Una gallina ponedora de huevos en una jaula - HELENA DE LA CASA HUERTAS | Vídeo: ¿Qué requisitos se deben cumplir para producir huevos ecológicos? (ABC)

Los huevos que te trae tu abuelo del pueblo no son ecológicos

Lidl ha dejado de vender huevos de gallinas criadas en jaulas y ha apostado por aquellas que viven en libertad; sin embargo, para conseguir esta certificación el producto debe cumplir una serie de requisitos que hacen que el negocio aún sea escaso en España

MADRIDActualizado:

Lejos de la popular creencia, de que los huevos que te traen los abuelos del pueblo son ecológicos, la realidad es totalmente distinta. Para considerarse como tal, deben cumplir una serie de requisitos que es lo que hace que el precio se incremente casi el doble a pesar de que los componentes nutricionales sean los mismos. Un debate en el que también entra en juego la ética y por el que se está cambiando las exigencias de las distribuidoras que están comenzando a dejar de vender los huevos criados por gallinas en jaulas. El primero de unirse a este movimiento ha sido Lidl.

En España, la cría de pollos en sistemas alternativos comenzó entre finales de los 80 y primeros de los 90 y desde entonces se ha incrementado exponencialmente, aunque las granjas dedicadas a esta producción siguen siendo escasas. Entre todas ellas suman solo 145 granjas, mientras que 322 corresponden a sistemas de producción campera, 201 de suelo y 525 en jaula, según Inprovo (Organización Interprofesional del Huevo y Sus Productos).

Este bajo número de negocios puede deberse a los procedimientos burocráticos a los que se enfrentan los ganaderos para conseguir el sello europeo que califique el producto como ecológico. Un logotipo en forma de una hoja verde con estrellas, que certifica que ha pasado todos los controles y que los hace diferenciarse de aquellos productos que pueden venderse como naturales y no lo son.

Requisitos para tener la etiqueta ecológica

No obstante, entre las condiciones que deben cumplir los huevos para tener esta ansiada imagen, tiene que añadirse la forma de crianza una serie de condiciones indispensables. En primer lugar, las granjas ecológicas se sitúan lejos de las urbes y deben estar a más de un kilómetro de la última vivienda de la localidad donde se establezcan. A lo que se une que para que el terreno sea apto, debe pasar más de tres años para que la tierra se reconvierta con el objetivo de eliminar los posibles productos químicos como insecticidas que hayan sido utilizados en el suelo.

En segundo lugar, en una producción ecológica, el Reglamento 598/2008, máxima legislación en la materia a nivel europeo, solo permite tener un máximo de 3.000 gallinas en cada nave, y no más de tres naves. Las aves deben estar libres por la explanada, pero para dormir y poner los huevos pueden refugiarse, cuyo espacio es de un metro cuadrado por cada cuatro animales.

Esta libertad no siempre es la esperada. El profesor titular de producción animal de la Universidad de Zaragoza, Ricardo Cepero Briz, perteneció al grupo técnico de diez especialistas que elaboraron la directiva europea y él mismo asegura que «no todas las gallinas salen a diario, aun teniendo parques perfectamente adaptados a la climatología en cada momento o en cada zona; de hecho, hay algunas que no salen en todo el año fuera».

Este acceso al aire libre es el que puede generar mayor confusión para diferenciar las gallinas ecológicas de la gallinas camperas. Por ello, Cepero da algunas claves para aclararlo: «La agricultura ecológica está catalogada como actividad artesanal a pequeña escala; la producción ecológica es una producción certificada y tiene unas limitaciones que carecen las camperas como que, en caso de que las aves enfermen, sus medicamentos deben basarse en medicina natural y homeopática».

En cuanto a su esperanza de vida, la mortalidad del animal en jaula es la mitad que las gallinas ecológicas y camperas, tienen más problemas de picaje y de amontonamientos, que en las jaulas no existen. Además, sufren los ataques de animales salvajes como los zorros y aves rapaces, y están más expuestas a enfermedades, reseña el experto.

