«Ministro, a ver si en los Presupuestos aumenta la nómina de esta gente...»

Lucía, mujer de un agente del GRS, inesperada protagonista por teléfono de la visita de Zoido a la Policía y a la Guardia Civil en Gerona

LA JUNQUERA/SANT CLIMENTActualizado:

El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, había recibido toda esta semana llamadas de Lucía, sevillana y mujer de uno de los miembros del GRS de la Guardia Civil que actuaron el 1 de octubre, luego fueron expulsados del hotel en el que estaban alojados en Calella tras sufrir el acoso de parte de la población, y finalmente acogidos en el cuartel de Sant Climent, en Gerona. Estaba muy preocupada por la situación y no se sabe cómo se hizo con el teléfono móvil del titular del departamento, pero lo consiguió.

Cuando decidió viajar a esta provincia a visitar a los hombres y mujeres del Instituto Armado allí desplegados, el ministro quiso conocer al marido: «¿Cómo lo puedo encontrar, por quién pregunto?». La respuesta de Lucía fue inmediata: «Es muy fácil. Usted llega y pregunte por el Gordo, que pesa 130 kilos». Así lo hizo nada más llegar al acuartelamiento y en efecto lo localizó de inmediato en medio de las risas de todos. «Pues ahora voy a llamarla para que hables con ella, y voy a poner el manos libres al principio para que se oiga la conversación». Para entonces, «el Gordo», de envergadura imponente, ya presentía lo que se venía encima y los colores comenzaban a asomar en su rostro...

Lucía dio una lección de sentido común y de lo que supone para la Guardia Civil como para la Policía el apoyo de sus familias: «Te oyen todos», le advirtió Zoido. Y la mujer comenzó a hablar: «Que sepáis que no estáis solos, que España os quiere; vuestras familias, esposas e hijos estamos orgullosos de vosotros... ¡Viva la Guardia Civil y viva la Virgen del Pilar!», gritos respondidos de inmediato con fuerza por los compañeros de su marido, que luego rompieron a aplaudir...

«La que me has liado»

El clima emocional era intenso, pero aún le quedaba otra sorpresa. Porque Lucía continuó: «Ministro, primero España, pero luego en los Presupuestos Generales del Estado a ver si se aumenta la nómina de esta gente»... Y el aplauso, claro, fue aún mayor, también entre los jefes y oficiales de la Benemérita que son conscientes del agravio comparativo entre el sueldo de policías y guardias civiles y los de, por ejemplo, los Mossos d’Esquadra.

«El Gordo», emocionado, ya ni sabía a dónde mirar, entre las risas de todos; el ministro, rápido de reflejos, cambiaba de tercio: «Ya saben, son las cosas del directo», aunque sí recordó el compromiso del Gobierno para solucionar esa situación. «La que me has liado», decía mientras el agente a su esposa, ya en conversación privada a través del teléfono del ministro y en medio del jolgorio general.

Porque la Guardia Civil y la Policía han pasado y pasan por momentos duros, pero ayer se volvió a demostrar que el ánimo es bueno, que hay muchísimas ganas de trabajar -en cierta medida se sienten encerrados- y que los hombres y mujeres allí desplegados van a seguir con la misión encomendada hasta que esté cumplida: «Os traslado el apoyo de todo el Gobierno. Habéis actuado con proporcionalidad y racionalidad» les había dicho a la Policía antes en el hotel que ocupa en La Junquera, para que se superara el malestar por las palabras del día anterior del delegado del Gobierno, Enric Millo, ayer ausente en la visita. «No habéis venido a expedir el DNI, sino a que la ley también se cumpla en esta Comunidad», añadió el ministro.

Las anécdotas se sucedían. Especialmente emocionante fueron las palabras dirigidas por Zoido al también GRS de la Guardia Civil que salvó a un niño de dos años a punto de caerse de los hombros de su padre, quien no tuvo mejor ocurrencia que llevarlo a un lugar comprometido donde actuaban los agentes del Instituto Armado: «Usted me marcó el 1 de octubre, evitó que el niño se cayera de cabeza cuando el padre se agachó a coger una flor... Enhorabuena. Lo que espero que ese hombre tenga un día la dignidad de llamarle y darle las gracias».

«El niño de Calella»

El tercer momento de la jornada lo puso el guardia civil que respondió al asedio de los radicales en Calella cantando un fandango desde el balcón de su habitación «A las ganas de dar morcilla respondió usted con talento, arte y buen humor». Por supuesto, y a petición de Zoido y de todos sus compañeros, se arrancó a cantar: «Para el día que me pregunten a mí si el vino es para olvidar porque yo cajas bebí y me harté de llorar acordándote de tí». Aplausos y el «bautizo» para siempre de un compañero coñón: «El niño de Calella». Por supuesto, más las risas.

Los mensajes más institucionales los había dejado para su visita a la Policía en su hotel de la Junquera, por cierto de un nombre que parece escogido adrede para esta misión. Pero no; los agentes que participan en el dispositivo de la frontera se alojan siempre allí y su dueño, Abel, explicó al ministro que para los trabajadores y para él «los agentes son de nuestra familia».

Zoido les dijo a todos, formados en el comedor, que «estamos orgullosos de vuestro trabajo, de lo que hacéis, porque solo vosotros podéis hacerlo». Y les pidió, casi les rogó, que se cuidaran «mucho, sois imprescindibles. No caigáis en la provocación. Sois muy jóvenes y os queda mucho por delante».