ELECCIONES EN GALICIA 2016

El PSdeG afronta una campaña triste y poco movilizadora

La división interna socialista planea sobre la proyección de mensaje y candidato

Xoaquín Fernández Leiceaga durante un paseo por las calles de Santiago
Xoaquín Fernández Leiceaga durante un paseo por las calles de Santiago - Miguel Muñiz
MARCOS SUEIRO - @abcengalicia Santiago - Actualizado: Guardado en:

Los socialistas están de gira. Se presentan ante los gallegos para pedirles su confianza, pero lo hacen mermados de fuerzas. La fuerte división interna, multiplicada tras la celebración de las elecciones primarias, dejó el partido troceado y con unas expectativas electorales inciertas. Un bando sobre el otro creó una plataforma que ha impuesto el silencio y ha hecho de las listas un ticket de afines al candidato a la presidencia y a la dirección gestora. Solo la campaña ha templado los ánimos y silenciado las diferencias que durante semanas recogieron los periódicos.

Xoaquín Fernández Leiceaga se presenta como un «hombre sensato» y se hace acompañar de una renovación impuesta. Todavía es poco conocido y hace méritos para que los ciudadanos que acuden a los actos del partido le conozcan. Las sensaciones que trasmite son buenas y sus palabras no alertan: «Somos el cambio tranquilo, sensato, moderado», pero le escuchan pocos.

La media de asistentes a los actos electorales no supera el centenar. En la localidad de Burela sólo escucharon al candidato 40 personas; en Santiago tuvieron que cerrar el escenario del cine Capitol para evitar la sensación de vacío en torno a Pedro Sánchez; y en Vigo, la dirección federal movilizó a los militantes a través del teléfono. Resultó también llamativo que el alcalde de la ciudad, Abel Caballero, no hiciese ninguna referencia a las cualidades del aspirante a la presidencia y se centrase en defender la gestión municipal.

La oficialidad de la campaña se defiende: «Pocos medios de comunicación para hacer llegar nuestro mensaje, mucho voto oculto...». Pero ni una sola referencia a la crisis interna que amenaza la hegemonía del PSdeG en el seno de la izquierda. La sensación de inseguridad también la trasmiten los candidatos díscolos. Algunos de ellos no dudan en manifestar a los periodistas su incomodidad y aislamiento. Y nadie cede. Ayer en O Barco, la cabeza de lista Noela Blanco invitó a los valdeorreses a asistir hoy a un encuentro en el casco vello orensano, pero lo hizo en nombre de la agrupación local de la capital de As Burgas y evitó citar al número dos de la lista y secretario provincia, Raúl Fernández.

En la campaña socialista también destacan las ausencias. Solo visita de manera continua la Comunidad el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. No hay rastro de dirigentes federales o de los dirigentes autonómicos como la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. Y la explicación es inmediata: «Hacemos una campaña en clave gallega». Tirando de esta explicación tampoco hay razones para la ausencia en los actos electorales de los expresidentes Fernando González Laxe y Emilio Pérez Touriño.

La sensación de improvisación también alcanza a la organización de la movilización. Declaraciones cruzadas y filtraciones sesgadas sobre el «equipo del cambio» provocaron que un elemento dinamizador y de cohesión se pusiese a funcionar con un responsable improvisado y sin ninguna explicación añadida.

Leiceaga se encuentra con el reto de buscar hueco al mensaje. Se afana en presentarse como «la garantía del cambio», pero lo somete a la condición del pacto con los populismos y el nacionalismo. Hace auténticos equilibrios para no incurrir en contradicciones. Cuando se dio a conocer la petición del fiscal contra el expresidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, declinó hacer declaraciones sobre el asunto y se dedicó a bromear con el diccionario de la corrupción del PP. Todo parece que sale al revés.

Leiceaga espera vencer a las encuestas y a los escépticos de su partido. Solo hay que esperar a que los gallegos decidan cómo se resuelve el enigma de su futuro gobierno.

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