Otro aspecto destacado es que las aves deben proceder de madres criadas también de forma natural, aunque lo más destacado de este tipo de crianza es la alimentación, basada en pienso sin transgénicos procedente de agricultura ecológica. En España, hay una baja producción de estos alimentos, lo que supone que la mayoría del pienso ecológico que se consume es importado. «Gran parte del maíz que se produce en el mundo es transgénico y la soja también, por eso un pienso ecológico de verdad tiene un costo de tres veces mayor que un pienso normal», señala el especialista.

La clave: el pienso

Eculat, una empresa situada en Albacete, es uno de los pocos negocios que trabajan con estas semillas. «El negocio cada vez va creciendo, la gente está demandado cada vez más estos huevos y los laboratorios ya están investigando cómo producir estos piensos de forma que haya mayor rendimiento y se pueda competir lo ecológico con lo industrial», explica el gerente, Manuel Lucas Atienza.

En este aspecto es, precisamente, donde radica el alto precio que debe pagar un consumidor por un huevo ecológico. «Creo que estamos pagando un precio justo por lo ecológico pues la mitad del gasto que tenemos es el pienso», expone Mercedes Archilla, responsable de la granja Ecogollos, en Cogollos Vega. Ella junto a su marido, Alfonso Carmona, trabajan cada día en su granja ecológica situada en uno de los montes del Parque Natural de Sierra de Huétor en Granada. Un lugar idílico en el que pasean libremente sus gallinas.

Ecogollos, granja de gallinas ecológicas
Ecogollos, granja de gallinas ecológicas-HELENA DE LA CASA HUERTAS

La pareja decidió en 2013 crear este entorno rústico para que todos los productos que consumieran procedieran de la propia naturaleza. Paneles solares, parras, olivos y otras especies vegetales se unen en este enclave que se completa con las gallinas ponedoras que les proporciona el estiércol. «Es una forma de vida», dice Carmona.

Las aves requieren de un periodo de adaptación ante la llegada a su «nuevo hogar». «Hay que enseñarlas para que sepan dónde deben poner los huevos», explica Archilla. «Cada lote nuevo deben estar dentro de la nave sin salir durante unos días y cuando la producción ya va por un 50%, es cuando ya empiezan a soltarlas. Así se acostumbran a poner siempre el huevo en la nave», continúa. Mientras este proceso se completa, los huevos son vendidos como convencionales.

Las zonas en las que viven las gallinas están valladas y rodeadas de hormigón para que ningún animal salvaje entre a comérselas. Sus mayores protectores son los cinco perros que salvaguardan la granja para impedir que ningún zorro se cuele en ella y ninguno de ellos puede salir más allá de estas instalaciones para que no padezcan enfermedades que puedan trasmitírselas a las aves. Por su parte, Archilla y Carmona también deben tener especial cuidado cada día que entran a recoger los huevos. El principal foco de infección que previenen es la suciedad que pueden trasladar en sus propias suelas de zapatos, por lo que cada vez que cambian de recintos las rocían con lejía.

Esta dedicación hace que la venta de sus huevos no sea a gran escala, a diferencia de las de gallinas en jaula, por lo que su mercado se reduce a pequeñas tiendas locales. Lo cierto es que los productos ecológicos se suelen encontrar generalmente en este tipo de locales de alimentación que venden casi en exclusiva productos cultivados de forma natural.

Un español ingiere unos 254 huevos al año

En cambio, las grandes superficies suelen esconderlos entre sus estanterías entre el resto de alimentos y solo llaman la atención por su elevado precio. Una docena de huevos envueltos en una caja de plástico, muy bien empaquetada, frente a otra cuya huevera de cartón no tiene tan buena presencia, puede valer el doble o casi el triple al tratarse de huevos ecológicos. Un alimento básico y del cual un español ingiere unos 254 huevos al año, según Inprovo.

¿Hay diferencias nutricionales?

De hecho, esta nueva orientación también lleva a preguntarse, si además de la cuestión moral los componentes nutricionales, varían en función de la crianza. Y, sorprendentemente, la respuesta es negativa: «La composición nutricional es la misma, lo que puede cambiar el sabor del huevo es por la alimentación de la gallina, no tanto por estar en jaulas o libres», señala el cardiólogo y presidente asesor del Instituto del Huevo, el Doctor Antonio Fuertes.

