Real Madrid

Gareth Bale, evasión o victoria

El galés jugará ante el Atlético y la Juventus en medio del debate sobre su posible adiós; su futuro depende de su actitud y su rendimiento

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Cristiano es el ejemplo de «perfomance». El futuro en el Real Madrid se lo juegan los futbolistas en el campo. No hay fichajes realizados ni bajas decididas. El club ha lanzado un mensaje a la plantilla: el objetivo es ganar la Champions, ser segundos en la Liga y el porvenir y la titularidad son metas que se obtienen con rendimiento continuo. Son palabras que Bale debe analizar bien. Desconectado del espíritu ganador del equipo desde que soportó la suplencia frente al PSG en el Bernabéu, el galés ha mostrado su desanimo personal constantemente. Una depresión que confirmó en Turín al no disfrutar ni de un minuto de juego. Su gélido aplauso ante el gol de tijera de Cristiano, sentado, sin plasmar emoción, fue el último exponente de una actitud negativa que únicamente le perjudica a él.

El galés decide su futuro: desconectado del equipo por su suplencia, el cuerpo técnico le advierte que su titularidad depende de él; si rinde, puede ser decisivo en unas hipotéticas semifinales o en una final. El cambio depende de él

El cuerpo técnico intenta sacarle de la depresión anímica que siente y le advierte que su titularidad y su futuro dependen de su rendimiento y de su compromiso. Zidane evidencia con hechos que no hay posiciones fijas. Lucas, Asensio e Isco lo han disfrutado y lo han sufrido a la vez. El malagueño también expresó una actitud negativa en campo del Español, al tardar un minuto en marcharse del césped al ser sustituido. Aprendió que no debe comportarse así. Bale debería aprenderlo también. Ronaldo es un espejo en ese sentido: siempre rindió, aunque pidiera más dinero.

Admitir que no hay fijos

Zidane alineará a «Gareth» como titular frente al Atlético, un protagonismo que repetirá en la visita de la Juventus. El francés le concede la última oportunidad de salir de su marasmo y rendir con regularidad y pensar en el equipo. Todos reconocen, el jugador el primero, que las lesiones han cercenado su búsqueda eterna de la regularidad soñada.

Hizo un buen partido en Las Palmas, pero desde que vivió su pase la reserva ante el París Saint Germain en el Bernabéu, en beneficio de Isco, no ha cejado de expresar su estado en «off». Su desganada entrada al campo con el 1-1 reinante, cuando Pintus le exigía rapidez en el cambio, lo dijo todo sin hablar. Y el grandioso rendimiento ofrecido por Asensio y Lucas ante el conjunto liderado por Neymar, al salir en los últimos once minutos y provocar los dos últimos goles del 3-1, le dejaron todavía más en evidencia. Bale no aportó soluciones.

Asensio y Lucas se ganaron el puesto para el encuentro de vuelta en París y esa realidad acrecentó el distanciamiento de «Gareth» de la piña formada por el plantel tras el éxito ante el PSG, un salto adelante muy importante en una temporada complicada por culpa de las veintinueve lesiones sufridas, la última firmada por Nacho, que ya sabe lo que es romperse.

Bale continuó con su ausencia de «feeling» con el grupo en Turín. Ahora disfrutará de dos encuentros importantes para cambiar el chip anímico. El balón está en sus botas. Debe elegir entre jugar bien o continuar con su evasión a la espera de un traspaso en junio. De él depende, pues si rinde, puede ser decisivo en unas hipotéticas semifinales o en una final.

Sus números son aceptables: treinta partidos, catorce goles y cinco asistencias. El dilema de Bale, el que vivieron James y Morata, es que si no juega los partidos mediáticos se siente segundo plato. No le vale disputar cincuenta encuentros, quiere estar en las grandes citas siempre. Eso hay que ganárselo. Hay mucha competencia. Hay que admitirlo o marcharse. Tiene dos meses para cambiar.