Desafío secesionista

El arriesgado flirteo de Colau y Podemos con un independentismo que no les renta

Los afines a la secesión son clara minoría en el electorado de Podemos y de sus marcas catalanas

La alcaldesa Colau, entre el líder de Podemos, Pablo Iglesias, y el portavoz de En Comú Podem, Xavier Doménech - Efe/ VÍDEO: ATLAS
Roberto Pérez Madrid - Actualizado: Guardado en: España

El flirteo con los independentistas en el que ha entrado la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, es una operación políticamente arriesgada en una capital en la que la mayoría de los ciudadanos rechazan la independencia de Cataluña y en una región en la que los secesionistas también son minoría en el electorado que nutre a las marcas territoriales de Podemos. Colau aseguró, aprovechando la celebración de la Diada, que hará todo lo posible para que se pueda llevar a cabo en Barcelona el referéndum ilegal del 1 de octubre.

Así lo vienen confirmando las encuestas y así lo revelan incluso los propios sondeos oficiales de la Generalitat. En el más reciente, del pasado verano, un 41,6% de los barceloneses se manifestaban proclives a una Cataluña independente, frente a un 50,2% que rechazan de plano la secesión y un 8,2% que prefirieron no dar un sí o un no y optaron por ell «no sabe» o «no contesta». Y, además, la tendencia de los sondeos oficiales de la Generalitat indica que, al igual que en el conjunto de Cataluña, en Barcelona capital el independentismo sociológico está en continuo retroceso desde hace un año.

El independentismo nunca ha sido una opción mayoritaria entre los barceloneses. Por ejemplo, cuando Colau llegó al poder el sentimiento secesionista entre el electorado barcelones ni siquiera pasaba del 37%. Al año siguiente repuntó, pero lleva un año en perdiendo adepto, a la par que el desafío independentista ha ido arreciando hasta consumar su rebelión contra el Estado. Al igual que ha ocurrido en el conjunto de Cataluña, el bloque de los partidarios de la secesión se ha adelgazado entre los barceloneses en un 11% en doce meses -entre la encuesta que hizo la Generalitat en el verano de 2016 y la realizada este último verano-.

Para Colau y la órbita de Podemos, pescar votos en ese caladero independentista resulta arriesgado, por partida doble -y para Podemos no solo en Cataluña sino en el conjunto de España-: primero, porque el secesionismo es minoría en el electorado catalán -y también en el barcelonés-; y, segundo, porque la mayoría de quienes votan a este partido y a sus marcas -también en Cataluña- son contrarios al independentismo.

La alternativa que Podemos lleva tiempo cultivando para flirtear con el independentismo a la par que intenta no molestar a su electorado mayoritario es el de mostrarse favorable al «derecho a decidir» (autodeterminación), pero diciendo que prefieren que Cataluña siga estando dentro de España y, al mismo tiempo, intentando marcar distancias competitivas con Junts pel Sí y la CUP. Ese equilibrio, sin embargo, resulta cada vez más complicado ante el golpe secesionista consumado en el Parlamento catalán y rematado por la Generalitat.

Según los sondeos oficiales de la Generalitat, solo son afines al independentismo el 30% de quienes votaron en las elecciones catalanas a la coalición Catalunya Sí que es Pot, la formada por Podemos junto a Iniciativa per Catalunya Verds (ICV), Esquerra Unida i Alternativa (EUiA) y Equo. Y algo similar ocurre en la marca con la que Podemos concurre a las elecciones generales en suelo catalán, En Comú Podem, cuyo cabeza visible en el Congreso de los Diputados es Xavier Doménech.

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