Por esta razón, es fácil que se cometan irregularidades a la hora de calificar el producto. Uno de los mayores fraudes tuvo lugar en 2013 en Alemania, cuando se descubrió que unas 200 empresas del país vendían con la etiqueta ecológica huevos que realmente eran convencionales. Un hecho del que son conscientes los propios consumidores y que les hacen dudar sobre si escoger un huevo ecológico o no. La frescura, tamaño y, por supuesto, precio, según Inprovo, son los factores determinantes en los españoles para decidir comprar un tipo de huevo u otro.

Nuevas exigencias de las distribuidoras

El movimiento por el bienestar animal, impulsado mayoritariamente por las organizaciones animalistas que pretenden terminar con el especismo (discriminación de los animales por considerarlos especies inferiores), ha llegado de este modo al sector avícola y como consecuencia a las exigencias de las distribuidoras.

En España, uno de las primeros en pronunciarse abiertamente fue El Corte Inglés el año pasado. El grupo comunicó un acuerdo de colaboración con la Asociación Nacional para la Defensa de los Animales (ANDA) en el que se comprometía a retirar este tipo de huevos en el 2030. Una transformación que está prevista para que las gallinas enjauladas se vayan sustituyendo de una forma progresiva hacia los criados en suelo, camperos y ecológicos.

2025 es el año propuesto por Carrefour para este cambio y una fecha fijada, que a su vez es parecida a la establecida por Nestlé, 2020, una de las mayores empresas de la industria alimentaria a nivel mundial. La compañía quiere dejar de fabricar comida con huevos y productos derivados que procedan de gallinas enjauladas apostar así por aquellas que pasean al aire libre.

Pero, finalmente ha sido Lidl la que ha querido poner punto y final a la venta desde este mismo año de estos huevos. La firma, que empezó con esta transformación en 2013, se ha adelantado en siete años al consenso del mercado en esta medida. A partir de ahora, en sus estanterías no se encontraran huevos de categoría 3, los correspondientes a gallinas enjauladas y solo comercializará en sus lineales con los que provienen de gallinas criadas libres de jaula como son en suelo (categoría 2), camperos (categoría 1) y ecológicos (categoría 0).

Esta creciente tendencia por lo ecológico ha hecho que las granjas de gran tamaño y las medianas con las que se identifican de forma general por la producción en jaula, se pasen a este sistema alternativo e, incluso, algunas incorporen nuevos tipos.

«Hay gente que no puede pagarse un huevo ecológico»

Un ejemplo es Huevos Redondo, situada en Ávila (conocida por ponerle música a sus aves para que no estén estresadas), han añadido la categoría de huevos «free range». «Es una gallina salvaje que vive en casitas de madera, y que además de comer pienso consumen, como antiguamente los abuelos, los sobrantes de la comida de la gente que trabaja aquí. Están en total libertad sin horario de luz artificial», cuenta uno de los socios de la granja, César Redondo. No obstante, a pesar de esta novedad, mantienen los cuatros sistemas recogidos por la legislación. «Tenemos de todo porque el mercado demanda todo tipo de clase de huevo. Hay gente que no puede pagarse un huevo ecológico y si de jaula», señala.

Por su parte, Huevos Garrido, unas de las líderes en el sector avícola de Andalucía, nació en los años 70 con un claro objetivo: la producción convencional. Pero, en los últimos meses, han incorporado una nueva línea de huevos ecológicos en Almería. Aún así, como en el anterior caso, su negocio sigue basándose en el sistema tradicional y los cambios vienen marcados por el movimiento en el que se empiecen a dejar de vender huevos de gallinas criadas en jaulas. Una imposición que para este gremio se está convirtiendo en un problema creciente: «Nosotros servimos a Aldi y para 2020 nos han exigido que nuestras gallinas sean de suelo, en 2010 cambiamos todas las jaulas y las estamos amortizando todavía. Encima ahora nos metemos en otra inversión, es una ruina», declara Garrido.

En cualquier caso, la realidad es que, actualmente, en España el 93% de las gallinas ponedoras viven en jaulas, un 2,3% en suelo, un 3,3% son camperas y apenas un 1,4% producen huevos ecológicos, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Así que el transvase va a ser poco a poco y va a estar determinado por la demanda de los consumidores y distribuidores.