Vídeo: Así es José Ramón Prado Bugallo, «Sito Miñanco» - ABC

Sito Miñanco, el narco que nunca quiso ser chivato

El capo más rico de España comió hace una semana un menú de 14 euros en Galicia

MadridActualizado:

El narco más rico de España (probablemente) comió la semana pasada un menú de 14 euros en un bar pontevedrés y fue detenido el lunes en un chalé de alquiler de Algeciras, grande pero no lujoso. «Es capaz de cerrar un local para una fiesta y pagar 6.000 euros, aunque irán todos en bañador y chanclas. De traje no lo vas a ver. Le encantan las prostitutas, aunque mejor si son baratas», resume uno de los policías que lo conoce bien.

Es una de sus caras: estar abajo estando en la cúspide; quedarse cerca –de la mercancía y de sus hombres– sin tener necesidad. Por ese motivo, pese a ser un obseso de la seguridad y gastar millones en dispositivos especiales, cae por los detalles: por reunirse en un bar con quien no le conviene o por acercarse a una playa donde se va a alijar. Los agentes de la Brigada Central de Estupefacientes, en plenas pesquisas, lo identificaron en una carretera gallega con Francisco Javier Pérez Rivas, un constructor y traficante de medio pelo de Barbanza. Se dirigían a un intento de descarga que no cuajó. Poco después apareció también por Marbella donde mantenía frecuentes reuniones de negocios.

Entre Algeciras y Galicia

Sus hombres se lamentaban de esas temeridades, de esos «fallos» cuando fueron detenidos el lunes, entre dientes y sin nombrar al jefe. «Nos sobraba el dinero, no tenía que dedicarse a esto, había ya mucha gente», le oyeron decir a Luis Enrique Arango, «Quique», su lugarteniente, colombiano duro y controlador que lleva toda la vida con el jefe y fue arrestado en su casa de Madrid.

«Es capaz de pagar 6.000 euros para una fiesta, aunque irán todos en bañador y chanclas. De traje no lo vas a ver. Le encantan las prostitutas, mejor si son baratas»

Para Sito Miñanco meter miles de cajetillas de Winston en la ría era un juego en los años ochenta y casi treinta años después, a sus 62, meter lanchas hasta arriba de cocaína, también. En Galicia todo el mundo murmuraba que la droga que entraba por la Costa da Morte era suya, de los Burros o de los Pasteleros. Él se sentía más seguro trabajando en dos frentes: vivía en Algeciras donde estaba cumpliendo la última parte de su condena en semilibertad, pero viajaba a su tierra para ultimar detalles de las partidas.

La fiabilidad del narco ha sido garantía de su éxito, lo que le ha permitido tratar de tú a tú con los carteles de Medellín, primero, y de Cali, después, incluso entre rejas. «Sito no necesita ajustar cuentas. Pierde un cargamento y lo suple con otro, le envían más mercancía y ya está», explican fuentes policiales. Su poder se ha ido extendiendo. Su objetivo era dirigir la gran multinacional de la cocaína, por eso se ha rodeado de los grandes traficantes y se ha aliado con grupos criminales búlgaros, turcos y holandeses. «Si la suya fuera una empresa legal, cotizaría en Bolsa y sería muy próspera», dicen los investigadores.

17 años en prisión

Y lo ilustran. «Mete a turcos en su negocio porque con eso nos cambia el paso. Mandan la droga en dobles fondos de un barco turco, nos descuadra». Su inteligencia es otro de los rasgos que destacan de él, la que le ha permitido mantenerse, además de rodearse de fieles de su absoluta confianza perfectos conocedores del negocio en una estructura jerarquizada en la que unos no conocen a otros. Sus hombres de Cambados se encargaban de la coordinación, la logística y el transporte; los de Madrid, bajo el mando de Arango, con españoles y colombianos en sus filas, se ocupaban de mover el dinero y la droga en vehículos, así como de recibir y mandar fondos a través de correos o mulas a Colombia.

«Una de sus caras es estar abajo estando en la cúspide: quedarse cerca –de la mercancía y de sus hombres– sin tener necesidad»

Y el tercer rasgo que destacan los que le han perseguido y se enorgullecen de su caída es su lealtad: «Nunca ha delatado a nadie. Se ha comido 17 años en prisión y hubiera podido reducir si hubiera colaborado. Es el único caso que conozco. Ni en esta condena ni antes», recuerdan los investigadores.

José Ramón Prado Bugallo, su verdadero nombre, que empezó como lanchero es multimillonario y desde siempre un «benefactor». Pasó de pagar obras de la iglesia y equipo de fútbol de su pueblo a tener comprada a media cárcel de Huelva o a sostener económicamente a viudas de hombres que habían trabajado con él. En 2011 se encontró una agenda en su celda con anotaciones de posibles sobornos que habrían pagado sus abogados. El director de la prisión fue destituido poco antes. «Todos los meses, desde sus inicios, gastaba millones de pesetas en pagar a mucha gente. Hay presos rumanos, marroquíes, húngaros, españoles, que le tienen como un dios. Les daba dinero a todos».

Entre sus contactos, sus sistemas de seguridad (encriptaban las comunicaciones incluso en las lanchas) y sus protectores no ha sido fácil culminar la operación Mito. Las cifras del servicio policial son mareantes: casi cinco toneladas de cocaína intervenida, 43 detenidos, de los que la mitad han ingresado en prisión; se han intervenido bienes e inmuebles por valor de 15 millones de euros, bloqueado 171 inmuebles, cinco barcos y 139 cuentas bancarias. Y la fiesta no ha hecho más que empezar porque la investigación patrimonial continúa. «Sito no tiene nada a su nombre. Su dinero está en Suramérica o enterrado en bidones, pero los negocios son suyos», explican fuentes de la investigación.

«Lo difícil en este caso y en todos los de los grandes narcos es relacionarlos con la droga. Los jefes no tienen una relación inmediata con la mercancía y sin droga no hay delito. Puedes probar el blanqueo pero no el tráfico», detalla el jefe de la Brigada Central de Estupefacientes que lleva media vida tras los pasos de Miñanco y de los grandes capos, y que ya lo había detenido en 2001. «Quique» Arango, la mano derecha del narco gallego, al verlo de nuevo el lunes le soltó: «Me alegro mucho de su ascenso». «Nos conocen a todos», afirma convencido. De hecho, les conocen tanto que «Quique» preguntó a los policías que lo arrestaron si Eloy estaba detrás de la operación. Se refería a Eloy Quirós, actual comisario general de Policía Judicial, el responsable de la investigación cuando él y su jefe cayeron en 2001 por intentar introducir 3.700 kilos de cocaína. En aquella ocasión, Miñanco le auguró a Quirós:«De esta te hacen comisario». Hacía un mes que ya lo era pero la información no había llegado al traficante. El lunes mientras sus hombres engrilletaban a Sito y lo trasladaban a Madrid, Quirós mostraba al Rey los éxitos de su Brigada: cincuenta años contra la droga. Medio siglo a la vanguardia de la investigación criminal.