La segunda fase de la negociación para formar Gobierno podría durar varias semanas
La segunda fase de la negociación para formar Gobierno podría durar varias semanas - EFE

La locomotora europea no encuentra maquinista

Las patronales germanas alertan sobre las oportunidades que el país está perdiendo por el marasmo político

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Alemania cumple hoy 106 días sin Gobierno, una situación inédita tras la imposibilidad de crear una coalición en mayoría: «Vivimos en unos tiempos que nos enfrentan constantemente con lo inesperado. Eso nos provoca inseguridad», afirmó en su discurso navideño el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier quien pidió «confianza en el Estado». De vuelta de vacaciones en Suiza, Merkel se niega a gobernar en minoría o repetir elecciones por lo que hoy –y hasta el sábado– se inician las negociaciones entre los conservadores de la CSU y CDU con los socialdemócratas del SPD. La parálisis ha tenido, sin embargo, consecuencias y en las patronales germanas ya saltan las alarmas. También Europa espera un maquinista para su locomotora. En un momento clave para el proyecto del euro, con el Brexit materializándose y la política monetaria a punto de cambiar de rumbo, el marasmo político en Berlín deja un vacío en el timón comunitario y se convierte en un foco de incertidumbre en el intento del eje francoalemán de profundizar en la gobernanza económica europea. Más Europa no parece fácil sin un Gobierno fuete en Alemania.

Los empresarios gemanos instan a Berlín a apresurarse: las decisiones internacionales no esperan «a que nuestra política vuelva al trabajo» comenta el presidente de la federación de empleadores (BDA) Ingo Kramer. También Hans Peter Wollseifer (Handwerkskammer) opina que «para las empresas, este estancamiento prolonga la incertidumbre». Los distintos sectores esperaban la continuación de un fuerte crecimiento para este año, crecimiento que con la parálisis ejecutiva de Berlín está siendo puesta en duda. Se está perdiendo la participación alemana en importantes decisiones advierten las asociaciones.

Hay presiones para que el SPD acceda a la gran coalición

Según el presidente de la Federación de la Industria alemana (BDI) Dieter Kempf: «No sabemos en qué dirección van los impuestos, las contribuciones a la Seguridad Social, la inversión en digitalización o en asuntos europeos: destino y ruta son desconocidos» indica Kempf en una encuesta anual de Reuters, recordando que tal y como dice Wollseifer, «las consecuencias negativas (del estancamiento político) se encuentran principalmente en las oportunidades perdidas». «Nuestra Alemania exportadora debe ser rápidamente impermeabilizada», insiste el jefe de la patronal industrial. Desde la federación de comercio exterior (BGA), su presidente Holger Bingmann asegura que «de hecho, la política lleva desde el verano negociando una coalición»: antes de las elecciones del 24 de septiembre se venía conversando entre los los conservadores (CDU/CSU), los liberales del FDP y los verdes, la que se llamaría coalición Jamaica –por los colores de cada partido– que fue abortada por la salida del FDP. Merkel se ha acercado ahora a los socialdemócratas del SPD para intentar reeditar el Gobierno saliente que perjudicó gravemente a este partido.

Steinmaier intentó tranquilizar a los ciudadanos en su discurso: «el Estado funciona» dijo, pero ésta es ya la ocasión en que más ha costado formar gobierno en Alemania desde 1949 y, si todo va bien, pasarán aún un par de meses hasta que haya un Ejecutivo con plenas facultades al frente de la primera economía europea –en marzo ha adelantado Merkel– y en una capital ineludible para tomar decisiones en la UE. La tercera reunión informal entre Merkel y el presidente de los socialdemócratas, Martin Schultz, se realizó, como estaba previsto, esta semana y hoy comienza la primera fase de negociaciones, los denominados «sondeos». En las conversaciones de la próxima semana, además de los contenidos, se estudiará la fórmula para dotar de un gobierno estable a Alemania. La cuestión que se debe dilucidar es si se firma una gran coalición como la de la legislatura pasada, como quiere Merkel, una opción previsible y estable, o si se busca una modalidad nueva –y más incierta– que permita más flexibilidad al SPD, que cree que ser socio minoritario de los conservadores le perjudica. Las presiones para que el SPD ceda y acceda a entrar en una nueva gran coalición son enormes: Schulz ha recibido llamadas tanto dee Emmanuel Macron como de Alexis Tsipras. No obstante, las reticencias de la dirección y las bases socialdemócratas a reeditar la gran coalición pueden llevar a que este delicado proceso descarrile.

El congreso federal que celebraron los socialdemócratas en diciembre dio permiso a la dirección, tras muchos titubeos, para abrir con el bloque de la canciller un diálogo «con final abierto». Tras la primera ronda de negociaciones, que acaba el sábado, los partidos deben sancionar lo aprobado en un congreso que se realizará en Bonn el 21 de enero e inaugurar así una segunda fase de negociaciones. Esta será más larga. Según la tradición dura varias semanas en las que se cristalizan los detalles del acuerdo, para terminar finalmente con un anuncio de nuevo Gobierno, probablemente a principios de marzo tal y como ha previsto la canciller.

Deuda germana

Teniendo en cuenta los nuevos planes presupuestarios federales y estatales de Alemania se está produciendo un hecho histórico en materia de deuda pública. Ahora se está reduciendo a un ritmo de 78 euros por segundo, la primera vez que ha mostrado una disminución de la deuda pública global del país en las últimas dos décadas. En 2009, tras la crisis financiera, la deuda alemana creció a un ritmo de más de 4.400 euros por segundo. Normalmente los países tienden a reducir la deuda pública en términos relativos al PIB, por lo que aunque se produce un aumento en términos absolutos, la variable PIB crece en mayor medida. Pero en esta ocasión la reducción de deuda hace referencia a una reducción en términos absolutos (y relativos por el crecimiento de la economía alemana). La reducción de la deuda es fruto de que el país germano lleva años saneando sus finanzas públicas. El Gobierno de Angela Merkel puede ponerse la medalla de que ha ejecutado un presupuesto equilibrado cada año desde 2014, con un crecimiento económico medio anual del 2,8%.