Curri Valenzuela - CHISPASSeguir

Así se cargaron UCD Curri Valenzuela

Un grupo parlamentario que no está dispuesto a obedecer órdenes de la dirección del Partido; unos «barones» que solo han sabido unirse para echar a su líder; un líder que después de ser defenestrado maquina la manera de volver a la primera fila política; un debate centrado en los personalismo y los egos de sus protagonistas y no en cuestiones ideológicas o de programa y unos cargos medios que, a la vista del caos, se dividen entre acercarse a la formación más a la derecha de la suya o a la que se sitúa a su izquierda. Demasiadas coincidencias entre la crisis que llevó a UCD a desaparecer hace 34 años y la que hoy vive el PSOE.

Los antecedentes con los que los dos partidos se han enfrentado a sus graves crisis son, como todo el mundo conoce, muy dispares: el PSOE se fundó hace 137 años, sobrevivió una guerra civil y cuatro décadas en la clandestinidad. Hoy tiene sedes y concejales en la mayor parte de los pueblos españoles de tamaño mediano y cerca de 200.000 militantes. Entre el momento en el que Adolfo Suárez fundó UCD, inicialmente como una coalición de pequeños partidos, y su desaparición un año y medio después de que obligaran a dimitir a su fundador solo transcurrieron cuatro años. Era una formación compuesta por cuadros, sin bases.

Todavía no he olvidado el día en que, como joven reportera de Cambio 16, fui a su sede central en la calle madrileña de Cedaceros a preguntar cómo podía afiliarme a la UCD. No tenían un impreso para rellenar porque no estaba previsto que tal cosa ocurriera, me dijo el hombre que me atendió. El artículo me quedó muy vistoso. Y aún recuerdo el lamento privado de Suárez la noche en que el CDS en el que había tratado de pervivir se llevó un varapalo en unas elecciones europeas que le llevaron a retirarse definitivamente de la política unos días después. «He hecho muchas cosas por España pero no me ocupé de crear un partido».

Quizás por eso la desaparición de UCD fue mucho más súbita que la lenta agonía que están viviendo los socialistas. Los 168 diputados centristas de 1979 se quedaron en 11 tres años después, mientras que el PSOE ha ido desangrándose poco a poco aunque, eso sí, a ritmo acelerado desde que cayó en manos de Pedro Sánchez. Pero a pesar de tantas diferencias, el paralelismo se hace inevitable. Las conspiraciones de los «barones» para derrocar a Suárez, las peleas entre ellos, el hartazgo de los poderes fácticos con un líder que se estaba distanciando de quienes le apoyaron para ocupar su puesto, las críticas unánimes en los medios de comunicación se parecen demasiado. Muchos de quienes vivimos aquello nos preguntamos ahora si sus finales no irán a ser los mismos.

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