Economía

La inversión extranjera cae hasta junio un 62% en Cataluña y crece en Madrid

La suspensión de licencias hoteleras en Barcelona ha provocado inseguridad jurídica en Cataluña y una ruptura con el sector turístico, que teme por el empleo

Hotel Ohla Eixample, en Barcelona.
Hotel Ohla Eixample, en Barcelona. - Inés Baucells
Susana Alcelay Madrid - Actualizado: Guardado en:

Los inversores están colocando un semáforo en rojo en la carpeta que pone Barcelona y los ojos en otras ciudades españolas como Madrid. Los últimos datos conocidos revelan que Cataluña apenas consiguió atraer en el primer trimestre del año uno de cada seis euros de inversión extranjera en España. Coincidiendo con los tres primeros meses de mandato del nuevo presidente, Carles Puigdemont, solo llegó a esta comunidad autónoma el 15,5% del dinero foráneo invertido en todo el Estado. Hace un año ese porcentaje representaba casi el 30%.

Ahora, los datos sobre inversión hotelera a los que ha tenido acceso ABC han dado la puntilla porque suponen un nuevo mazazo para la economía catalana. La estadística de la Secretaría de Estado de Comercio refleja un claro desplome en el primer semestre de esas inversiones después de que el gobierno municipal que dirige la populista Ada Colau haya prorrogado otro año la moratoria turística de Barcelona, la ciudad con mayor atractivo para el inversor hotelero de España junto con Madrid.

Según los datos de Comercio, la inversión extranjera en hoteles y alojamientos ha disminuido un 61,63% en Cataluña en el primer semestre de 2016 respecto al mismo periodo del año anterior. Ha pasado de 34 a 13 millones de euros. Y de este desplome se han beneficiado otras regiones, especialmente Madrid. En la comunidad autónoma madrileña la inversión ha aumentado un 9,07% en un año, desde los 8 millones del primer semestre de 2015 a los 9 millones del mismo periodo de 2016.

De los datos de Comercio se desprende que Madrid lleva años siendo el destino predilecto de los inversores hoteleros. En 2013 había invertidos 584 millones de euros en hoteles y alojamientos turísticos en Cataluña, cifra que un año más tarde creció hasta los 634 millones, un 8,48% más. Una evolución positiva que se queda raquítica si se analizan los datos de Madrid en el mismo periodo.

En la comunidad autónoma madrileña había invertidos 450 millones en el sector hotelero en 2013, cifra que aumentó hasta los 990 millones un año después, lo que representa un incremento del 119,82%. Del total de inversión extranjera en hoteles y alojamientos turísticos que había en España a finales de 2014 (3.214 millones), Madrid acaparó más de 28%, frente al 19% de Cataluña.

La suspensión de las concesiones de licencias turísticas en Barcelona en julio de 2015 está en el origen de estos desplomes de inversión. En julio de ese año la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, paralizó la concesión de licencias durante un año como paso previo a la elaboración de un plan especial de regulación de alojamientos turísticos (hoteles, apartahoteles, apartamentos turísticos, pensiones, hostales, viviendas de uso turístico, residencias de estudiantes y albergues juveniles).

Con esta medida, Colau extiende a todos los tipos de alojamientos la moratoria que el anterior gobierno municipal, en manos de Xavier Trias, fijó sobre los apartamentos.

Preocupación empresarial

Las decisiones de la populista Ada Colau, además de afectar negativamente a toda Cataluña, han supuesto la ruptura con la industria turística, preocupada por cada una de las decisiones del equipo de Colau. Fuentes empresariales consultadas por este periódico insisten en el daño que estas decisiones están provocando en el empleo.

Explican que con políticas restrictivas como las adoptadas en Barcelona no se combate el paro, que restringir el turismo no lleva al turismo sostenible y que el crecimiento del sector no se puede parar. «El sector tiene que seguir creciendo y para ello la seguridad jurídica es fundamental; la inseguridad espanta a los inversores», apuntan esas fuentes.

Como adelantó ABC, en la actualidad existen gran cantidad de fondos procedentes del exterior a la espera de ser invertidos en ladrillo, algo más de 8.000 millones de euros. Estos inversores ponen en cuarentena el destino de su capital al encontrarse con operaciones paralizadas en las ciudades con más activos inmobiliarios por comprar, como Madrid y Barcelona.

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