Hilario Barrero

Paso a paso, la vida: el buen camino

La poesía de Antonio del Camino que nos reconcilia con nuestro mundo

Hilario Barrero
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Tiene este libro muchas virtudes que ennoblecen a Antonio del Camino y le definen como un poeta de los de verdad, que siente lo que dice y lo que hace, que demuestra el dominio del sentimiento y la llamada del corazón, un poeta con una mirada limpia, «lejos de pirotecnias y artificios», vestida con galas de fiesta que hace que su poesía parezca estar escrita en domingo. Poesía cotidiana, en ocasiones tocando, en apariencia, temas menores que por el tratamiento poético de Antonio se convierten en mayores. Pienso, al leer la poesía de Antonio del Camino, en estas ideas de Shelley en su famoso A Defence of Poetry: «In a time of violence, the task of poetry is in some way to reconcile us to our world and to allow us a measure of tenderness and grace with which to exist…» (En tiempos de violencia, la tarea de la poesía es, de alguna manera, reconciliarnos con nuestro mundo y permitirnos una medida de ternura y gracia con que vivir…).

Una de las virtudes a destacar es el dominio que el poeta tiene del ritmo, de la música, de darle al poema espacio para que respire, que nos enseña su razón, la razón del poema; su corazón, el sentimiento del poema; los pies, las alas del poema. En pleno siglo XXI, donde hay quien se llama poeta y escribe poemarios y hace de la poesía burla, le retuerce el cuello, una vez más, y es incapaz de escribir un pareado, sentimos un gozo y una alegría al encontrarnos con un libro como Paso a paso, la vida, en el que no solo encontramos sentido del humor, dominio verbal, asombroso oído por parte del poeta, sino que también, y esta es otra de las grandes virtudes de Del Camino, hallamos tres sonetos impecables, una décima, cuatro malditos haikus o seguidillas, una silva a la manera de Campoamor, endecasílabos y heptasílabos de corte y hechura clásicos y un precioso y vibrante poema escrito en alejandrinos, de cinco versos las dos primeras estrofas y de cuatro las dos últimas, titulado «Mi ciudad», que aparte de que me trae el recuerdo de don Antonio Machado y que lo hubiera podido haber firmado uno de nuestros poetas del Siglo de Oro, me da la impresión de que no le haya podido caer bien a más de uno.

Paso a paso, la vida es un libro que derrocha honestidad, escrito como en voz baja, con humildad franciscana, que nos enseña la grandeza de la poesía bien hecha, del mundo, de la melancolía, de la muerte, del amor, de la familia: temas de siempre con una mirada clara, con otro tipo de barro, con distinta agua. Un libro imprescindible para los amantes de la poesía de siempre, de la que permanece, de la que deja herida la razón y ardiendo el corazón. Un libro que estuvo al cuidado de Luis Felipe Comendador, del que también es la discutible portada… Uno hace suyos poemas como «Técnicas de venta», «Casi un autorretrato», «Sesión de tarde» y «Daguerrotipos».

«A modo de poética», el primer poema del libro, es la llave que nos entrega el poeta para que traspasemos el umbral y que nos sirve de entrada y de declaración de principios. Le siguen dos secciones de veinticuatro poemas cada una: la primera «Apuntes cotidianos» y la segunda «Monedas de tiempo» y cierra el libro «Con el lector», un poema en el que nos deja su voz, el silencio del comienzo, su aliento, la razón y sus huellas. Terminamos el libro sabiendo que nosotros los lectores somos los que hacemos que la poesía cotidiana, luminosa, de apariencia humilde, rica en imágenes, en asombrosos encabalgamientos, rigurosas rimas, integridad, que el libro en su totalidad es un camino por el que pasamos dejándonos la vida paso a paso arropados con la magia de la buena poesía.

POR HILARIO BARREROPOR HILARIO BARRERO