree que un notario gana y gana, y este mes todos los nuevos perdemos dinero», afirma la nueva fedataria, que no vive en Torralba, sino en Madrid, por lo que va y viene en AVE todos los días laborables.

Victoria creció rodeada de registradores, notarios y jueces en su círculo familiar. En ese ambiente, decidió opositar a la Función Pública tras licenciarse en Derecho en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid). Después de suspender en 2014 los exámenes a registradora de la propiedad, lo intentó con Notarías y aprobó en febrero. ¡A la segunda, la vencida! Terminaba así una carrera de fondo de cuatro años y cuatro meses estudiando. Ya como fedataria, lo primero que firmó fue un poder de ella hacia su madre. «Le hacía ilusión que fuera mi primer número», explica Victoria, a quien le impresiona que su firma, de repente, valga tanto. Ella, Andrea, Cristina y Amparo dan fe.

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