Jorge Dezcallar
Jorge Dezcallar - ABC

Jorge Dezcallar: «En España no se hace en este momento política exterior»

«Cataluña absorbe muchas energías del Gobierno cuando España debería estar más presente en Europa»

MadridActualizado:

Con 72 años bien llevados, Jorge Dezcallar vuelca hoy en sus libros sus recuerdos de una intensa vida como diplomático, que le llevó a ocupar puestos como la Dirección General para África y Oriente Medio o la Dirección de Asuntos Políticos en el Ministerio de Asuntos Exteriores y a ser embajador en Marruecos, la Santa Sede y Estados Unidos, además del primer civil al frente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

Tras su libro «Vale la Pena», Dezcallar se asoma hoy a las librerías con «El anticuario de Teherán» (Ediciones Península), una obra plagada de anécdotas surgidas muchas veces en momentos claves para nuestra política exterior. «Son cosas que he vivido, algunas tristes, otras alegres y, a veces, hasta surrealistas», afirma, al tiempo que subraya que es también «un libro de amor por la profesión de diplomático». «Porque hay –dice con pesar-–una imagen muy extendida y absurda de los diplomáticos, de los cócteles, las cenas, etc, que yo creo que es la parte más pesada del trabajo, aunque sea necesaria, porque ahí es donde, a menudo contactas con gente que te puede ayudar a resolver un asunto».

Aunque considera que las cosas han cambiado mucho, sigue viendo necesaria la figura de los diplomáticos, que cree no deben limitarse a relacionarse con los ministerios de Asuntos Exteriores, sino también con los Parlamentos, con los medios de comunicación, con los empresarios. Y pone como ejemplo, con un punto de crítica, lo sucedido con la crisis en Cataluña: «Creo que los diplomáticos el Ministerio de Exteriores lo ha hecho muy bien para conseguir que ningún país apoye a los independentistas, pero ha faltado actuar sobre la opinión pública, que han manejado mejor los independentistas que el Gobierno, porque ellos son los que están haciendo política, y aquí se ha respondido con una respuesta meramente judicial, que es necesaria, pero que no puede ser la única. Hay que llegar a la calle».

Dezcallar considera que la crisis catalana está afectando a la posición de España en la esfera internacional. «Lo que sucede en Cataluña –asegura– está absorbiendo muchas energías del Gobierno y eso es malo, porque en este momento, los alemanes y los franceses empiezan ya a pensar en Europa, Italia está con sus problemas y el Reino Unido se marcha de la UE. Sería el momento de que España, como cuarta economía de la UE, estuviera ahí».

En cualquier caso, no oculta sus reproches a los dos últimos presidentes del Gobierno por lo que cree falta de interés en los asuntos internacionales. «Con Felipe González y con José María Aznar –dice– peleamos por encima de nuestro peso. Teníamos posiciones, interveníamos en los foros mundiales y en Europa. Cuando llegó Zapatero y, sobre todo con la crisis, el tema exterior fue perdiendo importancia. Venía de León y no tenía una visión internacional, a pesar de los esfuerzos de Moratinos. Y con Rajoy ha continuado la misma tónica. No están cómodos en el mundo internacional».

En su opinión, «para hacer política exterior hacen falta cuatro cosas: unas instituciones fuertes en el país, una economía sólida que lo respalde, una voluntad política y un saber a dónde quieres ir». «Y yo creo –sentencia– que, en este momento, no cumplimos ninguna de las cuatro».

Estima Dezcallar que «el mundo se está haciendo más incómodo», y que los Estados no son capaces ya atender, como antes, las necesidades de sus ciudadanos, de controlar sus fronteras, la información, la moneda, etc. «Eso produce desafección y también la crisis de los partidos tradicionales, y la gente se refugia en los populismos contra el sistema o en el nacionalismo, que son dos caras de la misma moneda». «Si, además –agrega– tenemos a un señor que se llama Trump, que acelera este paso del mundo multilateral a uno multipolar, de un mundo que funciona sobre la base de la economía de la democracia liberal y de Estados Unidos como retaguardia de la seguridad a un mundo de focos de poder diferentes, en tensión permanente, con proteccionismo, con guerras comerciales, entonces viene un mundo incierto y eso produce miedo, porque la gente ve que su situación económica se deteriora y crecen las desigualdades, ya que la globalización crea focos de bienestar, pero también focos de pobreza».

Quien fuera embajador en Rabat y conoce bien Marruecos recuerda que Felipe González le dijo un día algo que considera muy inteligente: que Estados Unidos es la Embajada más importante que tiene España, pero Marruecos es la más sensible. Considera que Mohamed VI supo adelantarse a la Primavera Árabe, introduciendo reformas de la Constitución y de la Mudawana (el estatuto de la mujer). «Yo veo un cambio –asegura–. Me parece que la gente habla con más libertad que antes y de más cosas. Y ves que ha mejorado algo el nivel de vida. Las cosas parecen que van a mejor, pero es un país frágil, y a nosotros eso nos preocupa». Recuerda que, hace años, algunos decían quen a España le interesaba que Marruecos esté distraído con otras cosas para que no nos plantee problemas, una idea que no comparte. «A nosotros nos interesa un Marruecos estable y desarrollado, porque si hay problemas en Marruecos nos vamos a enterar y pronto», afirma.

No echa de menos haber servido como diplomático en un país determinado -«quizás Portugal», admite finalmente-, y cuando se le pregunta por una figura que le haya impresionado cita, sin dudar, a Nelson Mandela. «Tenía una trayectoria, un altura moral y una capacidad de perdonar, de integrar, de buscar terrenos de entendimiento admirables. Y además, una elegancia innata«.