La Policía, entre abrazos y ánimos: «Este ha sido el mejor servicio de mi vida»

Miles de personas se acercaron a besar y animar a los emocionados agentes

MadridActualizado:

«Nunca en treinta y cinco años que llevo en el Cuerpo he vivido esto. Es tan emocionante y tan increíble después de los días que hemos pasado». Arremangado, sudoroso ya porque no es fácil mantener en su sitio el cordón de plástico que impide el paso, un agente veterano de la Comisaría General de Seguridad Ciudadana, llegado desde Madrid, mira al frente, a las miles de personas que se arremolinan y cantan, y entorna los ojos como si soñara. A su lado, otro compañero no para de sonreír, de repartir besos y abrazos, de hacerse fotos con todo el que se lo pide, y son decenas. Parece el relaciones públicas de los policías que custodian uno de los laterales de la Jefatura Superior de Policía de Barcelona, en plena Vía Layetana. Les llevan flores y banderas para que las coloquen en el furgón.

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«Sois nuestra policía. Os queremos. Gracias por lo que estáis aguantando», le dice una pareja sevillana a dos de los agentes. Apenas se oye porque atronan los vivas, los cánticos y los gritos -a empujones- de ánimo. Lo que se vivió ayer a las puertas de ese majestuoso edificio policial tiene pocos parangones. El propio Director Adjunto Operativo (DAO), Florentino Villabona, cuadrado en la puerta principal, al paso de la cabecera de la manifestación y en varios momentos más de la mañana, admite que jamás ha visto tal despliegue de cariño generalizado. Tal vez tras el 11-M hubo momentos equiparables, pero no con la intensidad y el apego que se respiraba ayer.

Estrujados de cariño

Ningún agente consultado recuerda por ejemplo otro momento inédito: Villabona, junto al jefe superior de Cataluña, Sebastián Trapote, se asomó al imponente balcón de la comisaría y ambos saludaron y recibieron los vivas y los aplausos de una multitud que agitaba banderas con fervor. Fue un momento de «ardor guerrero» que asomó lágrimas contenidas a los ojos de algunos hombretones con el corazón también musculado.

«Este ha sido el mejor servicio de mi vida. Es un premio. Las hemos pasado canutas, pero esto te compensa», reconoce un «uipero», sin poder ocultar la sonrisa. A una compañera suya, uniformada como el resto, la estruja un cincuentón vestido con la bandera de España, que trabaja en un catering. Se acerca Manuel, panadero de Manresa. «A sus órdenes. Yo les he ofrecido pan gratis a sus compañeros de la Guardia Civil, allí. Les debemos todo. Ahora cuenten con los catalanes».

No debe de tener más de 25 años el chaval que se aproxima y entrega la «senyera» al policía que regala abrazos. Es otro momento para guardar en la retina cuando la coloca en el furgón y de nuevo estallan los aplausos y el «yo soy español» o «visca Cataluña». Tan lejos tan cerca como han estado estos días y tan fácil que parecía ayer romper ese antagonismo maldito. Algunos policías ponen cara de circunstancias cuando decenas de manifestantes corean «Los Mossos, a prisión» o «Que se vayan, que se vayan de aquí y vuelva la Guardia Civil».

Varios mossos de ARRO custodian el flanco izquierdo de la Jefatura de Policía, entremezclados con sus compañeros de azul. Es sorprendente percibir el nivel de división al que han llegado. Una pareja permanece encerrada en el furgón mientras otros dos agentes se intercambian insignias con los miembros de la UPR de Torremolinos que están de servicio ahí. Hay risas, bromas, una foto juntos y una gran tristeza: «Todos somos policías. Para mí el uniforme es lo primero», dice un mosso. El policía nacional asiente. «Nosotros no tenemos problema. Eso es cosa de los jefes». A las tres de la tarde toca relevo. Demasiadas emociones en una mañana. La gente no se mueve; no quiere dejar sola a su Policía. «Esa es mi bandera y tengo que vivir como me insultan», nos susurra un mosso con pesar al ver agitarse la rojigualda. «Pero es lo que merecemos».

La Guardia Civil vivió ayer idéntico idilio a las puertas de su cuartel en Travesera de Gracia. Miles de gargantas desgañitadas de cariño y de admiración. «No estáis solos». «Viva la Policía y la Guardia Civil», así juntas, como tantas veces.