El ministro de Economía, Luis de Guindos, ayer en el Congreso de Directivos de CEDE - Juan Carlos Soler

España crecerá más del 3,1% este año tras la caída de la tensión política en Cataluña

La banca recupera ya casi todos los depósitos de empresas que salieron de la región tras el 1-O

MADRIDActualizado:

Como un calmante pasajero en medio de una aguda recaída, la convocatoria de elecciones autonómicas en Cataluña por parte del Gobierno ha ayudado a calmar las aguas ante inversores y empresas, que temían una independencia ilegal, lo que ha servido para disipar el empeoramiento de las perspectivas económicas por el desafío secesionista. La salida de empresas de la comunidad autónoma no se ha frenado, pero sí se ha atenuado. Los organismos continúan advirtiendo que la incertidumbre política pasará factura a la economía, pero frente a lo que auguraban a mediados de octubre, ahora ven más probable que se sucedan escenarios menos pesimistas. Hasta el Gobierno ha virado en su discurso: hace un mes alertaba de que la región se dirigía a la «recesión» y empeoró las previsiones de crecimiento de España, pero ahora alaba las bondades de los últimos indicadores.

En definitiva, el aplazamiento de la solución del desafío secesionista hasta las elecciones del 21 de diciembre encarrilan la economía de cara a este año, lo que empujará a que el PIB crezca por encima del 3,1% que prevé el Gobierno para 2017. Así, lo aseguró ayer el ministro de Economía, Luis de Guindos, en Alicante: España crecerá por encima de las estimaciones oficiales pese a la «profunda desaceleración» que, en sus palabras, aqueja Cataluña en el cuarto trimestre, un fenómeno que cree que aún no afecta al resto de España. En todo caso, advirtió que «las peores crisis económicas son las que tienen un origen político».

La menor tensión se refleja en las salidas de empresas. A mediados de octubre se alcanzo el máximo: entonces llegaron a abandonar la región más de 200 empresas en un día. Desde el 27 de octubre, día en el que el presidente Mariano Rajoy, convocó elecciones anticipadas, el número de compañías que mudan su sede social fuera de la región no ha pasado de cien en un día. El pasado lunes se fueron 34 empresas más, según los últimos datos del Colegio de Registradores, lo que suma un total de 2.655 empresas.

La aplicación del artículo 155 también ha servido para calmar los ánimos de los ahorradores. El referendo ilegal del 1-O provocó una fuga masiva de depósitos bancarios de Cataluña hacia otras autonomías; se estima que en menos de una semana las entidades vieron fugarse en torno a unos 12.000 millones de euros, con Caixabank y el Sabadell como entidades más afectadas. Pues bien, desde que esos bancos movieron su sede social y fiscal fuera de esa comunidad y tras la intervención del Gobierno central, las entidades de origen catalán han recuperado ya prácticamente todos los depósitos de empresas y clientes institucionales, según fuentes financieras consultadas por ABC.

Por su parte, los clientes particulares, según explican, también están retornando sus ahorros, aunque de forma más lenta y muchos no lo harán, por lo que la recuperación del saldo que se perdió en la semana más tensa del desafío secesionista aún tardará en completarse. En todo caso, desde las entidades admiten que los bancos en Cataluña están ya creciendo en depósitos en términos netos, lo que indica que hay más entradas que salidas.

Cuarto trimestre

Estos datos están siendo cotejados por las principales casas de análisis y organismos. El Banco de España cifró hace un mes en entre 0,3 y 2,5 puntos el impacto negativo en el PIB de la crisis catalana entre 2017 y 2019. No obstante, el director general de Economía de la institución, Pablo Hernández de Cos, advirtió ayer que los últimos indicadores dibujan un efecto más cercano al escenario más benigno proyectado.

La incertidumbre política ante acontecimientos que elevan la inseguridad jurídica, como una hipotética DUI, se transmiten a la economía a través de una parálisis en decisiones de inversión o de consumo de bienes duraderos, así como en un deterioro de las condiciones de financiación ante los mercados. El posible deterioro del escenario político catalán, y su posible contagio ya en el cuarto trimestre de este año, era el gran escollo para que la economía creciera al 3,1%.

«No hay indicadores de la economía real aún que recojan este descenso de la tensión. Los que hay son de tipo financiero: la bajada de la prima de riesgo, capacidad de absorción de bonos de Tesoro público y la evolución de los índices bursátiles. Lo que sí se ha visto es cierta contención. La fuga de empresas contribuyó a descartar la DUI: desde entonces, el mundo económico ya no se lo llegó a creer del todo. Después hubo otra vez cierta presión con semanas muy complicadas con la convocatoria o no de las elecciones por la Generalitat. La aplicación del 155 hizo que volvieran las aguas a su cauce», analiza Raymond Torres, director de coyuntura de Funcas. El propio Banco de España, al calibrar el efecto de la crisis catalana, ya advirtió que desde la aprobación del 155 habían mejorado los indicadores avanzados que recogían una menor tensión en los precios de los activos.

Los últimos datos publicados confirman el impulso de la economía, que creció un 0,8% en el tercer trimestre. Un impulso que la Autoridad Fiscal proyectó ayer que continuará en el 0,8% en el cuarto trimestre de 2017 e, incluso, el arranque de 2018. El crecimiento debería ralentizarse hasta el 0,5% para que España no crezca un 3,1% este año. Hasta la celebración del 1-O, la industria española facturó un 10,8% más que en septiembre de 2016 y recibió un 14,9% más de pedidos, corregidos efectos estacionales, publicó ayer el INE. De Guindos valoró estos datos y que los servicios repuntaron sus ventas hasta septiembre un 7,2%.

«Sin crisis independentista, la economía hubiera tenido un crecimiento en 2018 como el de 2017, cercano al 3% y la prima de riesgo estaría 30 puntos por debajo», lamentó ayer el ministro. Como fuere, frente a los 133 puntos en los que llegó a estar el 3 de octubre, la prima de riesgo ha bajado hasta los 113 de ayer. «Parece que se va a crecer más del 3,1%. Los inversores no temen como antes una declaración de independencia. El impacto en el PIB parece ahora que estará entre las dos y tres décimas. Pero como no se elimina del todo el riesgo de independencia, puede ocurrir como en Quebec: que la incertidumbre reste a Cataluña atractivo permanentemente, como hemos visto con la Agencia Europea del Medicamento», zanja Raymond Torres.